El sobresalto en la cama
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El sobresalto en la cama

Un chispazo nervioso, una falsa señal de caída… Sobre la sacudida hípnica o espasmo mioclónico del sueño pregunta Leonel Sánchez, de Villa Clara


Es una de las experiencias más universales y desconcertantes del descanso humano. Estás a punto de conciliar el sueño, la mente empieza a flotar y, de repente, una sacudida involuntaria te devuelve bruscamente a la realidad, acompañada por la sensación de tropezar o caer de un precipicio.

Este fenómeno se nombra sacudida hípnica o espasmo mioclónico del sueño. Según precisa la Academia Americana de la Medicina del Sueño se trata de una mioclonía benigna la cual afecta a más del 70 por ciento de la población mundial y ocurre en el umbral entre la vigilia y la primera etapa del sueño. Esta se caracteriza por una contracción muscular repentina, breve y de gran amplitud.

La batalla de dos sistemas en el cerebro

Para entenderlo es necesario asomarse a la neurobiología de la transición al descanso. Tal como explican los investigadores del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de EE. UU, el acto de dormirse no es un apagado instantáneo, sino un proceso de negociación entre dos estructuras cerebrales contrapuestas.

Por un lado se encuentra el Sistema de Activación Reticular Ascendente, responsable de mantenernos alerta y conscientes. Por el otro está el Núcleo Preóptico Ventrolateral, la zona encargada de inducir el sueño liberando neurotransmisores inhibitorios.

Si el control del movimiento corporal se apaga antes de la actividad de la corteza cerebral, o si se produce un “chispazo” residual en las vías motoras mientras la mente aún conserva destellos de consciencia, el cerebro interpreta la repentina pérdida de tensión muscular como una señal de alarma física: la aceleración de una caída real. En respuesta, la corteza motora envía una descarga eléctrica de emergencia hacia las extremidades para intentar “recuperar el equilibrio”.

El reflejo de la copa de los árboles

Existe además una explicación evolutiva con amplio consenso en la antropología biológica. Investigadores de la Universidad de Colorado sugieren que el espasmo hípnico es un vestigio del pasado primate de la especie humana.

Durante millones de años, nuestros ancestros durmieron en las copas de los árboles para mantenerse a salvo de los depredadores terrestres. En ese entorno, una relajación muscular antes de afianzar la posición en la rama podía significar una caída mortal.

La sacudida mioclónica habría evolucionado como un mecanismo de defensa primario que obligaba al primate a despertar e inspeccionar su agarre antes de entregarse al sueño profundo.

Aunque la sacudida hípnica es completamente inofensiva, su frecuencia e intensidad aumentan bajo ciertas condiciones del estilo de vida, entre ellas la privación de sueño y la fatiga acumulada. Cuando el organismo se encuentra extremadamente agotado se incrementa la probabilidad de un desacople entre el cerebro y el sistema muscular.

El impacto directo de la cafeína, la nicotina y ciertos medicamentos mantienen hiperactivado el sistema nervioso central e impiden una transición gradual hacia la inhibición motora. De igual modo, el estrés emocional y la ansiedad prolongan la vigilia cerebral a través de una presencia constante de cortisol en sangre, propiciando el falso positivo de la caída al vacío. Finalmente, la práctica de ejercicio intenso a altas horas de la noche eleva la temperatura corporal y los niveles de adrenalina, dejando la masa muscular en un estado de hiperexcitabilidad.

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