El tiempo tiene muchas mediciones: segundos, minutos, días, semanas, meses y años. Pero hoy vamos a quedarnos con las horas, esas que memorizamos al detalle cuando nos referimos al tiempo de apagón sufrido o a la demora para coger un transporte y arribar a nuestro destino. Las que contamos para que llegue el agua a los tanques o simplemente para el turno del banco y sacar dinero en efectivo.

Son precisamente horas bien duras las que estamos viviendo, que a ratos lleva a la irritación y hace perder la paciencia a muchos. Solo una convicción profunda de lo que está en juego si perdemos la sociedad construida en 67 años de Revolución y conocer la verdadera raíz de todos esos problemas nos hace resistir sin ceguera ni apasionamientos falsos.
Pero regresemos a las horas, esas que volverán a llenarse de denuncias, con ejemplos concretos de nuestra vida diaria, y se plasmarán en un documento que Cuba presentará a la Asamblea de Naciones Unidas como prueba irrefutable del bloqueo económico, financiero y energético que sufrimos y que será votado, una vez más, por los integrantes de ese organismo internacional.
En apenas unas horas también estaremos recordando al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, fallecido un 11 de septiembre hace 17 años. Su modestia y fidelidad no se desprenden de la historia patria, como tampoco su frase más guerrera en un momento crucial del combate de Alegría de Pío, aquel 5 de diciembre de 1956: .¡Aquí no se rinde nadie!.
Y si persistimos con la magnitud de tiempo escogida es porque no encontramos nada mejor para sortear esta cruda realidad (sin temor a llamarla así), que la comunicación efectiva todas las horas del día de entidades, organismos y personas que no pueden estar complacidas con su trabajo mientras existan obstáculos que vencer, explicaciones que dar y siembra de esperanza por doquier.

