D’Cámara en el Teatro Sauto: Un refugio de luz y belleza en su V Aniversario
Girón Portada

D’Cámara en el Teatro Sauto: Un refugio de luz y belleza en su V Aniversario

​Hay momentos en que la cultura deja de ser solo contemplación para convertirse en refugio, abrazo y resistencia. En estos tiempos difíciles y oscuros, el escenario se vistió de luz para celebrar el V Aniversario de D’Cámara. Esta agrupación insigne de excelencia reafirmó con cada nota el poder sanador y sobrecogedor del arte.

​Hacerlo, además, en el majestuoso Teatro Sauto, Monumento Nacional, es un privilegio incomparable. Tocar sobre las tablas de este coliseo neoclásico —templo de la memoria cultural matancera— rodea cada interpretación de un respeto único. El teatro arena exige la mayor sutileza y entrega, convirtiendo la celebración de estos primeros cinco años de trayectoria en una experiencia verdaderamente sublime.

​La velada fue una auténtica fiesta de sensibilidad y rigor, impulsada por la arrolladora energía y vida de su directora Vanessa Herrera, cuya pasión escénica y visión artística guiaron con absoluta claridad e intensidad cada compás. Un momento cumbre de la jornada se vivió cuando ella y la virtuosa clarinetista Yoleidys Valderrama unieron sus interpretaciones en hermosos diálogos. La clarinetista destacó por la soltura, calidez y agilidad instrumental que aportó a la velada. Luego, Vanessa, con su preciosa voz, sumó su fuerza y entrega al coro, logrando un empaste vocal de una espiritualidad y emotividad sobrecogedoras que conmovieron profundamente al auditorio.

Fotos: Flavia de los Ángeles Contreras Vega/Tomadas de la ACN

​En esta ocasión especial, la Camerata White contó, además, con el valioso respaldo de estudiantes de la Escuela Profesional de Arte. Es imperioso insistir en la trascendencia de esta práctica: no hay mejor escuela que la praxis sobre el escenario. Poner a los jóvenes talentos a compartir el atril con profesionales consolidados es la semilla misma del crecimiento artístico. Más aún bajo el impulso y la guía del Maestro José Antonio Fernández (Tony), director general de la Camerata White, quien, haciendo honor a las célebres palabras del ilustre pensador cubano José de la Luz y Caballero (“Instruir puede cualquiera; educar, solo quien sea un evangelio vivo”), se erige con su magisterio, visión y ejemplo en un verdadero evangelio vivo de entrega y sabiduría musical.

​El clímax de la tarde llegó en la segunda parte del programa, con la interpretación de El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns, bajo la conducción certera y rigurosa del director Félix Tápanes. Félix fue la pieza clave para estructurar, cohesionar y conducir con pulso firme esta obra de engañosa frescura, que entraña un reto de altísima exigencia técnica, camerística y expresiva.

​La puesta sumó una dimensión visual con la participación del actor Rubén Darío Salazar, Premio Nacional de Teatro, quien junto a sus hermosos títeres aportó una lectura personal y teatral de la obra, tejiendo la animación de formas con el discurso orquestal de la suite.

​En el plano instrumental, la ejecución bajo la batuta de Félix Tápanes se enriqueció con solistas de una calidad excepcional que hicieron resonar con brillo propio la hermosa acústica del Sauto:

​El Maestro José Antonio Fernández (bajista), quien asumió la interpretación del solo de contrabajo en El elefante, aportando un sonido profundo, ágil y perfectamente caracterizado.

​Yoleidys Valderrama, con el clarinete, recreó la atmósfera mística y sutil del canto del cuco en El cuco en el fondo de los bosques.

​Ana Beatriz Meneses, desde el violonchelo, regaló una versión de conmovedor lirismo en el célebre solo de El cisne.

Irina Madrazo Jiménez, que con su hermoso sonido hizo volar al  pajarillo.

​Claudia González aportó la precisión rítmica y el timbre brillante necesarios en el xilófono para dar vida al inquieto cuadro de Fósiles.

​En el corazón pianístico de este despliegue, resplandeció el trabajo de las pianistas Yisel Rubio y Lisandra Pérez. A dos pianos, asumieron el peso técnico de la partitura, convirtiéndose en el motor rítmico y armónico del montaje. Saint-Saëns exige a las pianistas contrastes constantes: desde las escalas monótonas de Pianistas y los arpegios vertiginosos de Hémiopes, hasta la atmósfera cristalina en Acuario o los saltos de Canguros. Yisel y Lisandra abordaron cada pasaje con fluidez, articulación precisa y una cuidada dosificación del pedal.

​Tocar esta obra a dos pianos requiere una sincronía milimétrica. Entre ambas existió un equilibrio constante: ataques precisos, dinámicas bien contrastadas y un diálogo fluido con el resto del conjunto. Supieron plasmar la ironía y el carácter paródico de la partitura —como en la métrica pausada de Tortugas—, manteniendo siempre la limpieza formal, para cerrar en un Final lleno de energía y virtuosismo.

​Esta velada inolvidable nos dejó una certeza: cuando hay verdaderas ganas, convicción y un deseo inquebrantable de crear y hacer, los muros más pesados se derrumban, la penumbra se disipa y las puertas se abren de par en par para que brote la vida. La música realizada con el corazón logra que amanezca de nuevo para cada uno de nosotros, regalándonos esos indispensables pedacitos de soles que nacen del escenario para iluminarnos y darnos esperanza.

​¡Felicidades a Vanessa —energía, vida y sensibilidad sublime junto al coro—, a Yoleidys Valderrama, Ana Beatriz, Claudia, a las admirables pianistas Yisel y Lisandra, a Rubén Darío, al Maestro Tony, al director Félix Tápanes por su impecable conducción, a los jóvenes estudiantes de la Escuela Profesional de Arte y, en especial, a D’Cámara, por estos primeros cinco años de entrega y luz! (Por: María de los Ángeles Horta Hernández)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *