Estados Unidos de Norteamérica: militarización interna, regional y global
Portada Victoria

Estados Unidos de Norteamérica: militarización interna, regional y global

El mundo está insertado en un contexto de fractura y competencia estratégica en la cual la economía material de la mayor potencia muestra brechas respecto a sus competidores sistémicos, mientras su modelo militarista reintenta perpetuarse.

Para caracterizar la época -de cara a la modelación de los rasgos que caracterizan la evolución del imperialismo en el siglo XXI- una exigencia estriba en la exégesis del proceso de militarización, reto que no corresponde solo a las ciencias militares, sino también a las ciencias sociales y humanísticas, a las ciencias de la comunicación, entre otras. Emerge la necesidad de ver los árboles y ver el bosque; de conectar diacrónicamente y en tiempo real geoestratégico el todo con las partes de un fenómeno estructural con profundas consecuencias internas, regionales y globales.

La perspectiva de análisis ha de ser regional-global: a) porque la naturaleza de los desafíos es indivisiblemente regional y global, contradictoria, y en cierta medida inédita; b) porque se acelera la expansión imperialista a escala regional-global, sea esta mediante agresión militar directa, guerra comercial, proteccionista, cognitiva, o apropiación injerencista y abierta de recursos naturales o artificiales estratégicos; c) porque operan cambios en la correlación de fuerzas a escala regional-global, se producen rupturas de relaciones regionales-globales, y nuevos realineamientos; d) porque está en marcha un proceso de militarización y competencia estratégica en un contexto regional-global fracturado, y al mismo tiempo en reconformación.

El asidero sistémico de la militarización como corrupción de la economía y factor de ruptura social y política ha generado eventos catalizadoramente catastróficos previos, como la Segunda Guerra Mundial, que sucedió a un proceso de militarización y rearme. La historia dirá si una regularidad en la caída de los imperios estriba en que la militarización siempre precede a la caída.

La sociología estadounidense alertó desde mediados del pasado siglo: “Lo económico y lo militar se han fusionado en sus estructuras, la economía se ha convertido en economía bélica permanente”[1] (…) “Los términos en que se ha definido la realidad internacional son predominantemente militares (…) en los altos círculos ha habido una sustitución de la diplomacia (…) por cálculos relativos al potencial bélico y a la gravedad de las amenazas de guerra (…) el único plan seriamente aceptado para la “paz” es la pistola cargada hasta la boca (…) se piensa que la guerra o un estado muy activo de preparación para ella, es la situación normal y parece ser que permanente en los Estados Unidos”[2].

La vigencia de dicha alerta salta a la vista. Tal vez ninguna otra industria haya influido tanto en la política desde la posguerra como el Complejo Militar Industrial, al punto que, si no se entiende el negocio de las armas, no se entiende la política ni la economía de ciertas potencias.

Una novedad de la época en curso estriba, según parece, en la velocidad de la estruturalización del militarismo capitalista, caracterizada por la entronización de una militarización sistémica cuyo alcance y profundidad rebasan las “coyunturas” político-militares, como resultado del establecimiento del Estado militar al servicio del Capital militar y la transformación de la militarización en recurso sistémico permanente.

Operacionalmente, la militarización estructural es vista aquí como un proceso multidimensional, objetivo, sujeto a dinámicas propias, que muestra profundos antecedentes históricos y anclajes económicos entre el Capital militar y las elites del Estado militar profundo. Con frecuencia dicho proceso es estudiado, sobre todo, desde la correlación “gastos militares vs PIB Nominal”. Sin embargo, la militarización estructural derrama sus efectos hacia la vida, la economía, la sociedad, la política interna e internacional. Puede ser abordada también desde otras unidades de análisis que ayuden a explicar sus efectos a escala interna y regional-global.

Entre ellas: el número y alcance de las bases militares en el exterior; la cantidad de soldados, fuerzas y medios desplegadas; el número y misiones de la densa red de instituciones y tanques pensantes especializados en hacer estudios para la guerra –incluida la guerra híbrida-, que supera con mucho al de instituciones que promueven la paz; el resurgimiento del genocidio de pueblos y etnias, cometidos por Complejos Militares Industriales que se han erigido en beneficiarios económicos directos de genocidios, y constituyen, de hecho, CMI genocidas; el uso de la violencia militarizada o la intervención militar como herramienta para “mediar” conflictos políticos, sociales, humanitarios, migratorios, hecho que denota una injerencia injustificada del poder militar en asuntos civiles; la normalización del “poder duro” y el uso de la fuerza, la “paz americana”, “paz mediante la fuerza”, que capitalizó en la creación de un Departamento de Guerra y de una Estrategia de Seguridad Nacional militarista, belicista, injerencista, de despojo. Además,

El peso de las exportaciones militares en el conjunto de la estructura exportadora.  El Departamento de Estado de EE.UU. afirma que las ventas de armas son una importante herramienta de la política exterior estadounidense. En consecuencia, hoy su industrial militar no solo constituye una jugosa “esfera económica”, sino que se ha convertido en la esfera económica exportadora dominante.

El CMI ha tomado la posta de la economía norteamericana, en el entendido de su peso exportador respecto a otras esferas. Hoy Washington no solo es el responsable del 55 % los gastos militares globales (cifra que crecerá todavía más en 2027), y del 43 % de las exportaciones militares globales, sino que sus exportaciones militares se convierten en fuerza económica dominante. Una militarización estructural elevada al rango de fuerza económica dominante. Los datos aportados por el Departamento de Guerra dicen que durante 2024 y 2025 la industria militar resultó la mayor esfera exportadora del país, “con una cifra récord de 318 700 millones de dólares” en 2024 y 331 mil millones USD en 2025, supremacía que se va transformando en regularidad económico-exportadora. En valores, durante el año 2024 las exportaciones militares de Estados Unidos, superaron:

  • 1,29 veces las de petróleo y 4,6 veces las de gas natural.
  •  2,57 veces las de aviones civiles, partes y motores.
  •  3 veces las de productos farmacéuticos.
  •  4,5 veces las de maquinaria industrial.
  •  4,65 veces las de ordenadores y sus componentes.
  •  4,9 veces las de semiconductores.
  •  5,48 veces las de autos.
  •  5,67 veces las de aparatos eléctricos.
  •  6,9 veces las de material médico y materiales plásticos.
  •  7,7 veces las de equipos de comunicaciones.
  •  8,1 veces las de productos químicos.
  •  9,4 veces las de oro.

Durante el año 2025 creció aún más la brecha entre exportaciones militares y de otros rubros, pues las exportaciones militares superaron:

  •  1,52 veces las de petróleo y derivados.
  •  6,2 veces las de gas natural.
  •  1,02 veces las todos los demás bienes y servicios exportables, en conjunto.

Para el año 2026 el Pentágono dispone de 16 mil contratos militares con unos 99 países, que superan los 900 mil millones de USD. En realidad, 100 países, pues Estados Unidos, además, “exporta” millones de armas hacia la sociedad de los Estados Unidos.

La derrama militarista hacia la sociedad. El negocio de la militarización interna, que constituye un proceso intrínsecamente conectado con los intereses del CMI. Entre los años 2022 y 2025 se vendieron en EE.UU. más de 123 000 millones de USD en “armas civiles”. Solo en 2025 el mercado interno de armas ingresó 3,9 mil millones USD en rifles semiautomáticos AR-15. Las pistolas compactas de porte oculto vendieron 5,3 mil millones. Las escopetas y armas largas vendieron 1,5 mil millones, y los rifles de entrenamiento, 2,3 mil millones USD. El número de armas detectadas en los equipajes de mano en los puntos de chequeo de seguridad de los aeropuertos creció 2,2 veces entre 2020 y 2024, detectándose casi 30 000 armas, la mayoría de ellas cargadas. En los primeros seis meses de 2025 se detectaron más de 3,500 armas en los equipajes de mano, a razón de 20 por día.   ¿A qué costo humano? En promedio, cada día mueren en EE.UU. unas 125 personas como resultado de disparos producidos por “armas civiles”. Durante los años 2020-2025 fallecieron 272 200 personas, incluyendo 23 240 niños. En 2026, hasta el 16 de agosto, habían muerto 19 644 personas, además de 15 mil heridos.

La filtración de miles de armas para el crimen organizado, incluido el empoderar militarmente al terrorismo, a través de los llamados, “ríos de hierro”.  Se estima que cada año cruzan ilegalmente la frontera sur de Estados Unidos unas 250 mil armas modernas producidas por su CMI. Durante su visita a Jamaica en marzo de 2025 el secretario de Estado debió aceptar: “Cuántas de esas armas que utilizan las pandillas para cometer actos de violencia aquí en Jamaica, se compran en EE.UU. y luego se envían a aquí.  Los hemos recocido en nuestras conversaciones”.

El alto nivel de militarización de la ciencia, la tecnología e innovación, de las universidades y tanques pensantes, pagado con dinero del Departamento de Guerra o instituciones de inteligencia.  EE.UU. ejecuta el 30 % de los gastos globales en I+D. El 50 % de ellos está dedicado a la guerra, 120 000 millones de USD, equivalente al 14 % del Gasto militar total[3]. Estados Unidos gasta 2,3 veces más dinero en I+D militar que en investigaciones que tributan a la Salud; 6,25 veces más que en investigaciones sobre energía; 8,3 veces más que en Ciencias Básicas; 5 veces más que en I+D de tecnologías civiles, o 12,5 veces más que en investigaciones sobre el Medio Ambiente;

 El proceso de fusión entre el CMI y el Complejo Biomilitar Industrial. El Pentágono ha desplegado unos 300 laboratorios biológicos militares en el mundo, incluido en América Latina, los cuales llevan a cabo un proceso de colonización biológica global, de despojo de los recursos biológicos nacionales, cepas, bases de datos biológicas; la biopreparación del Teatro de Operaciones Militares para sus tropas, hecho que implica una violación “silenciosa” de la soberanía e independencia biológica de las naciones, además de la creación de nuevas armas biológicas, actividad en la que gasta anualmente 2 mil millones de USD y emplea a 36 mil especialistas, reproduciendo la tristemente célebre “experiencia” de biomilitarizacion de la Unidad  731, Ishii Shiro.

Los programas para la militarización del espacio ciber, del espacio cósmico-satelital, incluidos algunos planetas, que son esencialmente militares y/o de inteligencia. Si durante 2024 fueron lanzados 2 700 satélites, el 91 % de ellos privados, a EE.UU. correspondió la gran mayoría de estos, con 134 lanzamientos (SpaceX); a China, 48 y a Rusia, 17. Los Gobiernos hicieron ese año 300 lanzamientos de satélites, alrededor del 70 % de los cuales tributaron a la rama militar. De los 415 mil millones de USD que alcanzaron los programas satelitales ese año, con un 3 % de crecimiento interanual, más del 60 % correspondió a Estados Unidos. Hoy existen más de 50 000 millones de activos en órbita y 155 000 millones en infraestructura terrestre. Hacia 2030 se prevé existan 50 000 satélites orbitando[4]. Solo el programa militar “Cúpula Dorada” tiene asignados 1,2 billones de USD. El Pentágono anunció recientemente el despliegue combativo de la primera base militar operativa del mundo en el espacio extraterrestre.

Puede y debe identificarse la existencia de una dimensión expansiva de la militarización estructural, con el rearme y la remilitarización de Europa, Medio Oriente o Asia Pacífico, proceso funcional a los intereses estadounidenses. Particularmente los países de la OTAN resultan cada vez más meros mercados cautivos subordinados a la economía estructuralmente militarizada.  Así, la militarización estructural se derrama no solo a la política y la economía interna, sino también a la política internacional, provocando una deriva de militarización subordinada y hegemónica, como también una militarización espejo que reproduce la carrera armamentista entre grandes potencias, potencias regionales y países.

Por otro lado, Estados “históricamente neutrales” apartan sus estatus constitucionales de neutralidad, son arrastrados a bloques militares y se rearman. Si para algunas visiones las causas primarias de este fenómeno estriban en la dinámica de ciertas “amenazas”, para este trabajo dichas causas deben buscarse, primero, en la dinámica de la militarización estructural, y en su efecto expansivo interno, regional y global, de la mano del Capital militar.

Es evidente la correlación existente entre la militarización estructural y las guerras. La militarización estructural, vista como una entropía de la política, profundiza el caos en las relaciones internacionales.  Sin embargo, para D. Trump, “tenemos el ejército más grande del mundo y tenemos que usarlo”. Hacia el 25 de marzo de 2026, fecha en la que el 47 presidente cumplía solo 429 días en el cargo, el Pentágono ya había desencadenado ocho guerras o ataques letales.  Uno cada 53,6 días.

Logrado el objetivo de la militarización hegemónica, forzosa y subordinada de varias regiones, tal como declaró en su Estrategia de Seguridad Nacional, y sin esperar por ella, Washington creó un nuevo frente de guerra en la región de América Latina y el Caribe: usurpó el Canal de Panamá; desencadenó acciones bélicas de piratería y terrorismo de Estado; atacó Venezuela y secuestró a su presidente constitucional. Intenta apoderarse de tierras raras, metales preciosos y estratégicos, hidrocarburos, rutas marítimas geoestratégicas, acometer la explotación minera de fondos marinos en el Caribe, sin proponer una línea sobre cooperación entre iguales y paz en la región.

Salvo alguna excepción, América Latina y el Caribe era la región del mundo con menor nivel de gastos militares relativos al PIB, una Zona de Paz.  Sin embargo, la creación del Escudo de las Américas, con pretextos expiatorios, constituye un testigo “legitimador” de la militarización que se pretende en la región. El 7 de marzo de 2026 en Doral se habló de, “nueva coalición militar”, de “alianza letal”, de “comprar misiles a EE.UU.” La militarización subordinada y hegemónica de la región mediante la compra de armas al CMI estadounidenses constituirá uno de los objetivos de dicha “alianza”, aunque al decir de Smedley Butler, “ello sea invisible para muchos”. No olvidemos aquí a Lenin: “(…) Las alianzas (…) engendran una sucesión de formas de lucha pacífica y no pacífica sobre una sola y misma base de lazos imperialistas y relaciones recíprocas entre la economía y la política mundiales”[5].

Así, los atractores esenciales en torno a los cuales cual gira la política hemisférica de Washington son tan retóricos como reales: una seguridad y defensa que no está bajo amenaza de nadie, y el despojo de recursos que no le pertenecen. Mientras, la ayuda oficial al desarrollo a escala global se ha reducido un tercio en los últimos dos años, mismo tiempo en que se ha disparado de forma inédita la militarización estructural.

[1] Mills Wright, C (1960). La elite del poder. Política de altos círculos norteamericanos. Editorial Centroamericana, pp.50-51, 59.

[2] Ibidem, p.18.

[3] Merino, Gabriel (2025). Los complejos científicos tecnológicos. Una lectura desde la información estadística. OEI. Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad. Presentación. Diplomado Superior en Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología en Iberoamérica. Cuba, 3 de noviembre.

[4] Salvatierra, Guillermo (2025). El desarrollo satelital en Latinoamérica y el Caribe. Diplomado en política y gestión de la ciencia y la tecnología. OEI. Cuba. Noviembre de 2025. Conferencia.

[5] Lenin, Vladimir (1916). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Fundación Federico Engels. Madrid. [email protected], p. 72.Otros artículos del autor:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *