Múltiples interrogantes motivan filmes, series y otras narrativas audiovisuales sobre las connotaciones sociales de problemáticas que afectan nuestra vida cotidiana
En la era de los nativos digitales tiene lugar un nuevo proceso de comunicación, ellos son “productores” de relatos reconfigurados, adaptados a sus intereses, necesidades y demandas. Hoy, los textos no solo dependen de quienes crean, sino de cómo son analizados.
En ocasiones, escuchamos las confesiones de una muchacha: “Al ver la película pude comprenderlo mejor: lo que yo había leído en novelas y cuentos sobre soledades, tristezas y violencias, aquí, ahora, en cualquier parte del mundo son reales, posibles, angustiosas”.

Establecer relaciones entre diferentes fuentes del saber y de las experiencias motiva el estímulo del pensamiento crítico. El “yo creo” o “a mí me parece” limitan el análisis necesario, pues no existen hechos, objetos y medios de comunicación de visualidades “puras”, devenidas construcciones simbólicas complejas de un sólido espesor sensorial, mental e imaginario.
Todo “ver” es el resultado de una construcción cultural. ¿Quiénes leen, indagan, redescubren hallazgos, suelen “ver” lo antes apenas conocido? Pensemos: las narrativas audiovisuales son adecuadas por los artistas al panorama que otorga la comunicación en la era de Internet, la cual genera transformaciones condicionadas por la utilización de nuevos medios a partir de perspectivas tecnológicas, perceptivas e intermediales.
Por estos días, la retransmisión de la serie Uno, (Domingo, Cubavisión, 8:30 p.m.) coloca en el “ver” alertas necesarias. Los capítulos monotemáticos advierten sobre las violencias, sí, en plural: física, psicológica, económica, institucionales. Ante la pantalla televisual, esta puesta, y otras referidas a conflictos similares reafirman una verdad insoslayable: los mundos narrativos ficcionales recreados en el cine y la televisión colocan ante los ojos, el alma y la conciencia contextos que hacen posible además de “ver”, sentir la punta del iceberg. Ocultamientos y manipulaciones han sido socializados para legitimar el dominio masculino, el uso de la violencia como manera de mantener el control sobre lo femenino. Quizás se medita poco sobre esencias aprehendidas: el arte puede adelantar ideas, pensamientos, urgencias, que el conocimiento social no ha formulado aún. Incluso permite comprender lo difícil al tratarlo de otro modo para que sensibilidades y emociones participen mucho más.
De ningún modo bastan informes, datos, llamados a la reflexión. Necesitamos obras artísticas que trasciendan la suma de indicios y originen múltiples interrogantes en cada ser humano.
Viajan sin control, mediante diferentes dispositivos y por las redes, fragmentos de filmes o partes visionadas de algo que interesó. El ver responsable sustentado en disímiles emociones ayuda al análisis de estas manifestaciones creativas. Y nos enlaza con el paradigma que expusiera Roland Barthes al referirse a la “muerte del autor”. Los textos dependen no solo de sus creadores, sino de su lectura y por lo tanto pertenecen a la esfera de la recepción. Leamos la punta del iceberg y lo complejo de la madeja; a veces, nos enredan la existencia día a día.
La entrada ¿Es posible “ver” la punta del iceberg? se publicó primero en Revista Bohemia.
