“Ese hombre es el alma de la Empresa”, fue la frase que dijeron reiteradamente sobre él quienes ayudaron a concertar la entrevista, acudió a ella sostenido por muletas y con un yeso en una de sus piernas, por un accidente de trabajo, que no duda en calificar como negligencia suya, por exceso de confianza al maniobrar unas tuberías.
Pedro Luis Rieunot García, es ingeniero en Mecánica Industrial, lleva más de dos decenios laborando en la misma entidad, que nació citrícola, sobrevivió a su desaparición y hoy se reinventa con nuevas tecnologías.
Con la primera pregunta, aflora su modestia: “Eso del alma es un concepto que quizás viene por el grado de pertenencia que tengo; esto anteriormente era un envasadero de cítricos, hubo que demolerlo para hacer la empresa Mixta Citrus y en ese momento llegamos nosotros. Estuvimos alrededor de 10 años en este proceso de las producciones de jugos concentrados y aceite esencial, con un colectivo muy bueno. Es como uno ver a su hijo crecer, formarse. Eso llevó a ir aumentando el sentido de pertenencia, y se mantiene hasta hoy día. Quizás por eso lo del alma, por la dedicación que uno le ha dado.”
– ¿Cómo fue el momento en que la industria dejó de procesar cítricos?
“Por los problemas que hubo con el cítrico —envejecimiento de las plantaciones, enfermedad—, prácticamente desapareció el cítrico en el país, y la empresa Mixta cesó. Hubo un periodo de seis años en que tuve que vincularme a otras actividades, en prefabricado del Micons (Ministerio de la Construcción), hasta que deciden entregarle la instalación a la empresa de Enrique Troncoso. Ahí me incorporo de nuevo, yo y otro compañero mío. Poco a poco fuimos activando área por área, que antes eran para la producción del cítrico, para destinarla a lo que había y lo que hay actualmente: el procesamiento de frutales —guayaba, mango, frutabomba— y hortalizas, que es el caso del tomate, para la elaboración de puré, salsa y los derivados que se obtienen del tomate.”
– ¿Qué implicó esa reconversión desde el punto de vista técnico?
“Hubo que empezar a hacer innovaciones para adecuar el equipamiento, hacer transformaciones. No solo fue el intelecto del grupo de compañeros que estábamos aquí: también nos auxiliamos de los que ya habían hecho esas adecuaciones en otras industrias citrícolas, como Contramaestre o Ceballos, que tenía ya un potencial muy grande en ese momento. A partir de la experiencia de ellos y de lo que nosotros también logramos introducir desde lo propio, se llegó a empezar a trabajar estos frutales en la industria.”
– ¿Qué ha cambiado con el paso al Grupo Empresarial Tabacuba?
“A partir de que la empresa y la industria pasan a Tabacuba, que tiene un nivel de financiamiento importante, sobre todo en divisas, se ha iniciado un proceso inversionista para mejorar estas tecnologías y garantizar no solo productividad, sino calidad en los procesos. Se han ido instalando nuevos equipos y completando líneas que no existían.”
– ¿Cómo valora la llegada de las nuevas tecnologías?
“Ayudan a aumentar las capacidades. Es también un conocimiento de nuevos equipamientos que nosotros desconocíamos, no solo en la provincia, sino hasta en el país, porque los compañeros que nos están auxiliando y proveyendo nunca lo habían manejado hasta ahora; han tenido que auxiliarse de sus proveedores primarios en China para poder lograrlo. Es una cosa estimulante para un profesional: siempre las nuevas tecnologías son estimulantes.”
– ¿Cómo se prepara una industria para los momentos de parada?
“Nosotros todavía no hemos llegado al punto de paralizar nuestra industria como tal, pero en el país, prácticamente en estos momentos, casi todas las instalaciones industriales están paralizadas. Hay que prever todo eso: el mantenimiento tiene que prever un nivel de conservación para que, cuando el país vaya saliendo de esta situación, sea capaz de poder producir con esas industrias, y los trabajadores sean capaces de ponerlas a producir. Es como una persona que tiene un proceso de hibernación, esperando que venga el momento para salir, pero ese momento tú tienes que prepararlo, y para prepararlo tienen que encargarse los compañeros de mantenimiento: preservar esa gente y esos equipos. Eso fue lo que pasó cuando esta industria se paró por el cítrico: cuando arrancó, prácticamente muy rápido, el equipamiento que era de cítrico estaba en disposición de hacer su trabajo. Y eso es lo que hay que hacer ahora en todas las instalaciones industriales del país que en estos momentos están paralizadas.”
– ¿Y en el plano personal? ¿Qué hay detrás del especialista?
“Estoy casado, tengo una hija y tengo dos nietas. Llevo 35 años de matrimonio. Con el cítrico, 21. Aunque 21 es relativo, porque cuando estaba trabajando en prefabricado, estaba obligado a pasar por aquí. Una vez a la semana por lo menos entraba, hablaba con el joven gerente por la parte italiana que todavía estaba en ese período sobre las perspectivas que tenía la fábrica. Conversaba con él, hasta febrero de 2015, que ya terminaron toda esa documentación para la liquidación de la Mixta, y ya a partir de ahí me incorporé, el 2 de mayo de 2015. O sea, después del fin, vine para acá.”
– ¿Hay relevo profesional para la industria?
“En este momento no hay personal profesional para la industria como tal. Se ha intentado captar personal. Al final, la situación económica —eso no es un secreto para nadie— ha obligado a personas a emigrar, no solo del país, sino hacia otros sectores que les son económicamente más gratificantes, y esa es una dificultad que tenemos. La empresa no ha logrado captar personal calificado profesionalmente, de nivel universitario, los salarios todavía siguen muy deprimidos si los comparamos con otros lugares, el sector estatal está muy deprimido, y eso atenta contra la captación de personal profesional.”
-Pero algo hay…
“Tenemos dos muchachitos que trabajaron aquí de práctica desde que estaban en el politécnico primero de Mayo, que son técnicos medios, más o menos el perfil mío. Hay uno que está trabajando conmigo en la actividad de mantenimiento. Inclusive ahora, en estos momentos en que yo estoy fuera de combate, él se encarga de eso; yo lo llamo diario para decirle cómo va la cosa, darle comunicación, él me llama. Y él es muy bueno, muy habilidoso, aprendió enseguida a trabajar con el equipamiento nuevo. Quizás ya lo que le falta es ese toque de los estudios superiores, para que sea un profesional de gran capacidad.
“No estamos en cero, pero lo ideal sería rescatar ese personal profesional como hubo aquí, éramos 22 ingenieros, entre químicos, eléctricos y mecánicos. Ojalá llegáramos algún momento a tener eso de nuevo.”
– ¿Cómo funciona la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores, les pagan por los aportes que realizan?
“No, ¿para qué le voy a engañar? Ese movimiento, dos o tres momentos se ha querido impulsar, y no sé si la palabra correcta es en el aspecto burocrático ese de los papeles y demás. El movimiento funciona desde el punto de vista que las personas que tienen que hacer lo que deben hacer para solucionar los problemas, lo están haciendo, pero sin ningún tipo de remuneración ni nada. Es un problema quizá de conciencia, de sentido de pertenencia hacia la fábrica, pero como tal, como movimiento, no está funcionando, eso no funciona. Decir otra cosa sería engañar.”
Al preguntarle por algo que no quiera dejar de mencionar y que considere vital, se le humedecen los ojos, de la misma manera en que le asomó la emoción al hablar de su familia y afirma: “No nos podemos rendir.”
Foto de Pedro Paredes Hernández


