Los lectores y escritores de la provincia de Artemisa lo conocemos de varias maneras: como presentador de libros e integrante de los más diversos paneles y jurados de premios literarios, además de su condición de profesor de Técnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso.
Varios de nuestros más prestigiosos escritores han disfrutado en este Centro, de los amplios conocimientos de un hombre que, ya pasado generosamente de los 60, conserva una suerte de caprichoso aire juvenil, porque de muchas maneras parece latirle dentro un alma bohemia y rockera.
El libro de Sergio Óscar Cevedo Sosa que tuve la suerte de presentar en las Ferias del Libro de La Habana y Artemisa tiene el increíble título de La cabeza (la cabeza) y los pies (los pies), publicado por el sello editorial Unicornio.
Sergio ha sido presentador de lujo de varios de mis libros. Pero esta vez tuve la suerte, no sé si suerte o desgracia para él, de presentar uno de su autoría, donde ratifica su clase como narrador de primera línea dentro de la Ciudad Letrada de Cuba
Para comenzar, recuerdo que Sergio Cevedo es un autor de largo y fecundo currículo, amueblado por títulos de relatos como La noche de un día difícil (Premio David), La gran ola de Kanagawa (Premio Alejo Carpentier), además de una novela nombrada Dos equis, ganadora de Premio Frank Kafka de Novelas de gaveta, y del relato Anglóstida, vencedor en el concurso internacional de cuentos Fernando González, en Colombia.
Sergio es autor que no solo enriquece su obra desde lo más diverso de la escritura, sino desde su experiencia vital, como ciudadano de un país con demasiados días y noches difíciles y como guía de incontables jóvenes que, a pesar de todo, contra todos los vientos y mareas imaginables, aspiran suicidamente a ser escritores.
Pura broma parece un libro llamado de ese modo. Sin embargo, anda lejos de ser una broma chata, este cuaderno que nos regala la editorial Unicornio.
Si nos remitimos al relato que da título al libro, encontraremos las claras resonancias de un texto tan descomunal como el Ulises, de Joyce, quizás la mayor novela del siglo XX. Atemperados por Sergio en su febril monólogo de una decena de páginas, donde en lo que otros autores del patio irrumpe como Realismo Sucio mondo y lirondo, en su pluma es delicado y salvaje lirismo a un tiempo, es todo contado a fuego vivo, pero siempre recordando que el gusto por la palabra, como suele decir el escritor Alberto Guerra, es esencial a la hora de armar cualquier ficción o testimonio literario.
Sergio conoce al dedillo las técnicas literarias, las del iceberg, el dato escondido, las diferencias entre la realidad real y la realidad de la ficción, los aportes de este y aquel autor, los cambios que trajeron los últimos siglos a la forma de narrar el cuento, la novela, los minicuentos…Sabe perfectamente las glorias y los eclipses que tocan a cada autor.
Saber que el Ulises es descomunal no le impide quedarse boquiabierto al pie de su ya indestructible monumento. Se echa una mochila de caminante a la espalda y pedaleando en su bicicleta, va a enredarse en los entuertos de criaturas de amores desenfrenados y cursis, escapadas de algún libreto primo hermano de El derecho de nacer, aquella radionovela pionera que los más refinados intelectuales (ridículos que a veces somos) juraban no escuchar.
Entrar en un relato de Corazones perversos, donde Sergio juega y rejuega con personajes trocados en personas y a la inversa, en medio de un absurdo donde radionovela y vida real pierden los límites que las separan porque, a fin de cuentas, cada una lleva en sangre el ADN imborrable de la otra, es retornar de muchas formas, no solo a la obra radial insigne de Félix B. Caignet, sino también a toda una literatura que se reafirma con uñas y dientes en Latinoamérica, desde finales de la década del 60 del pasado siglo, cuando emergen los Manuel Puig con La traición de Rita Hayworth y El beso de la mujer araña y más tarde las Mayra Santos Febres con su Sirena Selena vestida de pena, los Guillermo Vidal con Las manzanas del Paraíso o el ya mencionado Alberto Guerra con su Corazón partido en dos, bajo otra circunstancia.
Sergio es un escritor con música en las palabras. Tiene acordes de rock, baladas, óperas, sinfonías.
Confieso que no sé hasta dónde llegan sus conocimientos sobre el pentagrama, si puede asumir el piano y la guitarra con mayor o menor talento. Pero la música suena alto en textos como Michelle de manera que hubiera hecho conmover al ex Beatle Paul Mc Cartney, quien pretendió con esta canción burlarse de las canciones francesas de amor y terminó escribiendo una de las más bellas canciones de amor de todos los tiempos.
Michelle no es tan buena canción, como dicen, no es tan grande nada, piensa el personaje de Sergio mientras se hunde en una fogosa historia de amor homoerótico. La vacila, la tira a relajo como Paul, pero también como Paul, en un cierre de lujo, terminará reconociendo que Michelle es una canción sencillamente invencible.
Estas son apenas unas pocas alusiones a un libro compuesto por siete relatos muy sólidos. Valdría la pena agregar que un autor contemporáneo debe estar convencido de que fabricar bostezos en serie, es una condena a muerte por parte de los lectores.
No va con Sergio esta cojera. Sin dejar de ser profundo, resulta claro en sus historias y con sus criaturas. Podrán disfrutarlo en los relatos mencionados y, de seguro, en el resto de los relatos que componen su libro.
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