¿Dónde terminó el pescado de Cuba? Cifras oficiales muestran un desplome de las capturas – CiberCuba
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¿Dónde terminó el pescado de Cuba? Cifras oficiales muestran un desplome de las capturas – CiberCuba

¿Dónde terminó el pescado de Cuba? Cifras oficiales muestran un desplome de las capturas

 Las pescaderías estatales rara vez ofrecen una variedad suficiente © Radio Sancti Spíritus/Oscar Alfonso
Las pescaderías estatales rara vez ofrecen una variedad suficiente Foto © Radio Sancti Spíritus/Oscar Alfonso

El pescado, antes habitual en la alimentación cubana, se ha convertido en un producto cada vez más escaso y caro para la población, mientras las capturas nacionales se desplomaron más de la mitad entre 2020 y 2024, destacó un análisis del Food Monitor Program publicado este jueves.

El Anuario Estadístico de Cuba 2024 de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información registró una captura bruta total de pescados y mariscos de 22,330.6 toneladas en 2024, frente a las 46,386.5 toneladas de 2020.En el caso específico del pescado, la producción cayó de 35,148.8 toneladas a 18,064.7 en ese mismo período.

La caída alcanza a varias de las especies que tradicionalmente forman parte de la dieta cubana. En 2024 se registraron apenas 220,2 toneladas de pargo, 317,2 de túnidos, 24 de bonito, 49,5 de rabirrubia y 480,2 de raya.

El desplome también golpeó a productos de alto valor comercial. La langosta pasó de 4,224.8 toneladas en 2022 a 2,016.3 en 2024, mientras el camarón de mar prácticamente desapareció de las estadísticas oficiales, al caer de 426 toneladas en 2023 a apenas 4,6 toneladas un año después.

La acuicultura tampoco ha conseguido compensar la caída. La producción de tilapia descendió de 2,153.7 toneladas en 2020 a 790,3 en 2024 y la de claria pasó de 4,428.3 a 329,1 toneladas.

Solo la tenca mantuvo un volumen elevado, con 10,442.4 toneladas en 2024, aunque ello no se traduce necesariamente en una oferta estable y asequible para los consumidores.

El resultado es visible en los mercados. Las pescaderías estatales rara vez ofrecen una variedad suficiente y, cuando aparece algún producto, puede resultar inaccesible para los salarios y pensiones.

Pescados como bonito, atún, cubera, pargo o sierra circulan principalmente por vías particulares o informales, con precios que oscilan entre 650 y 900 pesos la libra sin eviscerar, según la zona, la temporada y la disponibilidad.

Para muchos hogares, comprar pescado fresco dejó de ser una compra cotidiana y pasó a convertirse en una adquisición excepcional. La oferta que llega por canales informales también presenta problemas de conservación e inocuidad, en un contexto marcado por los apagones, la escasez de hielo y las dificultades para mantener la cadena de frío.

La falta de combustible golpea directamente a la actividad pesquera. Según datos recogidos por la agencia IPS, durante el primer semestre de 2024 se capturaron 15,620 toneladas de pescados y mariscos, apenas 53 % del plan previsto para la pesca marina y la acuicultura. De ese volumen, 15 % se destinó al turismo, 14% a la exportación y 71 % al consumo de la población.

Sin embargo, el propio reparto oficial deja abierta una pregunta central sobre el abastecimiento. Si la mayor parte de las capturas se declara destinada al consumo interno, el pescado sigue sin aparecer de forma estable, visible y asequible en los mercados populares.

La crisis tiene además una dimensión productiva que excede la falta de combustible. El deterioro de la infraestructura, la obsolescencia tecnológica, la falta de inversión, la pérdida de fuerza laboral, la corrupción y los débiles incentivos productivos han reducido la capacidad del sector.

Al mismo tiempo, los controles estatales continúan condicionando quién puede pescar, cómo puede comercializar sus capturas y bajo qué autorizaciones.

Aunque la legislación cubana reconoce modalidades de pesca comercial no estatal, la actividad permanece sometida a licencias y regulaciones.

En 2024 se eliminó el requisito previo de contar con un contrato con una entidad estatal para obtener licencias de pesca comercial no estatal, pero la comercialización quedó sujeta a decisiones de los gobiernos locales.

Para el Food Monitor Program, esa combinación produce una contradicción evidente, el Estado no garantiza el abastecimiento, pero conserva una fuerte capacidad para regular y limitar la actividad privada que podría cubrir parte del vacío.

La escasez también tiene un costo nutricional. El pescado aporta proteínas de alta calidad, ácidos grasos omega-3, yodo, vitamina D, calcio, selenio, hierro, zinc, vitamina A y vitamina B12.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha destacado la importancia de este alimento frente al hambre y la malnutrición por la combinación de proteínas, grasas saludables y micronutrientes que proporciona.

La desaparición del pescado de la dieta cubana implica, por tanto, una pérdida que va más allá de la variedad gastronómica. Afecta el acceso a proteínas y micronutrientes en hogares donde también se han reducido otras fuentes de alimentos y se recurre cada vez más a productos baratos y menos nutritivos.

El Food Monitor Program sitúa esta crisis dentro del deterioro general de la seguridad alimentaria cubana. El Programa Mundial de Alimentos señaló que en 2025 la inseguridad alimentaria continuó siendo un desafío significativo en la isla, asociado a la contracción económica, la inflación, la reducción de recursos públicos y la escasez persistente de combustible.

A ello se suma una estimación del Servicio de Investigación Económica del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, según la cual 1,4 millones de cubanos no alcanzaban en 2023 el umbral diario de 2,100 calorías bajo un escenario base. En un escenario alternativo de ajuste del PIB, la cifra ascendía a 4,2 millones de personas, equivalente al 37,8 % de la población.

La crisis pesquera también está alterando la relación de los cubanos con sus recursos marinos. La Asociación de Buzos de Santiago de Cuba alertó en agosto sobre capturas masivas de tiburones, incluido un ejemplar de más de 500 kilogramos descuartizado en Baracoa, en un contexto marcado por el hambre y la crisis económica.

La paradoja resulta especialmente evidente por la propia geografía del país. Cuba cuenta con 5,746 kilómetros de costas y una plataforma insular de más de 50,000 kilómetros cuadrados, pero un alimento estrechamente ligado a su cultura culinaria se ha convertido para muchos de sus habitantes en un producto caro, ocasional y difícil de conseguir.

La pregunta que plantea el Food Monitor Program resume esa contradicción, «¿dónde está el pescado para la población cubana?». La respuesta no está en la ausencia del mar, sino en el desplome de la producción y en las dificultades económicas, energéticas, logísticas y regulatorias que impiden que ese recurso llegue de manera regular a la mesa.

Preguntas frecuentes sobre la escasez de pescado en Cuba

CiberCuba te lo explica:

¿Por qué el pescado es tan escaso en Cuba?

La escasez de pescado en Cuba se debe a un desplome en la producción pesquera nacional. Entre 2020 y 2024, las capturas de pescado y mariscos se redujeron drásticamente debido a la falta de infraestructura, obsolescencia tecnológica, falta de inversión, pérdida de fuerza laboral, corrupción y controles estatales estrictos. Además, la crisis energética y la falta de combustible han afectado severamente las operaciones pesqueras.

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¿Qué impacto tiene la escasez de pescado en la alimentación cubana?

La escasez de pescado afecta negativamente la nutrición de los cubanos al limitar el acceso a proteínas de alta calidad y micronutrientes esenciales como ácidos grasos omega-3, yodo, vitamina D y calcio. Esto se suma a la reducción de otras fuentes de alimentos en la isla, lo que agrava la inseguridad alimentaria y obliga a la población a recurrir a productos menos nutritivos.

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¿Cómo afecta la regulación estatal la actividad pesquera en Cuba?

La regulación estatal condiciona quién puede pescar y cómo se comercializan las capturas. Aunque se ha eliminado el requisito de tener un contrato estatal para obtener licencias de pesca comercial no estatal, la comercialización sigue sujeta a decisiones de los gobiernos locales, lo que limita la actividad privada que podría ayudar a paliar la escasez de pescado.

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¿Qué especies de pescado son más difíciles de encontrar en Cuba actualmente?

Especies tradicionales como el pargo, los túnidos y el bonito han visto una caída significativa en sus capturas. En 2024, las capturas de pargo fueron de solo 220,2 toneladas, mientras que las de túnidos alcanzaron 317,2 toneladas y el bonito 24 toneladas, reflejando una disminución drástica en comparación con años anteriores.

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