
@BeatrizYaisa
90
El Dr. C. Vicente José Hernández Moreno, especialista de segundo grado en Inmunología y director de la Unidad de Investigaciones Biomédicas (UNIB), constituye el referente de su campo en Villa Clara. Tantos años de experiencia le permiten hablar de epigenética, de microbiota y de que, a veces, la medicina más avanzada se parece bastante a la sabiduría del campo.
—¿Cómo terminó estudiando Medicina?
—Fue casi por accidente. Yo era vanguardia nacional en el preuniversitario y tenía un escalafón especial para carreras como Derecho Internacional o Relaciones Internacionales. Sin embargo, mi director tenía los pies en la tierra y sabía que esas carreras especiales no siempre llegaban a las provincias. A mí me gustaba mucho la Biología. Las matemáticas, el cálculo y la física no eran lo mío.

—Y dentro de Medicina, ¿por qué Inmunología?
—Era alumno ayudante de Medicina Interna e, incluso, llegué a ser instructor no graduado en sexto año. Pero ofertaron una plaza de Inmunología aquel año, busqué información y me convencí de que esa especialidad era la explicación científica de todas estas enfermedades que uno domina por la clínica.
«En aquel momento, solo se estudiaba en La Habana, cinco años, en pleno período especial. Me formé en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), en la división de micobacterias y tuberculosis. Hice una tesis sobre microbacterias atípicas. Cuando regresé a Villa Clara me ubicaron en el Centro Provincial de Higiene y Epidemiología, y abrí una consulta en el policlínico Chiqui Gómez».
—Usted fue uno de los responsables de que la formación doctoral en Ciencias Básicas saliera de La Habana y tuviera en Villa Clara su primer programa fuera de la capital. ¿Cómo lo logró?
—Cuando regresé de La Habana, ya en los años 90, aquí no quedaban casi doctores en Ciencias. A partir de ahí fuimos organizando un laboratorio de Inmunología en la universidad, que llegó a tener hasta 15 estudios diferentes, incluido el tipaje HLA para trasplante renal. La crisis fue lacerando todo eso, hasta que el laboratorio desapareció hacia 2005. En 2006 surgió la UNIB y poco después recibimos una inyección de capital por un proyecto de la ONG Atlantis Philanthropic. Eso nos permitió crear un laboratorio multipropósito, formar recursos humanos y lanzar el primer programa de formación doctoral en Ciencias Básicas fuera de La Habana. Hoy todos los investigadores de aquí son doctores en Ciencias.
—Su proyecto actual tiene que ver con la microbiota, la dieta y la inflamación. ¿Qué es exactamente la inmunoterapia epigenética que practica?
—La epigenética es la respuesta del organismo al medio, al ambiente, al estrés. Muchas veces no les damos importancia, pero esos factores son inductores de inmunodepresión, de enfermedades inflamatorias, de cáncer.
«Existe un proceso que se llama inflamación de bajo grado. Comienza desde que uno nace, con una dieta incorrecta, y se va incrementando con la edad, el estrés, el tabaquismo, el alcohol, las drogas. Llega un momento en que la persona se inflama. Y esa inflamación es la base de la diabetes, la hipertensión, las enfermedades crónicas y autoinmunes.
«Lo que hacemos aquí es medicina personalizada. Cada paciente es diferente. Evaluamos sus antecedentes, su entorno, y aplicamos cambios en el estilo de vida. No tenemos un gran arsenal de medicamentos, pero sabemos usar los que hay y, sobre todo, empleamos productos naturales».
—¿A cuáles se refiere exactamente?
—La cúrcuma, por ejemplo. Después de la epidemia de chikungunya vimos sus efectos como inmunomodulador, antiviral, antinflamatorio. El aceite de ajonjolí, las crucíferas, los vegetales de color rojo y violeta, que aportan licopenos, flavonoides, antioxidantes.
«Tenemos el PB2, una tableta natural a partir de la raíz de indio, que es sedante, inmunomodulador y antioxidante. En consulta lo uso mucho para controlar el estrés.

«Yo mismo crío abejas meliponas en casa y hago fórmulas para la familia y los vecinos. Hasta he pensado en hacer un proyecto más ambicioso para producir un medicamento, pero eso lleva financiamiento y hay que buscar al inversor. Ahora mismo tengo la esperanza de que nos incluyan en un proyecto con Bélgica para trabajar con la cúrcuma en el dengue».
—Ha mencionado que el azúcar es más peligroso que la grasa. ¿En qué se basa?
—Desde que el niño nace empieza a consumir azúcar, y no se la quitamos. Al contrario, le damos chucherías constante mente. El segundo gran problema son las harinas refinadas, esa a la que se le quitó el salvado y toda la fibra. De ahí salen la galleta, el pan, la pizza, los alimentos ultraprocesados: salchichas, perros calientes, refrescos en polvo, productos con conservantes y edulcorantes que afectan la respuesta inmune.
«El exceso de lácteos también bloquea la absorción de minerales; por eso vienen las anemias. La sal es necesaria, pero en su justa medida. Cuando uno logra que el paciente asuma estos cambios, los resultados son notables: hipertensos que reducen dosis, diabéticos que dejan la metformina».
—¿Cómo funciona la consulta multidisciplinaria que ofrecen aquí?
—En la UNIB tenemos cinco servicios científico-técnicos, y uno de ellos es el de inmunodiagnóstico para investigación bio médica. En esa consulta se sientan juntos el alergólogo, el dermatólogo, el psicólogo y el inmunólogo. El paciente sale con un diagnóstico y un tratamiento integral. Ahora mismo está detenida por el problema del transporte, pero seguimos viendo a los pacientes de forma aislada.
—Un consejo para un estudiante que quiera ser inmunólogo hoy.
—Especialmente para mi hijo, que está valorando esta especialidad. La Inmunología es muy amplia: tiene docencia, investigación, asistencia. El inmunólogo puede insertarse en cualquier área. Y el futuro de la Inmunología está empezando ahora, con la inteligencia artificial, las técnicas de edición génica. Pero todo eso también se puede hacer con epigenética, con dieta, con control del estrés, con productos naturales.
«Aquí no tenemos lo que hay en Ámsterdam, pero disponemos de ajo, cebolla, centella asiática, moringa. Y eso también es Inmunología. Paulino, un profesor mío, me preguntó un día desde Holanda: “Guajiro, ¿tú estás haciendo epigenética en Cuba?”. Y yo le respondí: “Aquí estamos, Paulino, con lo que tenemos”».
