Fidel en Camagüey, ruta de historia y presente
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Fidel en Camagüey, ruta de historia y presente

Cuba


Foto: Archivo

Había sol de justicia aquel 25 de julio de 1953 sobre la avenida Cornelio Porro, en el reparto Garrido de Camagüey. No era un mediodía cualquiera, aunque los citadinos no lo supieran. En la fonda de propiedad del español Manolo González, se detuvo un auto del que bajaron cuatro hombres de mirada tensa y paso medido. El dueño, sin saberlo, servía esa tarde el último almuerzo antes de que esos muchachos entraran en la historia patria.

Fidel Castro, Teodulio Mitchell, Manuel Lorenzo y Oscar Alberto «Nito» Ortega pidieron lo mismo para no perder tiempo. Manolo González, que aquel día atendía con la parsimonia de quien cree que el tiempo sobra, nunca imaginó que al día siguiente, al encender la radio, escucharía el nombre de aquellos comensales ligado al asalto al Cuartel Moncada. Una generación que se jugaba la vida por despertar a una nación. Ya el jefe de aquel naciente movimiento revolucionario había estado, al norte de Camagüey en Cayo Confites, como parte de una expedición que pretendía derrocar al dictador Trujillo, en 1947.  

Pero Camagüey, tierra de llanura y de hombres de pie firme, no se despidió de Fidel aquella tarde. El Comandante volvería una y otra vez, porque el agradecimiento en él era tan vasto como su visión de futuro. Desde el mismo triunfo de enero Fidel vio y creyó en las potencialidades de Camagüey, un territorio que dijo que podía llegar a ser un modelo de socialismo. Más de En 1985 inauguró la Cervecería Tínima, fruto de un convenio con la extinta República Democrática Alemana. José Artola, fundador de aquella empresa, recuerda aún el orgullo en el rostro de Fidel al recorrer las instalaciones. Pero si hay un momento en que la voz de Fidel se hizo profecía en Camagüey, fue el 26 de julio de 1989. Frente al pueblo aglutinado, y con la mirada puesta en un mundo que comenzaba a tambalearse, el Comandante en Jefe lanzó una clarinada que aún hoy estremece:

«(…) si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una contienda civil en la URSS, o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de su desintegración (…) aún en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirán luchando y seguirán resistiendo!».

Eran palabras de visionario. La URSS se desintegraría dos años después, y el mundo unipolar creyó que la Isla se rendiría. No fue así. Y hoy, cuando el bloqueo de Estados Unidos se ensaña con renovada maldad, cuando la escasez golpea r, aquellas frases vuelven a ser brújula. Son un llamado a la acción: resistir no es esperar, es construir con lo que se tiene, como Fidel hizo en Camagüey cuando acompañó la construcción del pedraplén hacia Cayo Cruz que hoy es motor turístico.

Fidel no solo pasó por Camagüey: se quedó en su gente, en sus fábricas, en sus escuelas y en su memoria. Y teniéndolo como norte de la dignidad de un pueblo, los camagüeyanos —y con ellos todos los cubanos— asumen los obstáculos del tiempo actual con la certeza de que, como él dijo, seguirán luchando y resistiendo.

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