
Foto: Tomada de Internet
No es noche de películas de terror, pero el filme empieza a correr, porque, además, para ellos, cada segundo que respiran, que sienten sus extremidades bien colocadas, que no les falta ningún «pedacito», es una victoria. Es decir, un día normal es una película de terror.
Sin créditos iniciales ni presentaciones echa a andar el espantoso carrete: de entre las ruinas se escuchan quejidos infantiles. Sale el sonido, tembloroso y esperanzado, desde una carita incrustada entre bloques. Bordea escombros, recorre la longitud de un bracito cubierto de polvo –único rastro a la vista de lo que alguna vez fuera un niño.
Con sumo cuidado sobrepasa mayores también enterrados entre los siete niveles de pisos de concreto, se desespera en un espacio cerrado, entre vigas encuentra un resquicio por donde mantenerse con vida, y seguir su rumbo hasta encontrar ayuda. Hay cuerpos que fueron silenciados ipso facto, de ellos solo emana una calma pesada, difícil de franquear, que desalienta.
«¿Y mis padres dónde están? Si no respiran mejor no encontrarlos». Rendirse no es una opción. A su alrededor hay muchos que fueron sepultados vivos, algunos de ellos conocidos en la lucha frenética por encontrar refugio en medio de una guerra perpetuada, que los persigue generación tras generación.
Se encuentra –la voz– con otras voces… llantos, súplicas, lamentos. Retumban al unísono entre muerte y destrucción. Y, en medio de la nauseabunda noche, escapan del derrumbe. Alguien los escucha y no se espanta, se alegra. De pronto no parece una película de terror, pero la trama apenas comienza.
La precuela es harto conocida en todo el mundo: guerra, genocidio, drones, misiles… el ejército sionista bombardea un edificio residencial, mueve sus cimientos. No hay refugios disponibles en la Franja de Gaza. Unas diez familias de palestinos desplazados llegan al inmueble para cobijarse del horror belicista. Los sitios impactados por los ataques son bombas de tiempo. La edificación colapsa.
En las noticias es un hecho más del conflicto: ocurrió al oeste de la ciudad de Gaza y ha dejado familias enteras desaparecidas. La Defensa Civil busca sobrevivientes atrapados bajo las ruinas, encuentra víctimas. Hay una escasez crítica de equipos de trabajo.
Aunque en octubre de 2025 se negoció un alto al fuego, más de 1 300 palestinos han muerto en medio de una tregua irrespetada.
De acuerdo con la Defensa Civil Palestina, la cifra de cadáveres y restos humanos en todo el enclave costero supera la cifra de 630, entre noviembre del año pasado y el mes en curso. No obstante, el número de desaparecidos bajo los escombros supera los 8 000.
No hay sitio seguro en Gaza. Ya es sabido. Así, la pregunta que se hacen hombres, mujeres, ancianos y niños ya no es ¿dónde los encontrará la noche?, sino ¿dónde los encontrará la muerte? El espeluznante filme de sus vidas es una proyección constante.



