Durante décadas Cuba ha ayudado en diversas esferas, especialmente en salud y educación, a numerosos países del mundo, que hoy reciprocan esa solidaridad, ante la difícil situación que vive la nación caribeña por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos.
Y entre esos pueblos que tienden su mano amiga está Namibia, con la que nos unen estrechos lazos de hermandad, forjados en la lucha por la libertad, contra el sistema de segregación racial, el apartheid, y también en la cooperación y solidaridad.
El primer ministro namibio, Elijah Ngurare, afirmó que su país tiene una responsabilidad histórica de apoyar a Cuba en tiempos difíciles.
Y en territorio de esa nación africana se desarrolla en la actualidad una Campaña de Solidaridad con la Mayor de las Antillas, que el jefe del gobierno namibio llamó a respaldar con fuerza.
La campaña ha sido convocada por la Asociación de Amistad Namibia-Cuba y la Fundación Sam Nujoma, que lleva el nombre del Padre de la Nación y gran amigo del pueblo cubano.
Hasta el momento se han logrado recaudar unos 43 mil dólares para ayudar, fundamentalmente, en la compra de medicamentos, cuya adquisición o elaboración enfrentan dificultades, dado el reforzamiento del bloqueo estadounidense, que incluye un cerco energético.
La iniciativa es una muestra de los históricos lazos entre las dos naciones, que a lo largo de décadas han mantenido además una amplia cooperación en diversas esferas.
Miles de jóvenes namibios se han formado en territorio cubano como médicos, ingenieros y maestros, al tiempo que profesionales cubanos de la salud y educación han contribuido al avance de la nación africana.
Permanente ha sido el apoyo del gobierno y pueblo namibios en los diversos escenarios internacionales. Su voz se ha alzado en la ONU para condenar el genocida cerco económico de Estados Unidos contra los cubanos.
Desde Namibia siempre nos ha llegado cariño, gratitud y una incondicional amistad, multiplicada hoy por las adversas condiciones que enfrenta Cuba por la política de asfixia económica del gobierno de Estados Unidos y que incide con fuerza en la vida del pueblo.
