
Cubadebate
En el cierre de la tercera sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Miguel Díaz-Canel volvió a situar a Estados Unidos en el discurso oficial al atribuir a la «persecución financiera» y al bloqueo el origen principal de la profunda crisis que atraviesa Cuba, al tiempo que defendió el paquete de reformas económicas como una respuesta «soberana» ante «las horas más difíciles de este siglo» para el régimen.
Según publicó el portal oficial Cubadebate, el gobernante describió el escenario actual como resultado de una «guerra económica, mediática y psicológica» impulsada desde Washington, a la que sumó el uso del sistema financiero internacional como «arma política» contra el Gobierno de la Isla. En ese contexto, afirmó que cada aspecto de la vida cotidiana —desde el combustible hasta los alimentos y los medicamentos— se ve afectado por las restricciones externas.
«Cuba, nuestra amada Cuba, vive las horas más difíciles de este siglo«, dijo, y añadió que el país no puede «pensar y actuar como en tiempos normales».
El discurso combinó la narrativa de confrontación con Estados Unidos y de «disposición al diálogo, pero sin renunciar a la soberanía» con un reconocimiento explícito de la necesidad de transformaciones internas profundas. Díaz-Canel defendió las medidas aprobadas en el aparato legislativo como el resultado de «debates, análisis y programas de gobierno» acumulados durante años, y negó que impliquen una ruptura con el marco constitucional.
Entre los ejes destacados, insistió en la prioridad de la seguridad alimentaria y calificó la tierra ociosa como un «problema (de años) que (ahora) debe resolverse: o se pone a producir o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo».
También subrayó la necesidad de modernizar el sistema financiero y bancario, hacerlo más digital y flexible, así como otorgar mayor autonomía a la empresa estatal socialista, presentada como «pilar de la economía», aunque sometida a nuevas exigencias de eficiencia y resultados.
En materia energética, defendió la apuesta por las renovables y la eliminación de trabas para la importación de tecnologías solares, en medio de la persistente crisis de generación eléctrica que golpea al país hace años y que se ha agudizado en los últimos meses y semanas con la sequía de combustible.
El gobernante insistió además en la apertura a la inversión extranjera y en la participación de cubanos residentes en el exterior, a quienes prometió un marco «claro y estable».
«Al que quiera construir con Cuba… aquí tienes tu casa y la puerta abierta«, dijo.
Otro de los mensajes fue la necesidad de involucrar a la ciudadanía en el control de la gestión gubernamental: «Confíen, pero exijan. Acompáñenos, pero fiscalícennos», dijo.
En el tramo final de su intervención, Díaz-Canel volvió a dirigirse a Washington: «Sin odio, pero sin miedo: si de verdad quieren ayudar al pueblo cubano, déjenlo vivir», un mensaje que choca con la percepción generalizada en las calles de la Isla de que es el régimen el que mantiene agonizando a la población.
El gobernante cerró su discurso con una modificación al llamado habitual de resistencia: «A ese pueblo no lo convocamos solo a resistir, lo convocamos a crear, producir, transformar y prosperar», aunque siempre bajo la narrativa de continuidad del modelo político: «Cuba cambia para levantarse».
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Días-Contados es el bufón del rey (Castro II).