Economía

Holguín produjo 9% del azúcar planificada en la zafra

Holguín cerró la pasada zafra con un resultado que retrata el derrumbe de la industria azucarera en Cuba: apenas produjo el 9% del azúcar previsto y molió solo el 38% de la caña planificada. El dato salió a flote en el XVIII Pleno del Comité Provincial del Partido, una cita donde el régimen volvió a exhibir diagnóstico, autocomplacencia y promesas, pero no soluciones reales.

El informe reconoció una cadena de fallas que hundió la contienda: roturas constantes, alta fluctuación laboral, poca preparación de los trabajadores, ineficacias en el mando, deficiencias de mantenimiento e indisciplinas tecnológicas. A eso se sumaron las llamadas “difíciles condiciones objetivas”, el eufemismo habitual con que el aparato oficial intenta tapar su propia incapacidad para sostener una actividad estratégica que ha sido destruida por años de improvisación y desidia.

En noviembre de 2024, el propio medio oficial había adelantado que el central Fernando de Dios, en Tacajó, municipio de Báguanos, sería la única industria que produciría azúcar en la provincia. También se esperaba que ese central garantizara parte del suministro para la canasta básica familiar, fijada en 1,765 toneladas mensuales en Holguín. El derrumbe de los resultados deja en evidencia que ni siquiera ese objetivo mínimo quedó al alcance.

Joel Queipo Ruiz, primer secretario del Partido en el territorio, pidió mirar hacia la próxima zafra con la esperanza de que funcione como “parteaguas” para recuperar el programa cañero azucarero. Pero la magnitud del desastre obliga a hablar con más crudeza: lo que se ve en Holguín responde al colapso de un sistema productivo sometido al abandono, al control político y a una cadena de decisiones erradas que han vaciado al país de una de sus industrias históricas.

La crisis en Holguín encaja en un panorama nacional igual de ruinoso. La producción de azúcar en Cuba cayó por debajo de las 150,000 toneladas en la zafra 2024-2025, el nivel más bajo en más de un siglo y muy lejos de las 265,000 toneladas que el Estado se había fijado como meta. La escasez de caña, los cortes eléctricos, la falta de combustible y el deterioro de la infraestructura siguen golpeando un sector que antes sostuvo buena parte de la economía cubana.

El desplome no se limita a Holguín. Villa Clara sigue sin cumplir metas desde 2019; en Granma la zafra terminó con 5,277 toneladas frente a casi 20,000 previstas; Camagüey apenas llegó a 4,000 toneladas de un plan de 23,500; Guantánamo acumuló 2,900 toneladas; y en Las Tunas el central Antonio Guiteras solo alcanzó el 16% del plan. En Ciego de Ávila, el central Primero de Enero ni siquiera participó por una deuda eléctrica que lo dejó paralizado.

Todo esto es consecuencia directa del desmantelamiento de la industria iniciado por Fidel Castro en 2002 con la llamada tarea Álvaro Reynoso, que llevó al cierre de 120 de los 165 centrales que funcionaban entonces. Dos décadas después, el régimen no consigue cubrir el consumo interno, estimado entre 600,000 y 700,000 toneladas anuales, y depende de importaciones para abastecer una demanda mínima que ya ni la canasta básica logra sostener con regularidad.

Mientras Holguín enseña sus números rojos, el aparato político insiste en discursos sobre soberanía, identidad y recuperación. La realidad es otra: la zafra cubana quedó reducida a una ruina administrada, y cada nuevo balance confirma que el régimen ha llevado a la industria azucarera al borde de la irrelevancia.

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