Díaz-Canel: Las reformas estarán bajo el control del Partido Comunista para construir “el socialismo a la cubana”
Miguel Díaz-Canel defendió el paquete de transformaciones económicas anunciado por el régimen cubano como una apertura necesaria para estimular la producción y crear riqueza, pero dejó claro que todas las medidas permanecerán bajo el control del Partido Comunista de Cuba (PCC).
Durante una entrevista con RT en Español, el gobernante insistió en que las reformas no significan un tránsito hacia el capitalismo, pese a que incluyen una mayor participación de actores privados, inversión extranjera, mecanismos de mercado e incluso fórmulas de banca privada.
Según Díaz-Canel, la principal garantía de que Cuba no abandonará el socialismo radica precisamente en que el proceso continuará subordinado a la dirección del PCC.
“Las transformaciones se van a tener también bajo un control, bajo una dirección del Partido Comunista de Cuba”, afirmó.
El gobernante sostuvo que esa conducción política, junto con la llamada participación popular, permitirá que las reformas mantengan una “base de unidad” y no alteren los principios del sistema.
La declaración expone con claridad el modelo que pretende impulsar el régimen: una liberalización parcial de la economía, pero sin cambios en el monopolio político que ejerce el Partido Comunista.
Díaz-Canel reconoció que Cuba necesita “desatar las fuerzas productivas”, producir más y crear riqueza para poder sostener los programas sociales del Estado.
“No se puede mantener la obra de justicia social de la revolución, no solo mantenerla, perfeccionarla y ampliarla, si no producimos, si no creamos riqueza”, admitió.
En otro momento de la entrevista defendió la participación de actores económicos estatales, cooperativos y privados dentro del llamado proceso de construcción socialista.
También justificó la posible entrada de entidades privadas en el sector financiero, aunque negó que el gobierno pretenda privatizar la banca.
“Una banca privada no es que se va a privatizar la banca, es que van a participar todos los actores económicos”, explicó.
El gobernante presentó estas medidas como respuestas pragmáticas a la crisis y a la incapacidad del Estado para controlar determinados flujos económicos, entre ellos las remesas y el mercado informal de divisas.
Sin embargo, no mencionó la posibilidad de acompañar la apertura económica con reformas políticas, pluralismo partidista, elecciones libres o una ampliación de las libertades civiles.
Por el contrario, reafirmó que la dirección del Partido Comunista será la garantía de continuidad del sistema.
El planteamiento recuerda los modelos aplicados en China y Vietnam, donde se permitió una amplia expansión del mercado y de la empresa privada mientras el partido gobernante conservó el control político.
Díaz-Canel reconoció que el régimen cubano ha estudiado las experiencias de ambos países y que mantiene intercambios regulares con sus respectivos partidos comunistas.
No obstante, aseguró que La Habana no pretende copiar esos modelos. “Nosotros estamos construyendo nuestro propio modelo”, afirmó. El gobernante resumió esa idea con una fórmula de larga tradición en el discurso oficial: “Ni calco ni copia, creación heroica”.
También defendió la posibilidad de construir el socialismo “como decimos los cubanos”, con características propias y adaptado a las condiciones del país.
La entrevista muestra que el régimen busca introducir mecanismos asociados a una economía de mercado sin poner en discusión la hegemonía del PCC.
En la práctica, el gobierno pretende permitir mayores espacios al capital privado, la inversión extranjera y las relaciones mercantiles, pero manteniendo intacta la estructura política de partido único.
Díaz-Canel llegó incluso a presentar el control partidista como una condición indispensable para evitar que las transformaciones económicas conduzcan al capitalismo.
La propuesta coloca al Partido Comunista como árbitro, supervisor y beneficiario político de un proceso que, según su propio primer secretario, implicará riesgos, contradicciones y medidas que podrían no funcionar.
El dirigente reconoció que algunas reformas anteriores fueron mal diseñadas o implementadas y que no lograron resolver los problemas estructurales de la economía cubana.
También admitió que muchas de las nuevas transformaciones fueron aplazadas durante años, a pesar de haber sido discutidas en los últimos congresos del Partido Comunista.
Aun así, el gobernante volvió a presentar al PCC, la misma organización que ha dirigido la economía durante más de seis décadas, como la institución encargada de garantizar el éxito del nuevo programa.
El paquete económico aparece así como un intento de flexibilizar el modelo productivo sin modificar la estructura de poder: mercado en la economía, pero continuidad del partido único en la política.
La apuesta del régimen no es renunciar al control, sino utilizar mecanismos capitalistas bajo supervisión comunista para intentar sostener un sistema que continúa atravesando una de las crisis económicas, energéticas y sociales más profundas de su historia reciente.
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