Un trozo de glaciar, que rodó desde 5 200 metros de altitud, originó una calamidad climática. Sirva lo sucedido de llamado urgente al mundo
Cual si fuera un espíritu errante e inquieto, el cambio climático se manifestó en toda su crudeza y con dolorosa elocuencia de destrucción y muerte: este 26 de agosto de 2026 los nepalíes se vieron arrastrados por un aluvión de agua y lodo. No es porque los expertos se hayan desentendido de sus labores alertadoras; es más, llevan años con reiteradas advertencias sobre las nefastas consecuencias del aumento de temperatura en mares y glaciares. Pues sí, de repente las nieves del Himalaya dijeron: ¡estoy aquí!, y rodaron cuesta abajo con potencia descomunal.

/ news.un.org
Fuentes consultadas dan cuenta de algunas imágenes satelitales, las cuales indican que se trató de una masa de hielo y roca desprendida de una ladera cubierta de glaciares en el Tíbet. Su recorrido y magnitud, según los Servicios Geológicos estadounidenses, fueron comparables a los de un sismo de magnitud 5.2 de la escala Richter.
Por su parte, el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de Montaña (Icimod) ya había explicado en 2023 cómo “los glaciares del Himalaya desaparecieron un 65 por ciento más rápido entre 2011 y 2020 que en la década anterior”; “los glaciares del Himalaya tienen actualmente una tasa de pérdida de hielo el doble de la que tenían en el año 2000. No es un problema lejano, es una crisis que se desarrolla en tiempo real”, expuso.
Recurrentemente se demuestra la inconsecuencia de los políticos del mundo desarrollado, quienes en algunos casos desconocen las advertencias serias y, en otros, hacen la vista gorda y prosiguen campantes sus planes estratosféricos de inversiones en detrimento del medioambiente. Así tenemos la selva amazónica dañada y las inundaciones costeras de los pequeños estados insulares.
Es entonces cuando sueltan lágrimas de cocodrilo poniendo el grito en el cielo frente a la tragedia nepalí, cuyo saldo, hasta esta edición, es de más de 4 200 desaparecidos y 1 000 muertos, muchos de origen humilde.
La labor del gobierno de Nepal es encomiable, pues ha logrado movilizar a 20 000 voluntarios para las operaciones de búsqueda y rescate. De igual manera, el gobierno de esa nación asiática ha emitido estado de emergencia para 15 de sus municipios y otras dos áreas se consideran afectadas, en especial las colindantes con China.
Mientras, China también golpeada activa la solidaridad hacia la ciudad de Shenzhen y hacia Nepal, con el envío de ayuda humanitaria de emergencia, como son drones, equipos de purificación de agua, de iluminación y aditamentos para las pruebas genéticas. Entretanto, la ONU recabó apoyo internacional para unas 65 000 personas, de ellas 22 000 niños y lactantes, y cerca de 10 500 mujeres embarazadas.
En aras de demostrar la viabilidad de la solidaridad, en un mundo cada vez más egoísta y cínico, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU mandó hacia las zonas afectadas 80 toneladas de alimentos perdurables y otros terapéuticos para niños con malnutrición severa. En vuelo poético, es hermoso que, ante las “señales”, la gente y la comunidad sean empáticas; pero, siendo pesimistas y realistas, de mantenerse las mismas políticas inversionistas y depredadoras, aliadas del calentamiento global, el “Espíritu” mojado del Cambio Climático volverá a materializarse. ¿Cuándo? En cualquier momento.
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