La palabra solidaridad es quizás hoy la más mencionada en Venezuela luego de los sismos del 24 junio y su valor se expresa por estos días de múltiples formas, siendo la humana la más significativa.
El impacto de los dobles sismos de 7,2 y 7,5 de magnitud ocurridos hace 20 días está catalogado como el “mayor desastre natural” en la historia de este país y entre los más destructivos de los fenómenos similares ocurridos en el planeta.
Para el experto estructural japonés Hideki Miyamoto, quien viajó a la República Bolivariana para reunirse con la presidenta encargada Delcy Rodríguez y visitar La Guaira, esta tragedia sísmica es la tercera más compleja, luego de la de China en 2008 y la de Türkiye en 2023.
Su poder destructivo, con una diferencia de apenas 39 segundos entre uno otro, devastó esa zona costera al punto de dejar 1,2 millones de toneladas de escombros de concreto y enseres personales y de hogares, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Otro estudio preliminar de la Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres, abordado por la prensa local, reveló que el impacto físico directo en viviendas e infraestructura provocó daños ascendentes a 37 mil millones de dólares.
De esa cifra, 24 mil millones son atribuidos a perjuicios en viviendas, comercios, escuelas, hospitales e instalaciones públicas y el resto, 13 mil millones, en infraestructura, de los que cinco mil millones correspondieron a telecomunicaciones, junto a la energía y carreteras.
En una reunión el lunes con el Consejo Nacional de Economía, Rodríguez declaró que el potente impacto destructivo de los terremotos se concentró en La Guaira, donde no solo afectó viviendas, infraestructuras y logísticas como el puerto y aeropuerto internacionales, sino también en la actividad económica.
Esta última focalizada en comercios y el turismo, pero que se expresó en “una afectación local dentro de Venezuela”.
Como una noticia esperanzadora, la dignataria encargada anunció que las fuentes de ingresos del país “se mantienen en su curso de crecimiento”, como la producción petrolera, que alcanzó un millón 203 mil barriles por día. Aseguró que ello permite mantener el plan de crecimiento de la producción de hidrocarburos para el 2026, el cual “no se ha perturbado en lo absoluto”, mientras la actividad tributaria reporta también crecimiento.
Conscientes de lo mucho que podría ayudar a resarcir los gastos que se demandan, en este contexto las autoridades venezolanas retoman con fuerza la exigencia de que los dineros y el oro retenido por gobiernos del mundo sean devueltos, porque pertenecen al pueblo venezolano y van a servir para la reconstrucción.
Esta demanda fue defendida ayer por los diputados, tanto de la oposición como del oficialismo, cuando hay también más de mil medidas coercitivas unilaterales vigentes que restringen la disponibilidad de fondos e ingresos monetarios.
Un paso favorable en estas circunstancias lo constituyó la reanudación de relaciones con organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, y otros socios estratégicos, que “están activados para prestar apoyo a Venezuela”.
Si grande resultó la tragedia, en esa misma medida puede evaluarse la solidaridad llegada a Venezuela no solo en expresiones de apoyo de más de un centenar de países, sino también en lo concreto con el arribo de más de cuatro mil rescatistas de unas 40 naciones y el envío de ayuda humanitaria.
Estados como México, Rusia, Türkiye, Estados Unidos, República Dominicana, Panamá, entre otros, enviaron alimentos no perecederos, medicamentos, insumos médicos y otros materiales para asistir a más de 128 mil 300 familias, a 17 mil 907 personas sin viviendas y a 20 mil 903 ciudadanos protegidos en campamentos.
Vale destacar a dos países del Caribe como Cuba y Haití, que también hicieron sus aportes, el primero con rescatistas, expertos forenses y personal sanitario especializado del Contingente Henry Reeve, quienes se sumaron al personal de la Misión Médica presente en Venezuela hace más de 20 años y distribuidos por sus 24 estados.
Estos últimos se movilizaron de forma inmediata tras los sismos para atender los damnificados en los siete territorios afectados y continúan con su esfuerzo de atender al pueblo, en especial en La Guaira, epicentro de los daños humanos y materiales.
Haití, por su parte, llegó con un grupo de más de una treintena de especialistas traumatólogos, urólogos, cirujanos generales, anestesistas, entre otros, con la particularidad de que fueron formados en Cuba en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La Habana y en otras Universidades de Ciencias Médicas.
Estos dos pequeños Estados convirtieron el Centro de Diagnóstico Integral CDI “Dra. Doral Mercedes González”, en Catia La Mar, estado de La Guaira, en un lugar de atención y solidaridad recíproca con el pueblo venezolano.
Un poco de lo que ocurre allí cada día lo resumió el ministro haitiano de Salud, Sinal Bertrand, al asegurar que pondrán en práctica todo lo aprendido en la isla porque “no están compartiendo lo que sobra, sino lo poco que tenemos”.
El médico, graduado en la ELAM, destacó que “así se los enseñó Fidel (Castro) en su cálida acogida en Cuba” y significó que una vez aquí “nunca podrán alcanzar lo que hizo Venezuela por Haití”, junto a Cuba, durante el terremoto de 2010.

