A 158 años del histórico Grito de La Demajagua, las máximas autoridades del país rindieron homenaje en La Habana a Carlos Manuel de Céspedes y a los forjadores de la independencia, en una jornada marcada por el llamado a la unidad frente a los desafíos actuales de la nación
Los himnos y el repicar de las campanas detuvieron el vuelo de las palomas a primera hora de este 10 de octubre en la Plaza de Armas de la capital, a 158 años de que el entonces joven Carlos Manuel de Céspedes liberara a sus esclavos y los convocara a la rebelión por la libertad de Cuba y la dignidad. El acontecimiento fue recordado en un acto encabezado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer secretario del Comité Central del Partido y presidente de la República.
Junto al mandatario estuvieron los miembros del Buró Político Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Partido, además de otros integrantes del Comité Central y las máximas autoridades de La Habana.
Muy cerca rompían las olas enérgicas del malecón, mientras los pioneros contemplaban la escena con ojos muy abiertos. La generala Delsa Esther Puebla Viltre, Teté, acomodó las cintas de las ofrendas florales rojas y blancas en homenaje a los caídos en esta gesta libertaria, la cual –se enfatizó– ha sido una sola hasta nuestros días.

José Ramón Monteagudo Ruíz, miembro del Secretariado del Comité Central, estuvo a cargo de las palabras centrales. En ellas recordó aquel inicio de las luchas por la independencia, momento trascendental de la historia, marcado por la firme decisión de llamar al combate y liberar a sus esclavos, así lo expresó en su momento Fidel Castro Ruz.
En el año del Centenario del Comandante en Jefe, Monteagudo evocó sus palabras al afirmar que en Cuba solo ha habido una Revolución, la cual comenzó con los sucesos de hace 158 años.
Ante las actuales amenazas del imperialismo, el orador instó a la unidad y a defender con sacrificio la nación y la obra social construida con las manos y la sangre de miles de sus hijos, quienes reconocen en Carlos Manuel de Céspedes al Padre de la Patria.

Durante el acto, el doctor Michael González ofreció un recuento de los hechos históricos y destacó el espíritu, la firmeza y la fe en la victoria de Céspedes. Al pie de su estatua de mármol blanco, ubicada en el centro de la plaza, se colocaron flores en nombre de los líderes de la Revolución, y de las organizaciones políticas y de masas.
En la mañana fresca, la brisa despeinaba las palmas briosas, elegantes y emancipadas. Un ligero rocío imprimió un brillo casi imperceptible sobre las losas ancestrales de las antiguas callejuelas, haciendo resplandecer aún más el rojo y el blanco de las rosas.
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