
Foto CORTESIA DEL ESCRITORDesde Jiguaní, donde nació en 1982, hasta La Habana, ciudad en la que reside desde 2013, su vida transcurre entre libros, entrevistas, cuentos, poemas, guiones, micrófonos y conversaciones interminables.
Narrador, poeta, librero, guionista audiovisual y escritor radial, Riquenes hace de la palabra un oficio múltiple. No se limita a escribir: busca, promueve, comparte y defiende la literatura. Su trabajo parece avanzar por varios caminos al mismo tiempo, como si cada género le ofreciera una manera distinta de acercarse al mundo.
Quienes lo conocen lo describen como un hombre sociable, amistoso y afable. Habitualmente conversador y sonriente, puede hablar durante horas sobre un libro, un autor o una historia que acaba de descubrir.
Es, sobre todo, un trabajador incansable. Escribe, revisa, publica, participa en encuentros, acompaña proyectos y continúa buscando nuevas formas de llevar la literatura a los lectores. En su trayectoria, la creación individual nunca ha estado separada de la promoción cultural ni del empeño colectivo.
Fue cofundador, junto a Naskicet Domínguez Pérez, del proyecto Claustrofobias Promociones Literarias, una iniciativa que nació para acercar los libros a públicos diversos y favorecer la circulación de la literatura cubana. El nombre del proyecto, asociado también a uno de sus poemarios más reconocidos, parece contener una paradoja: la claustrofobia como encierro, pero también como impulso para abrir ventanas.
Su poemario Claustrofobias recibió el Premio Pinos Nuevos en 2009. Aquel reconocimiento confirmó la presencia de una voz poética atenta a las tensiones de la existencia, a las zonas cerradas de la memoria y a las preguntas que persisten cuando las palabras parecen insuficientes.
La narrativa ocupa otro lugar esencial en su obra. Libros de cuentos como La llama en la boca, Quién cuidará los perros, y La espalda marcada, muestran el interés del autor por las historias donde la vida cotidiana aparece atravesada por conflictos, silencios y heridas.
También ha escrito para niños y jóvenes: no basta con simplificar el lenguaje, hay que comprender la sensibilidad de quienes todavía están aprendiendo a nombrar el mundo. Su obra se extiende, además, al periodismo y a la investigación cultural.
Su firma ha aparecido en numerosos medios y revistas, entre ellos La Demajagua, La Letra del Escriba, A contraluz, Del Caribe, El
Caimán Barbudo, La Jiribilla, Caserón… en los que confirma la amplitud de sus intereses y la voluntad de hacer circular la escritura más allá de un solo formato.
Desde la capital cubana continúa trabajando en distintos proyectos. La ciudad le ofrece otros ritmos, otras voces, nuevos escenarios, pero su origen granmense sigue formando parte de su identidad literaria.
Jiguaní no es únicamente el lugar de nacimiento consignado en una biografía: es una memoria, una geografía afectiva, un punto de partida que acompaña cada desplazamiento.
Hay autores que escriben libros y hay otros que, además, trabajan para que los libros encuentren a sus lectores. Yunier Riquenes pertenece a esa segunda estirpe. La de los escritores que convierten la palabra en casa, camino y resistencia.
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