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Una herida abierta que el mundo vuelve a condenar
“El bloqueo es cruel, es duro, es una medida impuesta contra el pueblo, contra hombres, mujeres, niños; el bloqueo es, incluso, un acto genocida.”. Cuando Fidel Castro pronunció estas palabras, no hablaba de una abstracción geopolítica ni de un diferendo entre Estados. Hablaba de la vida cotidiana de un pueblo entero, de la asfixia programada de una nación. Décadas después, esa definición no ha perdido un ápice de vigencia: sigue siendo la descripción más exacta de una política que Washington no ha querido desmontar, pero que la comunidad internacional vuelve a repudiar con una claridad abrumadora.
La más reciente votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas —la trigésima cuarta ocasión en que Cuba lleva su reclamo— lo confirmó: 130 países exigieron el fin del bloqueo económico, comercial y financiero, frente a solo 17 votos en contra y 25 abstenciones. No es un dato menor. Ocurre en un contexto de presiones groseras y chantajes de todo tipo por parte de Estados Unidos para revertir el resultado. Que la mayoría del mundo haya vuelto a alzarse contra el cerco es una victoria de la verdad y de la solidaridad, pero sobre todo es un acto de justicia elemental con un pueblo que resiste.
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Porque los números del bloqueo no son fríos: son letales. Entre marzo de 2025 y febrero de 2026, las pérdidas económicas para Cuba alcanzaron los 8.083,3 millones de dólares, y el daño acumulado supera ya los 178.700 millones. Sin el bloqueo, el Producto Interno Bruto cubano habría sido un 10,8 % superior en 2025. Pero detrás de esas cifras hay algo mucho más grave: la restricción deliberada de alimentos, medicinas y combustible.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, denunció sin ambages en junio de 2026 que las sanciones estadounidenses están “poniendo en peligro vidas” y afectan directamente a los más vulnerables. A esa advertencia se suman datos estremecedores: la mortalidad infantil ha aumentado a 9,9 por cada 1.000 nacimientos, más del doble que en 2018; la supervivencia de los niños con cáncer ha caído del 85 % al 65 %; la disponibilidad de medicamentos esenciales ronda apenas el 30 %; y la producción de alimentos ha sufrido un fuerte impacto debido, entre otros factores, a la escasez de combustible.
Türk fue categórico: “Los niños están muriendo porque los médicos no tienen acceso a suministros y medicinas esenciales. Esto es inaceptable”.
Fidel lo advirtió de otra manera, con la claridad de quien conocía el costo humano de la agresión: “El intento de rendir por hambre y por enfermedad a un país es un gran crimen de carácter masivo, y debe ser prohibido, condenado y juzgado como tal”. No se trata de retórica. Se trata de una política que, como recordó el líder histórico, no se mide solo por sus efectos económicos: “Constantemente cuesta vidas humanas y ocasiona sufrimientos dolorosos a nuestros ciudadanos”.
Frente a esa realidad, la solidaridad entre los pueblos no se ha quedado de brazos cruzados. En agosto de 2026, más de 1.500 delegados de 63 países se reunieron en La Habana, en el marco del centenario del natalicio de Fidel, para articular una nueva hoja de ruta contra el bloqueo: denuncia política, batalla legal, solidaridad material y movilización popular. Allí se escuchó una consigna que resume el espíritu de las causas justas: “La solidaridad no se bloquea”. Organizaciones de Europa, América Latina, África, Asia y hasta de Estados Unidos han mantenido el pulso, y en la Cumbre Iberoamericana que tiene lugar en Madrid (4 y 5 de noviembre de 2026) el tema volverá a estar sobre la mesa.
Quienes defienden la hermandad y la paz mundial saben que el bloqueo no es un instrumento de presión política legítimo: es un castigo colectivo que viola los derechos humanos más elementales y que atenta contra la soberanía de un pueblo que ha decidido construir su propio destino. Fidel lo dijo con todas las letras y el mundo comienza a entenderlo: el bloqueo es cruel, es duro y es genocida. Levantarlo no es un favor a Cuba: es una deuda moral con la humanidad.
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