Pensemos sus riquezas visuales, expresivas y comunicativas en su dimensión estética de connotación artística
Satisfacer el viejo apotegma: de ver para creer, lo que muestran las pantallas grande y pequeña (el cine y la televisión) continúa siendo un desafío creciente en el mundo. La diversidad de sensibilidades e identidades, el negocio de los formatos y los novedosos modos de contar ponen en crisis las rutinas productivas. Sin dudas, obligan a decir de otra manera. ¿Más imaginativa, más arriesgada teniendo en cuenta los entornos tecnológicos y los nuevos imaginarios?
Al parecer, se lo ha propuesto Felo Ruiz, director de fotografía y director general de la telenovela cubana Entre aguas que transmite Cubavisión. Su ver implica a la dirección actoral, la intencionalidad y la gestualidad de Lía, protagonista recreada por la talentosa Flora Borrego. Extiende ese afán al resto del elenco.
Nunca pierde una mira definida: motivar la reflexión de los públicos. Es consciente de cierta exigencia olvidada a veces, en la televisión la evidencia de la imagen es un principio expresivo y se impone por encima del poder creativo formal. La tendencia en este medio debe ser a un primer plano y no a un plano general de sugerencia estética. De ningún modo esto quiere decir que la TV rechace la belleza formal; justamente la belleza está en su propia evidencia al sugerir con inmediatez y veracidad.

Este requerimiento suele violarse en algunos noticieros e informativos. La espectacularidad de la TV exige velar por su propio lenguaje. Lo ideal de la entrevista periodística es el plano medio, incluso se suele llamar dramático, porque ofrece cercanía y contexto. Los planos generales o close up (primer plano) ubican, pero distraen y aburren rápidamente.
Si quienes crean, dirigen, utilizan la técnica, consideran las referidas particularidades, lograrán una estética libre de conflictos gráficos, de planos, volúmenes espaciales de luz y relaciones entre el acontecimiento que ocurre en la escena y su naturaleza informativa.
También los públicos comprenderán la importancia de los movimientos de cámara tanto en narrativas de este tipo como ficcionales.
¿Qué plantea el lenguaje del cine? Llega a la evidencia por medio de la sugerencia estética. La demuestra en la dimensión artística del concepto, como lo logra Alejandro Gil, director de la serie ADN y del filme Inocencia, por solo citar dos obras pertenecientes a su exquisito conjunto autoral.
Al considerar las particularidades estilísticas de Felo Ruiz y Gil apreciamos sus respectivas comprensiones del arte como un sistema de signos que se articula con intencionalidad comunicativa. Ubican la visualidad en la condición de jerarquía pensada para establecer la oportuna capacidad dialógica y cautivan al espectador implicándolo emocionalmente desde lo vivencial.
El cine y la televisión son “indiscretos” por sus respectivos planteamientos de realidades sensoriales que incluyen visualidades, audios y referencias icónicas. Esa “indiscreción” es un principio ineludible. A propósito, recordemos la sabiduría de cineasta y teórico cubano Julio García Espinosa en el año de su centenario. Reconoció: “La forma no es adorno ni plumaje, conceptúa el tema, o si se quiere, el contenido”
Ambos medios se han convertido en vasos comunicantes. Su retroalimentación favorece las dinámicas cinematografías y audiovisuales destinadas a la escena mediática y suelen competir en ese complejo universo.
En ocasiones, se simplifica el impacto de la TV, su capacidad para persuadir desde el espacio íntimo donde coinciden discursos e imágenes que representan circunstancias y conflictos diseñados en dependencia del interés y de las intencionalidades de equipos creativos y televisoras.
El guion determina la estructura interna de una obra, condiciona el resultado artístico, es lo primero que exige confrontar actores y especialistas antes de aceptar proyectos. Un buen guion permitirá al director realizar búsquedas y connotaciones, en beneficio del texto audiovisual.
Pero él no constituye el todo de cinematografías y audiovisuales. Los públicos precisan ver la historia en acción, son conscientes de una máxima del canon griego: “la perfección está en la unidad de las partes”. Conseguirlo demanda la coherencia y la verdad artística de cada elemento implicado en el relato; de nada vale solo privilegiar componentes cognoscitivos, ideológicos, formales o de otro tipo.
Lo demuestra la telenovela turca Ciudad cruel (Multivisión, de Lunes a Viernes 3:00 p.m). Esta tragicomedia explora actitudes de personajes-tipos, situaciones límites, rivalidades, frustraciones y venganzas. Establece una relación mimética entre el orden de la acción y el de la vida, aplica una refiguración de la experiencia temporal. Acude a leyes y cánones establecidos en el género como instrumentos del conocimiento humano.
Toda puesta es el resultado de un proceso, este exige autenticidad estética aunque no incluya referencias a la realidad exterior. La referida ficción cautiva a las mayorías motivadas por una pregunta: ¿qué pasará en el capítulo de hoy? Poco se presta atención a la visualidad de Ciudad cruel y a su lenguaje que enfatiza atmósferas, detalles de las sombras y las altas luces enfocadas en la orgánica relación entre textos lingüísticos, interpretaciones actorales y diseños sonoros.
La sugerencia polisémica del valor artístico es una cualidad integradora, se piensa y se realiza en el proceso creativo, no admite improvisaciones, ni negligencias, que suelen afectar las partes y el conjunto de la puesta.
Las singularidades de los contenidos implican todo lo que se cuenta. El asunto es saber contarlo. Un reto para quienes hacen cine y televisión en el planeta.
Analizarlo propicia alejamientos de cualquier espejismo de facilidad en la lectura ante las pantallas grandes y pequeñas. Verlas e interpretarlas nutre el intelecto y la espiritualidad desde edades tempranas. Pensémoslo.
La entrada ¿El cine y la televisión son “indiscretos”? se publicó primero en Revista Bohemia.