La educación, las experiencias laborales estimulantes y una vida de ocio rica en actividades ayudan a mantener las capacidades cognitivas en las personas mayores de 65 años, fomentando una mayor competencia verbal y un mejor rendimiento.
Sin embargo, las emociones también desempeñan un papel importante: la forma en que las reconocemos y nuestra capacidad para interpretarlas pueden influir en la eficiencia de los procesos cognitivos durante el envejecimiento.
Esto queda patente en dos estudios realizados por el laboratorio de Raffaella Rumiati en la Escuela Internacional de Estudios Avanzados (SISSA) de Trieste, publicados en las revistas Neuropsychology y Brain Sciences.
Diversos estudios analizaron las respuestas a estímulos de un grupo de adultos mayores de 65 años «para identificar factores que contribuyen a mantener las capacidades mentales durante más tiempo», según señala Rumiati.
Las autoras principales de ambos estudios, Elisabetta Pisanu y Stefania Lucia, examinaron el papel de la reserva cognitiva, es decir, los recursos acumulados a lo largo de la vida mediante la educación, la experiencia profesional y las actividades de ocio.
Los resultados del primer estudio confirman que una mayor reserva cognitiva se asocia con un mejor desempeño lingüístico y una mayor capacidad para expresarse y encontrar las palabras adecuadas.
Las emociones positivas también ayudan a mejorar nuestro rendimiento lingüístico.
La reserva cognitiva (objeto del segundo estudio) es asimismo importante para mejorar la «memoria de trabajo»: la capacidad de recordar, procesar y utilizar información.
Aquí también entran en juego las emociones: nos hacen más eficientes y moldean nuestras respuestas.
Una elevada inteligencia emocional —es decir, la capacidad de reconocer, comprender y utilizar las emociones para orientar los pensamientos, las conductas y las relaciones— influye considerablemente en nuestra forma de responder a los estímulos.
En resumen, una vida intelectualmente activa mantiene sano el cerebro, mientras que los recursos cognitivos y emocionales colaboran para favorecer un envejecimiento más saludable y eficiente.
Los dos estudios se llevaron a cabo como parte del proyecto «Age-It: Ageing Well in an Ageing Society» (Envejecer bien en una sociedad que envejece).
Las pruebas «evaluaron qué sucede durante los primeros diez segundos, cuando necesitamos encontrar las palabras adecuadas para expresar nuestros pensamientos», un intervalo «suficiente para poner de manifiesto los efectos del envejecimiento y de la reserva cognitiva en el rendimiento lingüístico», explican Elisabetta Pisanu y Stefania Lucia.
Si bien «se observa una disminución del rendimiento en los sujetos mayores de 65 años», «la reserva cognitiva puede ser de gran ayuda».
Además, «a las personas mayores les resulta más fácil recuperar palabras asociadas a emociones positivas que aquellas vinculadas a emociones negativas».
Rumiati señala que «Italia es uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, junto con Japón», un logro «acompañado de una creciente demanda de servicios de atención sanitaria y social».
«Comprender cómo preservar las capacidades cognitivas significa mejorar la calidad de vida de las personas y contribuir a la sostenibilidad del sistema de atención sanitaria y social», concluye.

