«El presente es de lucha; el futuro es nuestro», dice Díaz-Canel en una Cuba en ruinas

Mientras Cuba acumula ocho colapsos totales del sistema eléctrico en lo que va de 2026, la inmensa mayoría de su población carece de acceso adecuado a alimentos y cientos de medicamentos esenciales brillan por su ausencia en las farmacias, Miguel Díaz-Canel se reunió este jueves en el Salón Portocarrero del Palacio de la Revolución con un grupo de jóvenes para hablar del Che Guevara, derramar alguna lágrima y proclamar, con espíritu y palabras guevarianas, que «el presente es de lucha; el futuro es nuestro».
El acto, organizado por el régimen a propósito del 59.º aniversario de la caída en combate de Ernesto Guevara, fue descrito por la prensa oficialista como «emocionante», «estremecedor», «hermosísimo». Participaron la Primera Secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), Meyvis Estévez Echevarría; el miembro del Buró Político Roberto Morales Ojeda, la viceprimera ministra Inés María Chapman Waugh y el economista y escritor Carlos Tablada, entre otros.
Díaz-Canel no escatimó en frases para el archivo: «El Che no ha muerto: el Che se multiplicó», aseguró, en un país donde lo que sí se ha multiplicado es el hambre, los apagones y la emigración. También sentenció que «hay gente que no se explica cómo estamos resistiendo», una pregunta retórica que, fuera del Palacio de la Revolución, tiene respuestas bastante concretas: se resiste porque no queda otra, o simplemente no se resiste y se toma un vuelo.
El economista Tablada, por su parte, instó a los jóvenes a ser «siempre rebeldes» e «inconformes», y advirtió que «el día que perdamos la ética, perdemos todo». Claro que la rebeldía e inconformidad debe ser siempre contra «el imperio», jamás contra el régimen que ha hundido a Cuba en la miseria. Esa sí es una ética conveniente.
Uno de los momentos estelares del acto fue la presentación del proyecto Farma Joven, iniciativa de la UJC que distribuye medicamentos donados por organizaciones extranjeras a través de WhatsApp y visitas puerta a puerta. Díaz-Canel calificó esto de «actitud totalmente guevariana». Según admitió el propio mandatario el miércoles, la isla atraviesa una grave crisis de medicamentos, que, de acuerdo con diversos reportes, incluyen cientos de fármacos del cuadro básico.
Leanet Proenza del Hoyo, coordinadora del proyecto, describió la labor con crudeza involuntaria: «Hemos ido a las comunidades, entregando medicamentos a todo aquel que no tiene posibilidades, a ese ancianito al que le hace tanta falta. Hay que tocar las puertas. Hemos llegado a hogares de ancianos, a hogares de niños, a hogares maternos».
El telón de fondo del acto es una Cuba que difícilmente encaja en el relato heroico que el régimen construye con tanto esmero. Unos 2.7 millones de cubanos tienen el servicio de agua total o parcialmente afectado. Más del 30% de los hogares reportó que al menos una persona se acostó con hambre en el último mes, de acuerdo con datos recientes. Y se estima que más de 1.6 millones de cubanos han abandonado la isla desde 2020, según estimaciones del Council on Foreign Relations, en lo que constituye uno de los éxodos más masivos de la historia reciente del hemisferio.
Díaz-Canel añadió que el homenaje al Che era doblemente significativo «porque lo estamos haciendo en el año del centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz», como si acumular efemérides revolucionarias pudiera sustituir el combustible, los alimentos o los antibióticos.
Cerró el presidente sus reflexiones convocando al «hombre nuevo» guevariano: «No podemos construir un mundo mejor si no hay un Hombre nuevo», proclamó, ante una audiencia de jóvenes que, en su mayoría, probablemente sueñan con construir ese mundo mejor en otro país.
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