La pelota regresará así a los estadios, a las tertulias, a los barrios y a esa conversación interminable que comienza con el primer lanzamiento y suele prolongarse mucho después del último out.
Será una temporada diferente, marcada por el regreso de las zonas Occidental y Oriental, con 44 juegos para cada conjunto, una fórmula concebida para reducir desplazamientos y consumo de combustible en medio de las estrecheces económicas que atraviesa el país.
Más que una modificación del calendario, el nuevo diseño representa el intento de mantener viva la principal competencia beisbolera de Cuba cuando cada viaje, cada ómnibus y cada jornada de juego exigen esfuerzos adicionales.
En ese escenario volverán a encontrarse rivalidades de larga memoria y otras que apenas comienzan a escribir sus primeros capítulos, mientras Matanzas defenderá la corona conquistada en la pasada Serie Nacional e Industriales llegará con el impulso de haberse proclamado campeón de la reciente Liga Élite.
El retorno de tres estrategas que conocen de cerca la exigencia del béisbol internacional añadirá otro ingrediente a la campaña, pues Alfonso Urquiola vuelve a conducir a Pinar del Río, Armando Jhonson dirigirá nuevamente a La Isla y Miguel Borroto asumirá las riendas de Camagüey.
También habrá espacio para los nombres que ya son parte de la memoria colectiva, encabezados por Frederich Cepeda, quien a sus 46 años afrontará otra campaña con Sancti Spíritus y continuará ensanchando una hoja estadística que lo sitúa entre los bateadores más prolíficos de la historia de las Series Nacionales.
Junto a él, veteranos como Yordanis Samón y Dennys Laza, entre otros, prolongarán carreras que parecen desafiar al calendario, mientras una nueva generación buscará convertir cada turno al bate, cada lanzamiento y cada oportunidad defensiva en el pasaporte hacia un lugar propio dentro de la pelota cubana.
No es secreto que la Serie Nacional ha perdido buena parte de la calidad y el esplendor que alguna vez la convirtieron en una de las ligas más respetadas del béisbol internacional, golpeada por la salida de jugadores, la irregularidad competitiva y las limitaciones materiales.
Pero tampoco es necesario que la pelota sea perfecta para seguir siendo querida, porque en Cuba el béisbol conserva una capacidad singular para convocar recuerdos, alimentar discusiones, despertar rivalidades y ofrecer a los aficionados un motivo para volver al estadio.
Y este domingo, mientras la tarde caliente y los terrenos recuperen su movimiento, comenzará una carrera que tendrá en Occidente los enfrentamientos Cienfuegos-Matanzas en el Victoria de Girón, Pinar del Río-Industriales en el Latinoamericano, La Isla-Artemisa en el 26 de Julio y Villa Clara-Mayabeque en el Nelson Fernández.
En Oriente, entretanto, Camagüey visitará a Sancti Spíritus en el José Antonio Huelga, Ciego de Ávila a Las Tunas en el Julio Antonio Mella, Granma a Holguín en el Calixto García y Guantánamo a Santiago de Cuba en el Guillermón Moncada.
Así comenzará otra historia, quizá menos luminosa que las de otros tiempos, pero igualmente capaz de dejar jornadas inolvidables, héroes inesperados y derrotas que durante meses alimentarán la discusión en las esquinas, porque mientras exista un terreno, un bate, una pelota y alguien dispuesto a mirar, Cuba seguirá jugando.

