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Mientras en la arena internacional se intenta legitimar la ley del más fuerte como única posibilidad, el fortalecimiento del intercambio entre los pueblos podría interpretarse como un sueño muy lejano. Sin embargo, justamente en contextos de tensión es donde mayor relevancia debemos dar al diálogo.
Pongamos a un lado tanto titular y tuit altisonante. Silenciemos los llamados a proteccionismos, bloqueos, amenazas y el uso de la fuerza que parecen ser las únicas alternativas, según proponen algunos.
Una vez que hayamos salido de esas estridencias podremos preguntarnos: en las circunstancias actuales caracterizadas por tanta interdependencia, ¿cómo deberían trabajar las naciones en la construcción de un destino certero para la Humanidad?
Quien pretenda desconocer la capacidad de comunicación de los seres humanos estará negando una cualidad inherente y relevante para el mundo de hoy. ¿Cómo, si no es con ella, podrían enfrentarse desafíos comunes como la pobreza, la protección medioambiental y el crecimiento económico sostenible?
Históricamente, las soluciones obtenidas gracias a la unión han fortalecido a los seres humanos. Por eso, en la arquitectura de las aspiraciones, los puentes han tenido y seguirán teniendo protagonismo.
Sobre esa convicción se fundamenta el concepto de diálogo de civilizaciones.
Aún en medio de turbulencias e inestabilidades, ¿qué derecho tenemos a abandonar la certeza del intercambio por la incertidumbre de la confrontación? Todo lo contrario: necesitamos dotarlo de nuevas fortalezas.
En ese sentido aporta respuestas el informe Acciones de China para Promover el Diálogo Global entre Civilizaciones, publicado por el Instituto Chino de Estudios Internacionales (CIIS). El documento parte de la Iniciativa de Civilización Global, presentada en marzo del 2023 por el presidente Xi Jinping y analiza acciones desplegadas para su implementación.
Los resultados deben analizarse considerando que dialogar implica desafíos, especialmente ante la diversidad de intereses y niveles de desarrollo del mundo. Justamente, en sus primeras páginas, el informe se refiere al principio de la «armonía sin uniformidad» proveniente de la milenaria cultura china.
En correspondencia con esa premisa, el apoyo a las Naciones Unidas como «la organización intergubernamental más universal, representativa y autorizada en la actualidad» ha sido un elemento central del enfoque.

En ese ámbito ha sido significativa la adopción por consenso en la Asamblea General, en junio del 2024, de la resolución propuesta por China y otros 82 países que nombró el 10 de junio como el «Día Internacional del Diálogo entre Civilizaciones». Que la comunidad internacional acoja una fecha dedicada a este concepto da muestras de su relevancia.
La Iniciativa también ha encontrado expresiones concretas en mecanismos de cooperación internacional. Entre ellos, la profundización del intercambio en el marco de la Franja y la Ruta, la promoción de vínculos entre pueblos en los BRICS y el incremento de los nexos con los Estados miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái. Las acciones aportan un eje transversal con otros sectores, incluyendo relaciones entre partidos políticos para compartir experiencias de gobernanza, así como la realización de programas culturales.
CUBA EN LA RUTA DEL DIÁLOGO DE CIVILIZACIONES
El informe facilita la comprensión del alcance de la Iniciativa y ofrece claves sobre la acogida en múltiples naciones, entre las cuales se encuentra Cuba.
Desde la Isla se ha reflexionado sobre estos temas y su relevancia contemporánea. En 2007 fue publicado el libro El diálogo de civilizaciones, que reunió dos intervenciones del Comandante en Jefe Fidel Castro, dedicadas al entendimiento entre los pueblos y los desafíos del mundo.
Tanto la Iniciativa de Civilización Global, como las de Desarrollo, de Seguridad y de Gobernanza Global, han sido respaldadas por la Mayor de las Antillas. En la Declaración Conjunta entre Cuba y China sobre la aceleración de la construcción de una Comunidad de Futuro Compartido entre ambas naciones, firmada el 4 de septiembre de 2025, Cuba reconoció «su carácter inclusivo y sostenible, en correspondencia con las aspiraciones tanto de los países del Sur Global como con los deseos comunes de construir un mundo mejor».

Mientras crece la capacidad de interconexión entre las naciones, debemos fortalecer las formas de coexistencia y buscar mayor claridad sobre el porvenir. Responder qué futuro queremos y cómo llegaremos a él requiere de propuestas adecuadas a las realidades de hoy y que no desconozcan el acervo histórico de la Humanidad.
Ante las nuevas preguntas, el diálogo de civilizaciones ofrece respuestas en el camino a ese mundo mejor que siempre será posible.