La captura de Maduro: golpe para los regímenes de Cuba, Rusia, China e Irán y el retorno de Estados Unidos

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 ha producido, en apenas ocho meses, uno de los cambios geopolíticos más profundos ocurridos en América Latina desde el final de la Guerra Fría. Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron trasladados a Estados Unidos para enfrentar cargos federales, mientras Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina. La legalidad internacional de la operación estadounidense continúa siendo objeto de fuerte controversia; pero, independientemente de esa discusión, sus consecuencias estratégicas son ya visibles.
El resultado fundamental puede resumirse de la siguiente manera: Venezuela ha dejado de funcionar como el principal punto de apoyo político, económico y estratégico del régimen cubano, Rusia, China e Irán en el Caribe y Sudamérica y, simultáneamente, Estados Unidos ha recuperado una influencia sobre Caracas que no poseía desde hace más de dos décadas.
El régimen castrocomunista, el más perjudicado
Para el régimen cubano, la pérdida de Maduro ha sido especialmente grave porque la alianza cubano-venezolana no era solamente diplomática. Durante más de veinte años Venezuela proporcionó petróleo subsidiado a Cuba y recibió médicos y otros servicios cubanos, mientras militares cubanos tuvieron amplia participación en áreas sensibles de seguridad venezolana.
La propia Habana reconoció lo que durante años había negado: 32 miembros de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior de Cuba murieron durante la operación estadounidense del 3 de enero en Venezuela. Varios participaban en la protección del dictador Maduro.
La consecuencia económica fue todavía mayor. Venezuela había sido en 2025 el principal proveedor de petróleo de Cuba, con aproximadamente 26.500 barriles diarios, alrededor de un tercio de las necesidades cubanas. Los envíos venezolanos desaparecieron a finales de diciembre de 2025 y no se restablecieron después de la captura de Maduro.
Eso agravó los apagones, la escasez de combustible, las dificultades del transporte y el funcionamiento de los sistemas de agua y de numerosos servicios públicos ya bastante deteriorados. Una carga rusa de unos 700.000 barriles llegada a finales de marzo apenas equivalía, según estimaciones, a entre siete y diez días de consumo cubano bajo condiciones de racionamiento.
Por tanto, para La Habana la captura de Maduro representó simultáneamente la pérdida de un aliado político, de un proveedor energético crucial y de una plataforma desde la cual el régimen castrista ejercía considerable influencia en la región.
Rusia: pérdida estratégica y daño al prestigio
Para Vladimir Putin, Venezuela era mucho más que un socio comercial. Era la posibilidad de mantener un aliado militar y político en un área de influencia de Estados Unidos.
Moscú suministró durante años armas, aviones, helicópteros y sistemas antiaéreos a Caracas. Que de nada sirvieron a Maduro. Rusia utilizó además Venezuela como demostración de que podía proyectar influencia militar en el hemisferio occidental de manera comparable a como Washington mantiene alianzas cerca de Rusia.
La captura de Maduro dañó esa imagen. El Center for Strategic and International Studies (CSIS), concluyó que Rusia perdió “un puesto avanzado clave en las Américas” y que la facilidad con la que las fuerzas estadounidenses neutralizaron las defensas venezolanas también perjudicó la reputación del material militar ruso. El conflicto de Ucrania, además, ha reducido considerablemente la capacidad de Moscú para sostener aliados distantes.
El contraste fue especialmente incómodo para el Kremlin: Maduro había pedido mayor asistencia militar rusa durante los meses anteriores a su captura, pero Moscú no consiguió impedir la operación estadounidense.
Eso no significa que Rusia haya desaparecido de América Latina. Mantiene relaciones importantes con Cuba, Nicaragua y en menor medida con otros gobiernos y continúa desarrollando operaciones diplomáticas, informativas y de seguridad. Pero Venezuela dejó de constituir la plataforma estratégica rusa que había sido bajo Chávez y Maduro.
China: pérdida económica y advertencia estratégica
El impacto para China es diferente, porque Beijing nunca mantuvo con Venezuela una relación tan ideológica como Cuba ni tan militarizada como Rusia.
China llegó a prestar más de 60.000 millones de dólares a Venezuela durante las últimas décadas, convirtiéndose en su mayor acreedor estatal. Gran parte de esos créditos se pagaban mediante petróleo. Durante los últimos años de Maduro, China se convirtió además en el principal destino del crudo venezolano.
En septiembre de 2025, por ejemplo, aproximadamente 84% de las exportaciones petroleras venezolanas terminaron en China, muchas mediante intermediarios utilizados para eludir sanciones estadounidenses.
Todo cambió después del 3 de enero. Washington permitió que China continuara comprando crudo venezolano, pero eliminó una de las principales ventajas que Beijing poseía: adquirir petróleo con grandes descuentos y utilizarlo en acuerdos vinculados a la deuda.
Funcionarios estadounidenses afirmaron en enero que Venezuela estaba obteniendo alrededor de 45 dólares por barril, frente a aproximadamente 31 dólares anteriormente. China podría continuar comprándolo, pero a precios internacionales mucho más cercanos a los del mercado.
Analistas describieron la captura de Maduro como un mensaje explícito de Washington a Beijing: Estados Unidos no está dispuesto a permitir que potencias extracontinentales conviertan Venezuela en una plataforma estratégica tan cercana a su territorio.
Existe además un componente simbólico importante. Horas antes de la captura, Maduro había recibido públicamente al enviado especial chino Qiu Xiaoqi. Beijing no consiguió proteger a uno de los gobiernos con el que mantenía una denominada asociación estratégica “a toda prueba”.
Para China, por consiguiente, Venezuela sigue siendo económicamente interesante, pero ha dejado de ser un socio situado fuera del alcance estadounidense.
Irán, Hezbollah y Hamás
También Irán sufrió una pérdida estratégica considerable. Durante los años de Maduro, Teherán desarrolló vínculos con Venezuela en petróleo, refinación, transporte aéreo, cooperación industrial y seguridad. Caracas proporcionaba además a Irán una presencia políticamente “amistosa” en el hemisferio occidental.
El secretario de Estado Marco Rubio declaró después de la captura que Venezuela ya no podía continuar acercándose a Irán y Hezbollah como antes. Analistas del Atlantic Council han descrito la pérdida de Maduro como un importante retroceso para la capacidad iraní de proyectar influencia en América Latina y cerca de Estados Unidos.
Washington ha exigido también poner fin a la presencia en Venezuela de funcionarios, asesores y redes relacionadas con Irán, Hezbollah, Rusia, China, Cuba y Corea del Norte.
Aquí es importante introducir una precisión: no existe hasta agosto de 2026 información pública suficientemente sólida que permita cuantificar cuántos miembros o colaboradores de estos actores extranjeros han abandonado Venezuela después de Maduro, ni mucho menos afirmar una cifra determinada.
Respecto a Hamás, la evidencia pública de una presencia operacional permanente dentro de Venezuela siempre ha sido considerablemente menor que la existente respecto de Hezbollah e Irán. Por ello sería incorrecto afirmar como hecho que una gran estructura de Hamás haya sido expulsada del país. Lo que sí puede afirmarse es que el giro de Caracas hacia Washington reduce profundamente el ambiente político favorable que poseían Irán y sus aliados durante el periodo de Maduro.
El ELN y las disidencias de las FARC
Este problema tampoco ha desaparecido. La Agencia de Asilo de la Unión Europea señaló en julio que el ELN continúa teniendo fuertes estructuras en territorio venezolano, particularmente en Zulia, Táchira, Apure y Amazonas. La organización cuenta aproximadamente con entre 6.000 y 8.000 combatientes y durante años utilizó Venezuela como retaguardia, corredor de narcotráfico y espacio para minería ilegal y extorsión.
Pero existe un cambio relevante: después de la captura de Maduro, miembros del ELN adoptaron un perfil más bajo y retrocedieron hacia áreas fronterizas, aparentemente por temor al nuevo escenario político y militar.
Algo parecido ocurrió con algunas disidencias de las antiguas FARC. Todavía mantienen presencia en Venezuela, especialmente la Segunda Marquetalia y diferentes estructuras en Apure, Amazonas y Zulia, pero algunas unidades también se replegaron después del 3 de enero.
No puede afirmarse todavía que Venezuela haya dejado de ser refugio de guerrillas colombianas. Sí puede afirmarse que la nueva relación entre Caracas y Washington ha aumentado considerablemente la incertidumbre y el riesgo para esos grupos.
En abril, Delcy Rodríguez y el entonces presidente colombiano Gustavo Petro acordaron mecanismos de intercambio de inteligencia para combatir narcotráfico, contrabando y criminalidad fronteriza, señal que hubiera resultado mucho menos probable bajo las condiciones anteriores. Aunque no fuese más que hipócrita proyección de ambos.
Estados Unidos: enormes beneficios estratégicos y económicos
Probablemente ningún país haya obtenido tantos beneficios geopolíticos inmediatos como Estados Unidos. Washington ha conseguido, al menos hasta ahora: debilitar la presencia cubana en Venezuela; reducir el espacio estratégico ruso; limitar la influencia política y energética china; alejar a Caracas de Irán; aumentar la presión sobre organizaciones armadas transnacionales; recuperar acceso privilegiado al petróleo venezolano; y transformar al gobierno de Caracas de adversario abierto en interlocutor estrechamente supervisado.
La relación entre Delcy Rodríguez y la administración Trump es notable. Aunque Rodríguez insiste públicamente en que Venezuela no ha cedido su soberanía, funcionarios estadounidenses y venezolanos reconocen una comunicación extremadamente estrecha. Según informaciones citadas por Time, Marco Rubio mantiene contacto prácticamente diario con Rodríguez y Washington participa de manera decisiva en el marco que regula los ingresos petroleros y las finanzas venezolanas.
En el petróleo, el cambio es espectacular
Chevron se está expandiendo nuevamente; compañías y refinerías estadounidenses como Valero y Phillips 66 han retomado compras; SLB acaba de obtener acceso para modernizar y digitalizar información de los campos petroleros venezolanos; y Shell, BP y otras multinacionales están regresando.
Vitol y Trafigura han transportado ya en 2026 más de 140 millones de barriles de crudo y combustibles venezolanos, buena parte destinada a Estados Unidos, Europa y otros mercados anteriormente casi cerrados.
El objetivo estadounidense contempla inversiones potenciales de aproximadamente 100.000 millones de dólares para reconstruir el sector energético venezolano.
¿Viven mejor los venezolanos? Existen mejoras importantes, pero Venezuela todavía está muy lejos de una recuperación económica y democrática completa.
La producción petrolera ha aumentado hasta alrededor de 1,2 millones de barriles diarios y se esperaba llegar aproximadamente a 1,37 millones hacia finales de año. Las exportaciones se están acercando a su capacidad actual máxima, aunque el deterioro de puertos, terminales y refinerías provoca enormes cuellos de botella.
El FMI proyectó en abril un crecimiento real del PIB venezolano de aproximadamente 4% para 2026. El ingreso mínimo mensual anunciado por Rodríguez subió en abril hasta 240 dólares, mientras las pensiones aumentaron a 70 dólares.
También se han producido excarcelaciones significativas de presos políticos. Desde enero han salido centenares de las cárceles. Human Rights Watch reconoció que constituyen un alivio importante.
Pero sería un grave error presentar a Venezuela como un país ya democratizado. El aparato represivo fundamental continúa existiendo. Siguen siendo necesarias reformas profundas del sistema judicial, electoral y de las leyes utilizadas para perseguir a opositores.
Tampoco se han celebrado todavía las elecciones presidenciales libres que solucionarían definitivamente la crisis de legitimidad. A principios de agosto un grupo bipartidista de senadores estadounidenses volvió a exigir precisamente elecciones libres, liberación de los presos restantes y participación política efectiva de la oposición.
En lo económico persiste un problema gigantesco: la inflación. En julio los precios aumentaron 19,9% solamente durante ese mes, mientras la inflación interanual alcanzó aproximadamente 580%. Por tanto, la recuperación petrolera todavía no se ha convertido en una mejora proporcional del nivel de vida de todos los venezolanos.
El balance después de ocho meses, según los datos de Reuters, AP, Human Rights Watch, CSIS, Atlantic Council, FMI y otras prestigiosas fuentes occidentales, es bastante consistente.
La captura de Nicolás Maduro produjo una derrota geopolítica severa para Cuba, Rusia e Irán y un importante retroceso para China en Venezuela. Para Estados Unidos ha significado una extraordinaria recuperación de influencia estratégica y económica en el Caribe y Sudamérica. Y aunque el Canal Telesur continúa con su línea anti Occidental y a favor de sus viejos aliados antidemocraticos, sigue disminuyendo el espacio de comodidad estratégica del que disfrutaban Putin, los Castro, los ayatollah’s y determinadas organizaciones terroristas en la patria de Bolivar.
Para Venezuela, sin embargo, el resultado es más complejo. El país tiene hoy más apertura petrolera, mayores inversiones, más relaciones económicas occidentales, centenares de presos políticos fuera de las prisiones y mejores perspectivas productivas que durante el aislamiento final de Maduro.
El 3 de enero modificó profundamente el equilibrio geopolítico de América Latina. Maduro cayó y Estados Unidos regresó al centro del tablero venezolano. Pero la verdadera medida del éxito histórico de ese cambio no será solamente cuánto petróleo produzca Venezuela ni cuánto retrocedan Rusia, China, Cuba o Irán. La obra no estará concluida mientras Venezuela no sea una nación democrática, institucionalmente estable, económicamente próspera y plenamente soberana.
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