Girón Política

Fidel: los fines de la educación en Cuba (parte I)

La conmemoración del centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz nos convoca a regresar a su pensamiento educativo. Por este motivo presento en dos partes un análisis relacionado con los fines de la educación, definidos por él, desde 1959 hasta 1981. El valor de las ideas expresadas en la etapa mantiene plena vigencia para la construcción de la sociedad cubana y su aspiración de construir un proyecto social socialista.

La Revolución cubana hubo de enfrentar numerosas dificultades desde que triunfó en enero de 1959. Defenderse y sobrevivir, ante la constante agresión del imperialismo norteamericano, requirió de enormes esfuerzos aún en detrimento de su desarrollo económico.

Los problemas fueron enfrentados de forma simultánea. El inmenso entusiasmo popular, la confianza en el liderazgo de Fidel Castro y de la vanguardia, la fe en la Revolución, en estrecha relación con el conjunto de medidas prácticas en beneficio del pueblo, las cuales contribuyeron a la adquisición masiva de una conciencia política y la seguridad del pueblo en su propio poder, fueron los factores decisivos en la consolidación del poder revolucionario.

Las ideas desarrolladas por Fidel en la etapa fueron llevadas paulatinamente a la práctica educacional, se destacó su intensa actividad de persuasión y educación de las masas para la construcción de la nueva sociedad y la defensa del país, en medio de una aguda lucha de clases y la creciente agresión del imperialismo norteamericano.

Manifestó la concepción del modelo de hombre a formar en la sociedad, reflexionó sobre el papel del trabajo en la formación del hombre nuevo y su importancia para el desarrollo de la nación. Impulsó las transformaciones que en el sector educacional garantizaron crear las condiciones para facilitar el despliegue de las potencialidades y una educación integral del hombre, en la extensión de los servicios educacionales, en los planes para el perfeccionamiento del sistema de educación, entre otros.

El período entre 1959 y 1961 fue intenso en las transformaciones que se efectuaron en la realidad cubana y en el pensamiento educativo del líder revolucionario, en él se produjo la concreción de su filosofía de la educación en la medida que buscó respuestas a los problemas de la realidad cubana en diferentes contextos históricos.

La política educacional para el período se centró: en la extensión de los servicios educacionales, la eliminación del analfabetismo y sensibles cambios en las estructuras del Ministerio de Educación. En el orden ideológico el proceso revolucionario enfrentó manifestaciones anticomunistas en el sector educacional y las fórmulas liberales proimperialistas que obstaculizaban el desarrollo de las transformaciones, como manifestación inevitable de la lucha de clases.

Al interior del Gobierno revolucionario se desarrolló una aguda lucha ideológica, la creación de los fundamentos político-ideológicos y organizativo-funcionales de la actividad educacional y cultural del Estado fue un componente sustancial en la lucha de clases que se desarrolló en la sociedad cubana, en primer lugar, al interior del propio Gobierno.

Desde los primeros días del triunfo revolucionario el movimiento de masas que se desarrolló llevaba implícito, como elemento desalienador, un movimiento educacional y una auténtica revolución educacional fiel exponente de lo mejor de la tradición pedagógica cubana que se iría consolidando en un proceso continuo de perfeccionamiento avalado por la práctica.

Los cambios sustanciales en el proceso revolucionario se produjeron cuando se nombró a Fidel primer ministro. En lo adelante, se aceleró la aprobación de las leyes propuestas para dar cumplimiento al Programa del Moncada.

El objetivo fundamental del plan sería dar respuesta a las necesidades de orientación pedagógica sobre la alfabetización y el estudio de la incorporación de este tema a la planificación integral de la educación.

En análisis recientes, Fidel explicó que la “lucha por la liberación nacional traía consigo la erradicación del analfabetismo, llevar maestros y escuelas a todos los rincones del país, transformar el sistema educativo y su contenido, diversificar la enseñanza, crear y desarrollar la educación de carácter técnico y profesional; multiplicar y extender por todo el país las universidades; establecer la educación especial para decenas de miles de niños y adolescentes que la requerían; poner la enseñanza media y superior al alcance de todos los jóvenes, al crear cientos de miles de becas, y otros programas educativos que se llevaron a cabo a ritmos jamás conocidos en ninguna otra parte.

Métodos novedosos fueron empleados en cada una de las etapas para vencer dificultades y obstáculos al parecer insalvables, en medio de constantes acciones subversivas y agresivas procedentes del exterior”.

Se inició la primera revolución educacional cubana, en correspondencia con las necesidades de una nación en transición al socialismo y como cumplimiento de una de las aspiraciones históricas de los ideales emancipadores y educativos en la historia de Cuba.

En sus intervenciones haría explícitos los fines de la Revolución, que son consustanciales a la revolución política, económico-social, educacional y cultural que se iniciaba.

Cuba heredó un bajo nivel de desarrollo cultural y educacional al triunfo revolucionario. Transformar la sociedad, tanto material como espiritualmente, requería un conjunto de acciones culturales y educacionales, de una política integral bien estructurada y resolver las necesidades urgentes del momento histórico.

En este contexto, Fidel expresó que, por ser la Revolución un cambio profundo en todos los órdenes de la sociedad, “el primer gran problema de la Revolución es cómo se combate y cómo se vence la influencia de las viejas ideas, de las viejas tradiciones, de los viejos prejuicios, y cómo las ideas de la Revolución van ganando terreno y van convirtiéndose en cuestiones de conocimiento común y de clara comprensión para todo el pueblo.

Este problema de la educación no es solamente la educación de los analfabetos o de aquellas personas que no han tenido oportunidad de ir a los centros de enseñanza superior, sino también es, ante todo, un problema de educación de las propias masas de la Revolución”.

Entre las tareas principales estuvieron la alfabetización de la población, la extensión de los servicios educacionales y de salud hacia las zonas más apartadas del país. Valoró que la ignorancia había posibilitado la deliberada explotación de la población.

A 28 días del triunfo revolucionario, el 29 de enero de 1959, convocó a un contingente de 300 maestros, más de 100 médicos y 40 abogados e ingenieros. El objetivo era ir hacia la Sierra Maestra para iniciar las transformaciones de las condiciones de salud y educación de las más pobres familias campesinas. Esta fue una solución creativa y práctica del líder revolucionario ante la carencia de profesionales dispuestos a cumplir misiones en condiciones difíciles y la acción en sí constituía, tanto en la convocatoria como en los hechos, una manifestación del carácter humanista de la Revolución.

En correspondencia con el marxismo-leninismo, asumió la educación como parte esencial de la lucha de clases sociales, contra el fundamento burgués de entender la educación “al margen de la política”. En mayo de 1959, definió los fines e ideología de la Revolución: “La ideología de nuestra Revolución es bien clara: no solo le ofrecemos libertades al hombre, sino que le ofrecemos también el pan. No solo le ofrecemos a los hombres pan, sino que le ofrecemos también libertades y esta es nuestra posición ideológica, clara y terminante”.

En 1960, en la clausura del Congreso de los Trabajadores de la Construcción, expresó: “Y a los trabajadores hay que enseñarlos a pensar como clase, hay que enseñarlos a pensar como trabajadores y no como sector”.

La dialéctica de la relación entre la teoría y la práctica, en la cual la estrategia y la táctica política guían la acción y esta se verifica y rectifica en la praxis, tienen en él un protagonista y precursor de los fines de la educación en el proceso revolucionario, en correspondencia con las condiciones objetivas de la realidad cubana en cada contexto histórico concreto.

La praxis, como él planteó, enseñó cómo a cada acción del imperialismo y la contrarrevolución respondía una reacción de la clase obrera y la dirección revolucionaria; de esta forma, en algunos casos, se aceleraron cambios en correspondencia con las necesidades de la práctica del proceso revolucionario.

El Gobierno revolucionario en el poder estaba motivado a extender la educación a todos los trabajadores, elevar su cultura, hacer más productivo el trabajo y organizarlo de manera científica, eliminar la corrupción y el ocio, para instaurar una moral basada en la práctica del trabajo socialmente útil.

Fidel desarrolló una intensa actividad de intercambio con la intelectualidad, profesionales de la pedagogía y cuadros que enriquecieron la teoría en correspondencia con las necesidades de la práctica social.

Tenía conciencia de la importancia de desarrollar una intelectualidad crítica (entendiendo como tal a los escritores, maestros, dirigentes técnicos y políticos, artistas, entre otros), como autoconciencia cultural con respecto a las nuevas relaciones sociales que se construyen y autocrítica del proceso, era una labor orgánica e imprescindible de la Revolución. La clase dominante es hegemónica, por su control de la producción cultural en su nexo con la emancipación económica, la intelectualidad es responsable de difundir socialmente un pensamiento crítico y una estructura de sentimiento a partir de una reforma intelectual y moral, que pueda crear una cosmovisión e ideología en las masas.

Para él ha sido la Revolución un hecho cultural en sí y les ha dado a las masas populares el papel esencial como sujeto histórico.

Su liderazgo, ejemplo, creatividad y carisma, constituyeron cualidades de su personalidad que contribuyeron a la movilización popular para las tareas educacionales y a la interconexión sociedad civil y Estado en las transformaciones educacionales y socioeconómicas.

El discurso político fue la vía principal de su comunicación con las masas. El uso de un lenguaje patriótico y político de convocatoria revolucionaria sirvió de medio aglutinador de las multitudes incorporadas al proceso. Además, fueron utilizados métodos creativos para la movilización, la dirección, el control y el compromiso de las masas en las transformaciones educacionales.

Caracterizó el estado de la educación en el primer año del triunfo revolucionario y declaró cómo iba a proceder el Gobierno en lo adelante, cuando afirmó:

“Es obvio que, sobre la marcha y de acuerdo con el fluir de las realidades, deberán hacerse todas las modificaciones, rectificaciones o innovaciones que las circunstancias demanden respecto a la reforma del Sistema Educacional Cubano; pero lo que no puede hacer el Gobierno revolucionario… es cruzarse de brazos ante el panorama caótico, irracional, deformador y dilapidador de nuestro régimen de enseñanza, o esperar dilatadamente el resultado de largas y minuciosas investigaciones, para acometer, entonces, ya demasiado tarde, la imprescindible reorganización, que, si bien ahora quizás adolezca de algunos defectos, evitará, sin duda, infinitas lacras y deformaciones, para bien de la niñez, la adolescencia y la educación en general en nuestra patria”.

En las bases de la Reforma Integral de la Enseñanza quedaron explícitos los fines de la educación para este período, se plasmó en el documento: “La educación se propondrá el desarrollo pleno, íntegro, de la personalidad humana, es decir, el desarrollo de la naturaleza potencial o virtual del hombre a toda la plenitud de su ser y su valor”. De esta forma, a través del fin de la educación, se expresaba el carácter humanista del proceso revolucionario, el reconocimiento a la naturaleza educable del hombre y de sus potencialidades para la construcción de una sociedad diferente al pasado neocolonial.

En la base no. 2 de dicho documento se consideró que “la educación no deberá centrarse en el cultivo del intelecto, sino que atenderá también a los afectos y sentimientos, al carácter y los hábitos (…). La aspiración última y suprema de la educación habrá de consistir en que el individuo viva para un ideal de vida en que se cultiven plenamente, de modo equilibrado y armónico, los valores físicos, intelectuales, éticos y estéticos, así como los valores vocacionales, con vistas a la superación del ser humano, dentro de un enfoque socialmente integrado”.

Valoró la importancia del estudio del marxismo entre los revolucionarios, pero tomando en cuenta “que el marxismo no significa un catecismo… no es un formulario que nos dé todos los días una receta de lo que tenemos que hacer. Nadie piense que, en la realidad de la vida, ante todos los problemas que se presentan, va a encontrar una fórmula escrita. El marxismo es un conjunto de principios, de normas, que nos enseñan a interpretar y a analizar acertadamente los conocimientos”.

La magna tarea de educar políticamente a las masas, requirió la utilización de cuestiones teóricas del marxismo-leninismo para explicar las políticas de la Revolución a través de 242 discursos del máximo líder, entre 1961 y hasta 1970.

De esta forma, los ideales sociales (políticos, morales, estéticos, entre otros) y las normas e imperativos, al fijar determinadas relaciones sociales y al concentrar en sí mismos las necesidades maduras de la sociedad, de una clase social, resultan ser más efectivos en la medida en que se basan en el análisis científico de la realidad social.

Destacó el significado que para él tiene la educación de la siguiente forma, en 1961: “No puede concebirse una revolución sin educación…por ser la revolución un cambio completo, profundo, en la vida de un país…”. Ejemplificó que, en el intercambio con el pueblo, en la medida en que ha intentado enseñar, produjo en él un amplio aprendizaje. Para él la sociedad es el espacio por excelencia de la lucha de clases y de la subversión de la hegemonía.

Fidel reconoció que el socialismo defiende una perspectiva humanista, la necesaria contradicción entre la racionalización y subjetivación, las traduce en distintas esferas de la vida cotidiana y las convierte en contradicciones generadoras del desarrollo, manifestadas en el carácter creciente de las complejidades y heterogeneidades sociales como consecuencia ineludible y objetiva del desarrollo social. La democratización e institucionalización de la educación, y en estrecha relación con ella de la cultura, sería una de las acciones de la joven dirección revolucionaria. (Continuará…)

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