
Foto: Archivo
Con el poema Lengua bárbara, acaba de ganar el poeta Ronel González el Premio Mundial de Poesía Nosside 2026, en su 41 edición.
El galardón, que convoca el Centro de Estudios Bosio, de Reggio Calabria, y que honra con su nombre a la célebre poetisa Nosside de Locris, de la Grecia del siglo III a.n.e, otorgó cinco premios absolutos, y el de lengua española recayó sobre González, quien dedicó su poema a una de las tantas niñas palestinas, víctimas del genocidio israelita.
Otros cubanos obtuvieron menciones, mientras que la poeta Mariana Enriqueta Pérez, de Santa Clara, recibió uno de los premios colaterales.
«En realidad, cuando concluí el poema, sentí que el tema realmente rebasaba mi escritura. Un tópico tan dramático, tan complejo como es el de la masacre del pueblo palestino, realmente supera cualquier posibilidad artística. Experimenté alegría al finalizar la escritura porque había logrado captar parte de la emoción que le dio origen, sin embargo la realidad supera a la creación», comentó a Granma Ronel González.
En 2024, Pasquale Amato, presidente fundador del Premio Nósside, visitó la emisora Radio Enciclopedia y le ofreció declaraciones a la periodista Indira Pavot Sánchez. En la ocasión, explicó que, dotado de diversidad lingüística y multimedialidad, el proyecto apuesta por el imaginario poético sin fronteras, la cultura del diálogo, el respeto recíproco a las tradiciones, la historia y la defensa de lenguas minoritarias e idiomas locales.
Ese premio, explicó, está abierto a todas las lenguas del mundo, y esa es su primera identidad, una identidad importante, que tiene dimensión universal y cuenta con una estructura que permite que todos participen.
Lengua bárbara
Aisha ignora el idioma de la guerra.
No puede pronunciar ni un monosílabo
cuando sale a caminar entre las ruinas.
Restos sin voz, en apariencia,
de las paredes de su casa.
Desconoce los verbos más atroces
de quienes disparan desde lejos
artefactos de odio.
Ella escucha
el lenguaje torcido de los cohetes
y de unas aves de metal
que desangran la tierra,
pero no puede participar del diálogo.
Camina con la barbilla hundida
en la esclusa del pecho,
mirando, con desesperación,
jirones de vestidos
y de seres humanos,
por si de pronto Ma o Pa desinmersionan,
y le hablan de verdad desde el escombro.
Aisha no articula ni siquiera una frase
de las que trae la noche
y mascullan las bombas.
Solo puede imitar estertores
y silbidos que evocan mordeduras
de llamas crepitantes,
pero ya empieza a percibir
que el esfuerzo no es válido.
La guerra habla tan feo
que pocos la traducen.
Aisha prefiere
no dirigirle la palabra.


