Historiador Maikel Arista-Salado: «La primera bandera independentista cubana no es la que conoces»
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Historiador Maikel Arista-Salado: «La primera bandera independentista cubana no es la que conoces»

Historiador Maikel Arista-Salado: «La primera bandera independentista cubana no es la que conoces»

Bandera cubana, en el castillo de Atarés. Foto © CiberCuba

La bandera que los cubanos identifican como propia —la de Narciso López, izada por primera vez en Cárdenas en 1850— no fue el primer símbolo de emancipación que existió en la isla. Según el historiador cubano Maikel Arista-Salado, ese lugar lo ocupa un conjunto de estandartes vinculados a la conspiración de José Antonio Aponte en 1812, décadas antes de que López diseñara la enseña que hoy es reconocida en todo el mundo como la bandera de Cuba.

Entre los documentos confiscados a Aponte por las autoridades coloniales españolas figuraban un estandarte con la Virgen de la Asunción y banderas etíopes, conocidas como de Abyssinia.

Arista-Salado explica el porqué de esa elección simbólica: «Las primeras banderas independentistas cubanas fue la bandera de Abyssinia, es decir, la de la Etiopía Negra, porque, por supuesto, Aponte, que era un mestizo o negro, veía a Etiopía como el paradigma, porque era la única nación cristiana en aquella época».

Aponte era un hombre negro libre, carpintero y miembro del Batallón de Morenos Leales de La Habana. Su movimiento, organizado entre 1811 y 1812, combinaba la oposición al dominio español con la abolición de la esclavitud y la aspiración a un orden político favorable a los negros libres y esclavizados. Fue ahorcado el 9 de abril de 1812.

El hallazgo tiene un componente historiográfico relevante. Los expedientes completos del proceso solo han sido accesibles para los investigadores en los últimos años. «Estos expedientes solo se conocen hace 10 años quizás. Y por supuesto, la vexilología no lo ha recogido todavía», advierte Arista-Salado haciendo hincapié en que «siempre pensamos que el movimiento independentista viene de los criollos blancos y al final Aponte, un hombre negro, es el que saca la primera bandera».

Antes de las enseñas de Narciso López y de Carlos Manuel de Céspedes, existió también el proyecto de Joaquín Infante, abogado bayamés que hacia 1810 propuso una bandera tricolor horizontal en verde, morado y blanco para una Cuba independiente. Ese diseño quedó incorporado a un proyecto constitucional separatista publicado en Caracas en 1812, aunque nunca llegó a ondear como símbolo de un Estado cubano.

Arista-Salado señala que la bandera más antigua que ondeó en Cuba fue, en realidad, la de Borgoña —el aspa de San Andrés, símbolo de la Monarquía Hispánica—, anterior a todos los proyectos independentistas.

«La bandera más antigua que tenemos es la de Borgoña, por ejemplo, que es la bandera de las cruces y, por supuesto, fue bandera cubana antes de la de Narciso López».

El historiador apunta que este desconocimiento no es casual. El relato nacionalista cubano ha excluido sistemáticamente a figuras que no encajan en su molde. «En el discurso nacionalista cubano no encaja que sea un tipo de Barcelona, un catalán, el que haya dado su vida por la independencia de Cuba». Se refiere a Ramón Pintó y Llinás, barcelonés ejecutado en 1855 por conspiración independentista, cuya historia permanece fuera del canon oficial. Lo mismo ocurre con el propio Narciso López —venezolano— y con Joaquín de Agüero y Agüero.

«Tiene que ser cubano nacido en Bayamo para que pueda encajar», resume Arista-Salado, quien concluye que esa exigencia es «la razón por la cual en Cuba no se estudia Pinto y Llinás, no se estudia Narciso López» ni otras figuras que «lamentablemente o no nacieron en el lugar correcto o tenían inclinaciones que no eran totalmente independentistas».

El debate pone de relieve que el independentismo cubano fue plural y multiétnico desde sus orígenes, y que la historia oficial ha privilegiado un relato estrecho que deja en la penumbra a protagonistas incómodos. La bandera de Narciso López, que finalmente se impuso como símbolo nacional al ser adoptada por la Asamblea de Guáimaro en 1869, fue solo el último capítulo de una historia mucho más larga y diversa.

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