
Foto: The Guardian
Dos elementos centrales hicieron despuntar a la serie Daños, creada a seis manos por Glenn Kessler, Tod Kessler, Daniel Zelman: su guion y el estelar de Glenn Close en el rol de la retorcida abogada dueña de bufete protagonista de este drama judicial, cuya primera e insuperable primera temporada se centró en un alargado –pero nunca decaído en interés– caso legal.
La estructura de dicho guion, el cual reúne en la mesa entretenimiento e inteligencia –y tiene tanto de thriller como de serie negra– responde a la armazón al uso de fragmentación del relato, cambios del punto de vista, vaivenes temporales, incesantes vueltas de tuerca a la realidad y (a semejanza de Perdidos) la apelación como recurso dramático y de montaje del flashforward, que plantea el comienzo de la serie seis meses antes de la trama central, para estar dando saltos hacia delante y detrás casi todo el metraje.
Glenn, ganadora del Globo del Oro 2007 a la Mejor Actuación Dramática del Año y, además, los Emmy 2008–2009 a la Mejor Actuación Dramática por esta producción televisual de la cadena FX emitida hasta 2012, fragua aquí uno de los personajes mejor delineados e interpretados de una carrera sin par.
Su Patty Hewes –en la línea de sus villanas antológicas de Atracción fatal, Amistades peligrosas y The Shield, aunque más ambigua ahora– es maquiavélica, malsana, chantajista emocional, manipuladora; y, sin embargo, a la vez desprotegida, expuesta a los virus emocionales o sentimentales que atacan hasta las más duras corazas de la especie. Como si la Isabelle Huppert de La pianista (Michael Haneke, 2001) estuviese de visita en el estrado.
La atención del libreto al duelo de vulnerabilidades, fortalezas, entresijos, aspectos velados, universos emocionales u otras gradualidades psíquicas duales de Patty y la joven abogada de su bufete Ellen Parsons (la australiana Rose Byrne) deviene en una de las mayores riquezas dramáticas de la teleserie, en tanto se erige en la gran metáfora sobre la máscara del ser humano que es la pieza toda.
Nada marcha aquí de acuerdo con las categorías de lo simple y lo visible, pues los personajes llegan a remontar colinas insospechadas en su representación ante la vida, «ese triste cómico que se pavonea por la escena», cual diría Shakespeare, y ambos asumen de modo literalmente shakespereano.
Superior a otras series judiciales como Shark, La ley de Los Ángeles, Ally McBeal e incluso la muy alabada La buena esposa, Daños, contradictoriamente, para el público de EE.UU. pasó casi inadvertida.
FX decidió cancelarla tras la tercera temporada, cuando en realidad la obra comenzó a perder fuelle y a autofagocitarse: perjuicio de disímiles teleseries. No obstante, un pacto entre Sony y DirecTV posibilitó la emisión de una cuarta y última, cerrada en 2012.
En su momento, los 59 episodios de Daños (Damages, su título original) fueron transmitidos íntegramente por la Televisión Cubana, y nuestros espectadores tuvieron la posibilidad de disfrutar a Glenn Close en la composición del personaje que ella, personalmente, ha considerado como el mejor de toda su carrera. Verla en la piel de su Patty Hewes fue un placer innombrable.

