Javier Berridy define con humor a los «políticos de academia» a una semana de las elecciones en EE.UU.
El humorista cubano Javier Berridy publicó un nuevo sketch en el que retrata con sarcasmo el perfil del político perfecto: mentiroso compulsivo, hipócrita consumado, incumplidor de promesas y capaz de cambiar de partido según sople el viento.
El video, titulado «Cualquier parecido es coincidencia», llega pocos días antes de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos.
Berridy interpreta una entrevista de trabajo para el puesto de «político». El candidato responde sin pudor a cada pregunta del entrevistador: confiesa que dice «mentiras a las dos manos», asegura ser tan hipócrita que su suegra cree que él la quiere, y advierte que promete «cualquier cosa» para conseguir lo que busca, aunque luego olvide cada compromiso.
El momento más directo llega cuando le preguntan por su partido: «Hoy puedo ser demócrata y hablar horrores de los republicanos. Pero mañana se me pone la cosa mala y me vuelvo republicano y hablo mierda de los demócratas».
La respuesta sobre el dinero es igual de contundente: «Lo que se sabe no se pregunta». El veredicto del entrevistador cierra la pieza: «Usted es un político de academia».
El sketch acumula más de 183,000 visualizaciones y decenas de comentarios en Facebook, donde Berridy publica bajo el nombre «Javier Humor».
Las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre ponen en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 del Senado y 36 gobernaciones.
La sátira de Berridy sobre un político sin partido fijo conecta directamente con las tensiones que vive el electorado en estos días, dividido entre lealtades partidistas y descontento con ambos partidos en temas como la economía y la inmigración.
Berridy, que pertenece al antiguo grupo humorístico Punto y Coma, mantiene una producción constante de contenido político. A comienzos de octubre publicó un sketch sobre los supuestos «logros de la Revolución» cubana.
Con el nuevo sketch, el humorista vuelve a demostrar que su humor no distingue banderas: el «político de academia» que retrata podría sentarse en cualquier escaño, de cualquier partido, en cualquier país.
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