Díaz-Canel nombra nuevos embajadores del régimen en medio de la peor crisis en la historia de Cuba

Mientras millones de cubanos sobreviven sin electricidad, agua potable ni medicamentos, Miguel Díaz-Canel presidió este viernes la juramentación de entre 26 nuevos embajadores del régimen, en una ceremonia de alto protocolo celebrada en La Habana que la Cancillería difundió en redes sociales con su habitual lenguaje triunfalista.
El acto reunió a la cúpula del poder: el presidente de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo Hernández; el primer ministro, Manuel Marrero Cruz; y el secretario de Organización del Comité Central del Partido Comunista, Roberto Morales Ojeda.
La ceremonia se celebró el mismo día en que la afectación eléctrica en Cuba rozó otro récord histórico, alcanzando los 2.315 MW a las 21:10 horas, apenas por debajo del máximo de 2.341 MW registrado el 8 de julio, cuando cerca del 73% del territorio quedó sin electricidad de forma simultánea.
En lo que va de 2026, Cuba ha sufrido al menos cuatro colapsos totales del Sistema Eléctrico Nacional. En provincias como Matanzas se han registrado interrupciones de hasta 87 horas consecutivas, y los apagones superan las 20 horas diarias en amplias zonas del país.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) describió en abril de 2026 el impacto de la crisis cubana como «sistémico y cada vez mayor», con afectaciones en la salud, el agua, el saneamiento, la educación, el transporte y las telecomunicaciones. Un millón de personas depende del agua transportada en camiones cisterna.
El presupuesto estatal para 2026 fue aprobado con un déficit de 74.500 millones de pesos cubanos, con ingresos de 484.121 millones frente a gastos de 550.590 millones, en un contexto donde el salario mínimo de los trabajadores del Estado equivale a apenas unos 4.65 dólares mensuales.
En ese escenario de colapso, el régimen destina divisas y recursos humanos a ampliar su red diplomática exterior, lo que sus críticos leen como una señal inequívoca de sus prioridades reales: sostener el aparato de poder e influencia internacional mientras la población carece de lo más básico.
La diplomacia cubana no es solo representación exterior. Según un informe de unas 100 páginas publicado el 21 de julio por el Departamento de Estado de Estados Unidos bajo el título «Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI», el régimen ha sostenido durante casi siete décadas una red global de influencia política, espionaje y subversión.
El documento señala que Cuba alberga 18 instalaciones de inteligencia de señales, incluyendo operaciones vinculadas a China y Rusia, e identifica al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) como el nodo central de esa red.
El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla calificó el informe de «panfleto calumnioso», pero el documento refuerza la lectura de que las misiones diplomáticas del régimen cumplen funciones que van mucho más allá de la representación convencional: son instrumentos de legitimación interna, captación de apoyos externos y, según Washington, plataformas de influencia encubierta.
Esta práctica no es nueva. En 2018, Díaz-Canel ya presidió la juramentación de 22 jefes de misión en una ceremonia similar, y en agosto de 2025 premió los servicios de Johana Tablada de la Torre al nombrarla embajadora junto a su esposo, Eugenio Martínez Enríquez, jefe de misión en México.
Estas ceremonias tienen también una función de propaganda interna: proyectan una imagen de normalidad institucional e inserción internacional que contrasta brutalmente con la realidad que vive el pueblo cubano.
Vídeos relacionados:
Archivado en:







