El Caso Pandora
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El Caso Pandora

Un hecho poco conocido por los jóvenes de hoy de la historia de Cuba en el cual se evidencia la capacidad de Fidel y Raúl como estrategas


Durante más de cuatro décadas nuestro país se ha estado preparando con el objetivo de hacer inviable cualquier agresión armada de los Estados Unidos. El mejor ejemplo de la realización de ese esfuerzo cubano ante las amenazas del imperialismo yanqui es el surgimiento de la doctrina militar denominada la Guerra de Todo el Pueblo.

Los dos creadores de la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo. / Archivo Bohemia

Tal doctrina se basó en una realidad: aun cuando los Estados Unidos pudieran destruir al país, basándose en una guerra superior en tecnología, necesitarían ocuparlo completamente con tropas y, en esas condiciones, con nuestro pueblo organizado en ciudades, montañas, bosques y zonas de defensa de todo el territorio nacional; dentro de túneles, fortificaciones, zanjas, cuevas y trincheras en las que preservar las vidas humanas y las armas, se empezaría una guerra de hostigamiento y desgaste la cual implicaría, a la larga, una situación imposible de afrontar por el invasor.

A esos conceptos novedosos lo complementaría el autofinanciamiento alimentario de nuestros compatriotas. Y es elemental no perder de vista una cuestión: el cambio hacia ese tipo de doctrina fue realmente el inicio de un largo y sostenido esfuerzo de la Revolución Cubana ante los evidenciados anexionismo y voracidad imperiales.

Teniendo en cuenta la práctica habitual, expansionista y neofascista de Estados Unidos, durante todos estos años se ha prestado especial atención a la organización y entrenamiento armado de las Milicias de Tropas Territoriales, y las correspondientes y bien delimitadas Zonas de Defensa, donde cada cubano tendrá un arma y un sitio donde resguardarse y defenderse adecuadamente.

También se ha procedido a la ejecución de obras de protección en las cuales tomaron parte miles de compatriotas y a la integración, en fin, de un sistema que incluye a las fuerzas populares y a las regulares, encargadas de la defensa y de la producción.

La chispa de esta estrategia

En enero de 1981 tomó posesión presidencial Ronald Reagan. Toda su campaña electoral estuvo signada de una perversa política anticomunista, la cual buscaba borrar el “síndrome de Viet Nam” y restablecer el liderazgo estadounidense en el llamado “mundo libre”.

Enfilado especialmente contra América Latina, y en particular hacia Cuba, la visible plataforma del nuevo régimen imperialista se concentró en un titulado “Documento de Santa Fe”.

Este alevoso engendro pretendía realizar una nueva política interamericana para la década de los 80. Según prescribía su texto, las Américas se encontraban bajo un severo “ataque soviético”, que utilizaba de avanzada a Cuba, su “Estado vasallo”, y recomendaba la instalación de una emisora con una programación subversora del orden establecido hacia nuestra pequeña Patria; ese proyecto se hizo realidad en 1985 con el funcionamiento de la irrespetuosamente llamada Radio Martí. Consideraba que si no surtía el efecto esperado se apelaría a la intervención militar.

Los genocidas estadounidenses olvidaron tres cosas elementales: a Fidel no le gustaba ser amenazado; las Fuerzas Armadas Revolucionarias habían logrado forjar las más potentes tropas combativas y defensivas de toda Latinoamérica; y el pueblo cubano, según declaración de su Comandante en Jefe, “no conocía lo que era el miedo”.

Las FAR se habían vertebrado en forma de un ejército regular preparado para una guerra moderna, aunque convencional. Se habían fortalecido por el suministro gratuito de armas enviadas por la URSS y el asesoramiento de jefes y oficiales de ese país.

Cuba en realidad no hacía descansar su defensa solo en el poderío soviético o del Pacto de Varsovia, pero consideraba a la solidaridad de sus aliados un factor importante en la contención del potencial agresor de su tradicional enemigo.

Una mala noticia para Cuba

La posibilidad objetiva de una agresión armada de Estados Unidos repitió la situación de lo ocurrido cuando la Crisis de octubre de 1962. Por eso, el general de Ejército Raúl Castro viajó a Moscú. Allí se entrevistó con el Secretario General del PCUS, Yuri Andrópov, el 29 de diciembre de 1982 –diálogo no revelado hasta pasada más de una década; cuando le sugirió, como vía para frenar la agresividad estadounidense, una declaración oficial acerca de que “una agresión a Cuba no sería tolerada por la Unión Soviética”, recibió una respuesta categórica: “Nosotros no podemos combatir en Cuba, porque ustedes están a 11 000 kilómetros de aquí” y agregó: “¿Vamos a ir allá para que nos partan la cara?”.

Fidel departe con Vilma Espín y mujeres integrantes de las MTT. / Archivo Bohemia

La rotunda afirmación se convirtió en un secreto solo compartido durante los años siguientes por Fidel y Raúl. La actitud del Comandante en Jefe ante aquella noticia está en la siguiente afirmación: “A Cuba la defenderemos con nuestra sangre y con nuestra propia piel”.

Aquella respuesta soviética reafirmaba dos inesperados elementos nuevos: el profundo proceso de reversión y deterioro interno que se estaba produciendo allí y la convicción de la necesidad de basar la defensa de Cuba únicamente en sus propias fuerzas. Esta amarga realidad hizo surgir la estrategia de la Guerra de Todo el Pueblo.

Aclaración de Raúl al ser entrevistado

El general de Ejército, 12 años más tarde, reveló detalles interesantísimos en torno a la negativa soviética en diálogo con el periodista mexicano Mario Vázquez Raña, publicado en Granma el 23 de octubre de 1993: “A principios de la década del ochenta sostuve una entrevista oficial con el Presidente del Soviet Supremo y Secretario General del PCUS, Yuri Andrópov […]

“Era el momento más virulento del primer período de Reagan y su prepotente secretario de Estado, Alexander Haig, exgeneral y Comandante Supremo de la OTAN, quien planteaba sofocar las revoluciones en Centroamérica, liquidando su fuente, según él, en Cuba […] Ello nos obligó a guardar celosamente el secreto para no estimular al enemigo y a redoblar nuestra preparación para librar la Guerra de Todo el Pueblo si el imperialismo nos la imponía”.

Ese asunto fue codificado Caso Pandoray el entonces ministro de las FAR añadió en aquel diálogo periodístico: “Asimilamos la experiencia y de todo ello sacamos mayores energías con el fin de prepararnos para asumir solos nuestra misión histórica, como siempre habíamos librado nuestras guerras por la independencia”.

Medidas tomadas por Cuba

Mencionó Raúl en aquella entrevista los objetivos inmediatos de esta doctrina militar: “Incrementar al máximo nuestras reservas militares de todo tipo, objetivo logrado; iniciar la creación de las reservas estatales; modernización y completamiento de nuestra industria militar; mejorar cuantitativamente el armamento; [adoptar] medidas de control de nuestras tropas regulares y modernizar las ya existentes; así como adquirir el armamento y demás medios con los cuales abastecer al ciento por ciento el personal en plantilla de todas las unidades de las Milicias de Tropas Territoriales, para poder disponer de lo necesario para librar sin ayuda del exterior […] una guerra de cien años si fuera necesario”.

Raúl dialoga con el periodista mexicano Mario Vázquez Raña. / Archivo Bohemia

El general de Ejército también expresó: “Las tropas terrestres son las fuerzas decisivas, ya que los combates, una vez desembarcado el enemigo, se librarían sobre nuestro suelo, hombre a hombre, a tiro de fusil. Y en esas condiciones, la superioridad moral de los que defienden su patria es infinitamente mayor a la del odiado invasor.

“El conocimiento del terreno, que hemos estudiado y acondicionado, palmo a palmo, también nos da una gran ventaja real. Y contamos con millones de hombres y mujeres entrenados y armados. Frente a este avispero, ¿podría el enemigo superarnos numéricamente?

“La eficiencia de la aviación enemiga en parte se anula cuando sus soldados y los nuestros se confunden en el campo de batalla. En una guerra prolongada, si de cada dos o tres francotiradores nuestros –y tenemos decenas de miles– uno de ellos aniquila a un yanqui, preferiblemente un oficial, ¿podría el invasor asumir tantas bajas y persistir en la agresión? Y esto es igualmente válido con respecto a nuestras Tropas Especiales. La guerra estaría perdida para el agresor”.

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