Aún con los olores de su traje en la liga profesional italiana y con apenas dos salidas, José Isaías Grandales Rodríguez se ha colocado en las primeras posiciones del pitcheo en la versión 65 de la Serie Nacional de Béisbol.
La primera presentación fue en el estadio José Antonio Huelga frente a Ciego de Ávila en un partido que se fue sin decisión en cinco entradas, en las que no permitió carreras como abridor.
La segunda y más reciente la protagonizó ante Camagüey, en rol de relevo, ya que lanzó un juego sellado del día anterior y, en cinco y dos tercios, tampoco admitió anotaciones, para conseguir su primera victoria de la justa.
Sumadas las dos salidas, el derecho acumula 10 entradas y dos tercios sin permitir limpias y se ubica en el segundo lugar en el promedio de efectividad, detrás de su coequipero, el jovencito Leonardo Gallardo Betancourt, quien en tres partidos lanzados, con 12 innings y un tercio, tampoco ha permitido carreras.
Para Grandales ha sido como estirar un desempeño exitoso en la liga italiana, en la cual, con el Club Junior Alpina Baseball Softball, de la Serie A, ganó 11 juegos y, además de erigirse como el principal lanzador de su equipo, logró ubicarse entre los primeros en varios departamentos. De hecho, con su victoria reciente suma nueve sucesivas en la temporada 2026.
En tierras italianas se ubicó primero en entradas lanzadas con 149.1 y en bateadores enfrentados: 555, fue tercero en ponches propinados: 211, cuarto en el promedio de carreras limpias: 1.75, y noveno en average ofensivo contrario: 195. Así, ayudó a que su elenco cumpliera el objetivo de mantenerse en la Serie A para la próxima temporada al ocupar el quinto puesto en la tabla de posiciones.

Con tales antecedentes, Grandales se puso el traje espirituano, dispuesto a refrendar la etiqueta que lleva como lanzador cabecera de staff.
Desde su primera aparición enfrentó más de un contraste. De un frío casi gélido a un calor abrasante, de accionar solo fines de semana a un ritmo diario de temporada, de enfrentar bateadores desconocidos a lidiar con varios que ya conoce bien en su paso por cinco Series Nacionales.
Por eso, su primera aparición fue casi de adaptación: “Me sentí bastante bien, pero ya en el quinto inning estuve un poco cansado. Me pasé dos o tres semanas sin entrenar tras regresar de Italia y tomarme unos días de descanso, pero ya me incorporé a mi equipo a hacer mi trabajo como abridor y ahora me enfoco en prepararme poco a poco para tomar mi ritmo”.
De Italia trajo el muchacho no solo números estupendos, sino también libras de más: “Tuve mucho descanso porque jugábamos fines de semana y teníamos toda la semana para entrenar y descansar en la casa”.
Sobre qué tan diferentes eran los bateadores italianos, considera que “tienen la misma calidad aquí y allá. Sí puedo decirte que son muy agresivos al bate. Le dan muy bien a la recta”.
Pero Grandales debió enderezar el camino. Sus primeras salidas terminaron en derrota, dos de las cuatro que acumuló en la temporada. Sin embargo, la respuesta fue rápida. Confiesa que, más que cambiar la mecánica de pitcheo, “lo que cambié fue la mentalidad. Utilicé el cambio, el slider, empecé a ponchar y tuve más decisión. Cambié la perspectiva que llevaba, pensando que era otra cosa, me salió mal las dos primeras salidas y fue entonces que el profesor Osmani me ayudó bastante llevándome los lanzamientos, preparándome y así pude tener los resultados que tuve allá en Italia”.
Se refiere a Osmani González, técnico espirituano, quien fungía como entrenador principal de pitcheo en su elenco. “Todo lo que hice fue gracias a él, tuvimos mucha química, mucha conexión, todo el tiempo decíamos que yo era como su hijo y él para mí, como un padre”.
De ese modo, siente que recompensó el “riesgo” del técnico espirituano, quien apostó por él en el contrato, por encima de otras sugerencias del propio club italiano: “Claro, Osmani fue quien habló para llevarme porque había muchos pitchers que le hablaron para ir para la liga. Tenía que hacer un buen papel y no permitir que su elección fuera en vano”.
En palabras de Osmani, lo que más pesó en Grandales fue “la disciplina y lo que planificamos en casa. Cambió su trabajo con la resistencia, que era deficiente. Fue entendiendo poco a poco qué le hacía falta, le hablé de la acumulación de ácido láctico en su organismo cada vez que lanzaba y era corriendo con lo que le iba a eliminar eso. Le hablé de la importancia de los abdominales, le mostré varios videos y él escogió la rutina que le gustó, trabaja bien las pesas, las pelotas medicinales y los dumbers”.
Y añade: “En ocasiones tiraba muchas rectas y cambios, se le incorporó más el slider como lanzamiento de cerrar al bateador y abrirlo por fuera. Ha estado estable sobre las 88-89 millas, aunque su pico de velocidad en junio fue de 93. Lo más importante es que cuando salía lo hacía ante un pitcher extranjero y el equipo subía el nivel cuando él lanzaba. Si no acumuló 14 victorias fue por las imprecisiones lógicas de un equipo joven, con deficiencias en la defensa”.
Grandales fue el lanzador que más entradas acumuló y eso habla a favor de su capacidad de trabajo. “En esa es como que no se miden los lanzamientos, tienes la posibilidad de pitchear hasta donde puedas, hasta que te canses. No era que no me cansara, sino que el clima es muy diferente”.
Y esto, lo del frío, transforma la perspectiva. “Tienes que calentar muy bien con el frío que hay. Si no, no puedes”.
En Italia, más que con el frío, debió lidiar también con el idioma: “Me fue matao. Gracias a Dios, había unos venezolanos allá que me ayudaron mucho en ese sentido”.
Pero ni el frío ni el idioma laceraron el entendimiento y la acogida que tuvo en el equipo: “Ellos depositaron mucha confianza en mí y no podía quedar mal. Se mostraron muy contentos con el resultado que tuve”.
No esperaba regresar con los números que trajo de su primera experiencia en el béisbol profesional. “Uno no se prepara para salir mal; pero, la verdad, esperé tener resultados más bien estables, no de la forma en que terminé”.
Justamente por esos saldos, Grandales despertó el interés no solo de su club y debe repetir su presencia en la liga italiana para la próxima temporada. Para entonces, piensa que su brazo le ayude a cumplir el compromiso con sus Gallos: “Haré todo lo que pueda por mi equipo y estoy seguro de que estaremos en la postemporada”.
