Evocación merecida
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Evocación merecida

Obras pictóricas y escultóricas legó a Cuba José Miguel Melero


Cruzan a la carrera un riachuelo. La capa al vuelo; los senos de la muchacha cubiertos por la espalda y el brazo de su secuestrador, quien la sostiene con firmeza por la cintura. Desnuda, desesperada, ella clama, las manos en alto; no sabemos si intentando desasirse o mantener el precario equilibrio encima de la cabalgadura.

José Miguel Melero Rodríguez es el autor del cuadro. Este 29 de septiembre celebramos los 190 años de su natalicio. Siendo joven, estudió arte en Francia, Italia, España. Impartió dibujo en un prestigioso colegio habanero, El Salvador, regido por el pedagogo José de la Luz y Caballero.

En 1878 se convirtió en el primer director cubano de la Academia de Bellas Artes San Alejandro de La Habana, tras ganar la plaza por oposición, superando a otros seis concursantes. Descolló en los ejercicios solicitados por el jurado, especialmente con su lienzo El rapto de Dejanira por el centauro Neso. Se trata de un óleo sobre tela; de acuerdo con los expertos, en poco más de un metro por 85 centímetros el artista exhibió dinamismo, conocimientos anatómicos y una atractiva gama cromática. Según se cuenta, la obra despertó gran admiración y de nada valieron las argucias esgrimidas por los contrincantes.

Durante casi tres decenios permaneció al frente de San Alejandro. Ahí desarrolló iniciativas pedagógicas, entre ellas las clases con modelos vivos; además, permitió que las mujeres matricularan en el centro. Es de imaginar cuánta crítica y polémica debió afrontar al tomar tal decisión.

Las obras de José Miguel Melero se encuentran en colecciones institucionales y privadas. /Archivo de BOHEMIA

Al mismo tiempo, concebía cuadros y esculturas. Dentro de su abanico temático, sustentado en el estilo académico, hallaron cobijo tópicos religiosos, históricos y mitológicos. En distintos textos suele destacarse la hechura de El Juicio Final. Podemos apreciarlo en la capilla del habanero cementerio Cristóbal Colón. De inmediato impresionan su considerable tamaño y colorido. Luego, la vista capta los detalles de la escena: hombres y mujeres se agolpan a los pies de Dios, mientras él da su veredicto sobre quién merece la salvación eterna.

Otra pintura a menudo citada es Colón en el Consejo de Salamanca; allí el navegante se empeña en convencer a sus oyentes en cuanto a la viabilidad y ventajas de emprender el viaje hacia Oriente por una nueva ruta. El artífice creó igualmente retratos (como el de la reina Isabel II) y naturalezas muertas.

Sus piezas escultóricas (elaboradas en mármol o yeso) incluyen, por ejemplo, dos bustos colocados en el Teatro La Caridad, en Santa Clara, que muestran a los dramaturgos hispanos Calderón de la Barca y José Echegaray. Asimismo, ejecutó en la provincia de Matanzas un encargo de notable relevancia.

Con este cuadro venció a los otros concursantes que aspiraban a la dirección de la Academia de Bellas Artes San Alejandro. /MNBA/ bellasartes.co.cu

El artículo “Cristóbal Colón, tema de pintores y escultores” (publicado por Florencia Peñate en la revista Arquitectura y Urbanismo, número 2 de 2007) afirma: “en la ciudad de Colón tenemos el mayor monumento erigido en Cuba al Almirante, hecho para festejar el IV Centenario del llamado Descubrimiento de América. La estatua en bronce de 2.45 m de alto, fue realizada por el pintor y escultor cubano Miguel Melero, quien también diseñó la parte arquitectónica del conjunto. Esta obra […] emplazada en el centro del Parque La Libertad, se hizo en 1892, pero por problemas de presupuesto no se inauguró hasta 1893”.

Si bien algunos lo calificaban de españolizante por los asuntos abordados en sus creaciones, muy diferente era la opinión de los invitados habituales a las tertulias que organizaba en su taller. Con el artista departieron personalidades cubanas de las letras, la ciencia y las luchas por la independencia: Ramón Meza, Manuel de la Cruz, Álvaro Reynoso, Serafín Ramírez, José Silverio Jarrín, entre otros.

En 1888 hizo un retrato de su hijo Miguel Ángel, también pintor. /MNBA/ bellasartes.co.cu

Cuando José Miguel Melero falleció el 28 de junio de 1907, dejó un lienzo sin iniciar (lo había imaginado como una tela de varios metros, evocación de la epopeya mambisa, con el generalísimo Máximo Gómez ocupando la posición principal) y sentidas palabras de quienes lo estimaban. Meza resaltó su rostro noble, su laboriosidad y su amor a la patria.

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