A menos de dos meses de las elecciones legislativas de medio término de noviembre en Estados Unidos, los demócratas mantienen una ventaja apreciable en la preferencia nacional del electorado frente a los republicanos.
Los sondeos más recientes sitúan esa diferencia en un rango de entre cinco y 12 puntos porcentuales en la llamada boleta genérica, el indicador que mide por cuál partido votaría una persona para la Cámara de Representantes sin tomar en cuenta nombres específicos de candidatos.
La encuesta de The New York Times y Siena College, divulgada a mediados de este mes otorgó a los demócratas 51% de respaldo entre los votantes probables, frente a 43% para los republicanos.
Otros estudios confirman una inclinación semejante: Reuters/Ipsos registró una ventaja demócrata de siete puntos; Fox News, de siete; y Marquette Law School, de hasta 13 puntos.

Aunque las diferencias varían según la metodología y la composición de las muestras, la tendencia general muestra un clima político más favorable a la oposición demócrata.
La economía continúa como el asunto de mayor peso para los votantes. De acuerdo con el estudio citado por The New York Times, solo 14% de los encuestados consideró que la situación económica del país es mejor que hace un año, una caída significativa frente al 31% que sostenía esa opinión en enero.
Esa percepción se combina con un deterioro de la confianza en el manejo económico del presidente Donald Trump y está contribuyendo a debilitar las perspectivas republicanas.
Otro elemento relevante es la conducta de los independientes, grupo decisivo en contiendas competitivas.
Una encuesta de Economist/YouGov ubicó a los demócratas con una amplia ventaja entre esos votantes, mientras que Marquette también detectó un apoyo considerable a los candidatos azules fuera de sus bases tradicionales.
La movilización partidista parece favorecer igualmente a los demócratas, cuyos electores expresan mayor disposición a acudir a las urnas y a convertir la elección en un voto de censura contra la actual administración.
Sin embargo, la ventaja en la intención nacional de voto no asegura automáticamente el control del Congreso.

Las elecciones de la Cámara se deciden distrito por distrito, y las del Senado dependen de mapas estatales particulares, de la calidad de los aspirantes y del nivel real de participación.
Los republicanos pueden conservar escaños en territorios favorables, incluso si el voto agregado nacional se inclina hacia los demócratas.
El panorama, por tanto, apunta a una elección competitiva, con una ventaja inicial para los demócratas y un escenario difícil para el oficialismo republicano.
La evolución de la economía, la aprobación presidencial y la capacidad de cada partido para movilizar a sus electores en las próximas semanas serán determinantes para definir si esa preferencia se convierte, finalmente, en una nueva correlación de fuerzas en el Capitolio.
