Existe un viejo refrán que sugiere que “a palabras necias, oídos sordos”; llevado esto a lo comunicacional, sería algo así como cero divulgación a una declaración o discurso, como el caso que nos ocupa, la intervención de Donald Trump, el 47 presidente de los EEUU, en la sesión inaugural de la 81 Asamblea General de las NNUU (AGNNUU).
Claramente esto de desconocer el mensaje presidencial es en general para el gran público, no incluye a expertos en política exterior, funcionarios obligados al análisis puntual de lo que dicen otros líderes en la escena internacional, como la AGNNUU.
Y aunque bien merecería aplicarle al discurso de Trump mencionado, alguna medición del algoritmo, sobre su alcance en las redes sociales, no sería extraño que haya sido muy, muy, muy limitada. En la gran prensa estadounidenses ni hablar, porque los principales medios simplemente optaron por boicotear mediáticamente, por esos días, cualquier aparición pública del mandatario en respuesta a su franca violación de la primera enmienda (disque, libertad de prensa), en fin cosas del imperio.
Sin embargo, es muy grande la tentación para pasar por alto este discurso, que presumiblemente romperá récord de fanfarronería, tanto por lo que dijo como por el lugar usado, incluido ante el público presente, aunque en rigor las palabras del alto dignatario fueron concebidas para otros destinatarios, se verá más abajo.
Sin más, lo primero que hay que referirse es a las alusiones de Trump sobre Cuba. Cualquier adjetivo critico que se quiera usar, es bienvenido y seguro que apropiado, es por tanto innecesario calificar sus palabras emitidas para defender lo injustificable: el inconmensurable daño que sus políticas provocan contra los cubanos, como acto de guerra, tal el bloqueo energético, con efecto masivo, todo un castigo colectivo, no un daño colateral.
Palabras más, palabras menos, dice Trump que la culpa del mencionado sufrimiento es del estado cubano, que pronto caerá el gobierno y de paso admite que, gracias a su política, Cuba está sometida a presiones que no tienen precedente; no está claro si lo dice por error, total, es común en él eso, lo de las tales pifias.
De este párrafo se pueden deducir varios dislates, más bien, varias estupideces, si se quiere usar un lenguaje menos diplomático. Véase la contradicción, empieza por asegurar que Cuba es un estado fallido, culpa del comunismo, por lo que este desaparecerá más o menos en lo inmediato, pero después sugiere que la culpa no es del comunismo, sino de ellos, del gobierno estadounidense, por lo de las inéditas presiones.
Y en este punto está el gran desatino, tanto porque en la práctica exonera de culpas a las autoridades cubanas, como por la confesión propiamente dicha. Trump parece desconocer que, si hay un lugar en el planeta tierra, donde todos los años se debate la necesidad de quitar el bloqueo, consuetudinariamente negado por el bloqueador, es decir, sucesivos gobiernos estadounidenses, es precisamente en las AGNNUU, desde al menos 1992.
Como enorme curiosidad queda pendiente que dirá la representación del país bloqueador, el día que se debata la resolución condenatoria, algo que debe ocurrir entre octubre y noviembre; es de esperar que no contradigan a su propio jefe presidente, sobre la existencia de esta guerra económica a mansalva, contra los cubanos.
Lo de que el régimen cubano pronto va a caer, únicamente limitarse a la historia, tal y como es. El último presidente estadounidenses que hizo esa promesa en la sesión inaugural de la AGNN, fue Bush hijo, el alcohólico, por allá por el 2006 o 2007, es decir hace como 20 años. En fin, cosas del imperio, valga la redundancia.
También se puede deducir otro elemento, que de manera más o menos transversaliza toda la intervención de Trump en la 81 AGNNUU; como se decía más arriba, el mensaje tuvo en especial un destinatario: el elector estadounidenses; en este caso a su base MAGA más fiel, los únicos que probablemente aún se interesen por su discursos, también se incluye, por otras mezquinas razones, a los aportantes del loby sionista y del loby mafioso cubanoamericano, del sur de la Florida, respecto a Cuba.
Solo tomando en cuenta este “pequeño detalle”, lo del verdadero público meta del discurso de Trump, en su infructuoso esfuerzo por impedir un descalabro colosal en las elecciones de noviembre, es que puede explicarse la manera en que se refirió a su política hacia Irán, al que otra vez, nada menos que en la ONU, amenazó con hacerlo desaparecer, sino se alinean a sus espurias exigencias, algo súper improbable que ocurra, no importa las amenazas e incluso, reiterar lo de inútil a estas alturas, si es que el interés sea que baje drásticamente el precio del diésel y demás, en las gasolineras estadounidenses.
En un tono igualmente balbuceante, monocorde, el presidente estadounidense le dedicó otros minutos, a lo maravilloso que van las cosas por su país. Dijo que había bajado extraordinariamente la pobreza y que el ingreso promedio había subido, también de forma “alucinante”; esas cifras parecen no ser ciertas, al menos no lo cree más del 70% de la población estadounidenses, cuando le preguntan cómo va la economía del país. Sin dudas, el mandatario ya tiene instalado un grave problema de credibilidad, como se ha demostrado reiterada veces.
Trump también se vanaglorió que tenía el control “total” de Groenlandia, y advirtió que no permitiría ningún intruso allí. Cualquier cosa que eso signifique, otra vez el presidente mintió. Porque no es ninguna novedad un acuerdo para instalar bases militares de EEUU en esta isla gigante, territorio danés que forma parte de los arreglos internos de la OTAN; en su momento el Pentágono llegó a tener más de una docena de bases, en este colosal pedazo de hielo eterno, y al final se fueron, no por la hostilidad, de chinos o rusos, sino por el soberano frío eterno de estos parajes. Clima vs. Pentágono, otra vez, cosas del imperio.
El inquilino de la Casa Blanca dedicó un tiempo a México, celebrando que hay una robusta cooperación, en el contexto de la guerra regional contra el narcotráfico. En este punto no es tanto la mentira rampante, sino la implícita, en lo que debió decir y no tuvo el coraje de hacerlo.
Porque en el enfrentamiento al narcotráfico, ineludiblemente las autoridades estadounidenses tendrán algún día que encararlo desde el lado de la demanda, no solo desde la oferta, como hasta ahora. EEUU es el principal consumidor de drogas, hecho del que son responsables los propios gobernantes estadounidenses de otras épocas; y desde entonces de la comercialización de estas se obtienen fabulosos ingresos, que son lavados en la banca estadounidense, a lo que se suman fabulosos negocios de venta de armas, a los carteles mexicanos y demás. Todo es demasiado “fabuloso” para que por ahora eso se liquide, mejor culpar a terceros, evadir responsabilidades internas y de paso, usarlo como otra argucia para sus políticas agresivas y monroistas.
Volviendo al asunto del público presente en la sala de la AGNNUU, donde Trump habló, se aprecia otra “curiosidad”, a propósito de los devaneos del orador respecto a sus aportes a la paz mundial. Allí repitió lo de las 8 guerras que él logro desmantelar, otra tremenda mentira que inundó los más de 1600 metros cuadrados, lo que mide el salón donde estaba parloteando. Muy probablemente en ese momento no había otro lugar en todo el mundo, donde hubiera una mayor concentración, por metro cuadrado, de personas hiper informadas sobre la realidad internacional. Ya se dijo, ellos no eran el objetivo del mensaje, pero lo que queda en la superficie del evento, es el tremendo ridículo y la desfachatez del líder del país sede de las NNUU.
Trump ignoró no menos de 2 artículos de la Carta de las NNUU, cuando lanzó sus amenazas contra Irán y al confesar su responsabilidad en lo “fallido del estado cubano”; es decir, fue a la AGNNU a tratar a los demás como inferiores, subordinados, peleles; sensatamente, ¿alguien cree que eso será tolerado eternamente? Acaso la comunidad internacional no entiende que hoy son Irán y Cuba, pero mañana puede ser otro; ahí están los casos de Canadá, Panamá, la propia Groenlandia y México, o la incursión descarada, Cerimedo mediante, no olvidarlo, en varios procesos electorales “muy democráticos” en el sur de América.
Por cierto, la forma en que Trump se dirigió a la 81 AGNNUU fue muy sugestiva. Tono pausado, obvio, propio de un anciano, no hay que burlarse, aunque nadie lo obliga a estar en la presidencia; por momentos parecía surfear en aguas mansas, a pesar del lenguaje amenazante, como especie de sermoneo bélico, si es que puede admitirse la contradicción entre blandir las armas, en un mensaje religioso.
En cuanto al término de sermoneo bélico, bien vale la pena evocar frases célebres, propias del argot bíblico, religioso, dichas en otro momento, pero que parecen concebidas para abordar y reflexionar sobre Trump en esta 81 AGNNUU.
Hace ahora exactamente 20 años, cuando el comandante Hugo Rafael Chávez Fría, estuvo también en una sesión de alto nivel de la AGNNUU, la numero 61, señaló, textual: “Ayer estuvo el Diablo aquí, en este mismo lugar. ¡Huele a azufre todavía! en alusión a Bush, el borracho. Mucho antes, en 1954, el sueco Dag Hammmarsjold, a la sazón secretario general de las NNUU, expresó que “se ha dicho que la ONU no fue creada para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno”.
Trump fue a la AGNNUU como si fuera un predicador vocero del mal, confundiendo lo respetable de la tribuna del lugar, especie de catedral de la paz universal, con un vulgar escenario de una secta satánica, al estilo Epstein, siempre es recomendable recordarle, para entender mejor la comparación y la lógica de actuación del principal de la Casa Blanca.
Y en todo caso, después del paso de Trump por este escenario, habrá que limpiar de azufre, al menos lo que rodea la tribuna principal, donde se reúne la AGNNUU en su 81 edición. Todo esto es como una metáfora demostrativa de la situación del mundo, soportando el lento pero inexorable desmerengamiento del Imperio y como este trata de arrastrar a todos al “basso inferno”, lo más bajo de los 9 círculos, en el esquema esbozado por Dante Alligieri en su Divina Comedia.
No debe pasarse por alto otro elemento rigurosamente evidente, lo que decía el teleprompter tiene la firma, el cuño, de Marco Antonio Rubio García, el secretario encargado de gestionar la presencia de EEUU en la ONU, incluido los mensajes de su presidente. Así que mañana, o pasado mañana, cuando a alguien se le pidan cuentas por estos dislates, dado que necesariamente dañan el prestigio y la credibilidad de EEUU, pues ahí está el nombre indicado.
De la intervención del trumpismo en el arranque de la 81 AGNNUU, añadir por último, aquella atinada recomendación, atribuida a Napoleón: “cuando el enemigo se equivoca, no lo corrijas”. Es decir, de cierta forma se aplica a que el gran público ignore sus amenazas, sus falsedades, y la desfachatez con que suele comportarse el mandatario estadounidense. Los que están obligados a registrar el asunto, ya saben, dejen que Trump/MA Rubio García sigan dando este tipo de traspiés; en política generalmente conducen al abismo.
De las intervenciones de altos dignatarios en la AGNNU, es muy valioso retomar algo dicho por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, un lunes 26 de septiembre de 1960; sin poses, transparente, con su uniforme de recién bajado de la Sierra Maestra, con ese vigor que siempre le caracterizó, el líder cubano expresó: “Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra”. Asombra imaginar, cuan diferente hubiera sido el mundo de hoy, si mínimamente se le hubiera hecho caso a Fidel, quizás no se tendría al sr. Diablo sermoneando, en el hemiciclo principal de las NNUU. Amen.



