Cuidar también es sostener la vida
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Cuidar también es sostener la vida

Cada 5 de noviembre, el calendario reserva una fecha para reconocer a quienes cuidan. Sin embargo, para millones de personas cuidar no es una actividad ocasional ni una tarea que pueda posponerse, sino una responsabilidad cotidiana, silenciosa y exigente que comienza antes del amanecer y termina mucho después de que el resto de la casa se ha dormido.

El Día Internacional de las Personas Cuidadoras pone su mirada en quienes acompañan a personas mayores, enfermas o con discapacidad y dependencia. Son familiares, profesionales, e, incluso, vecinos que ayudan a vestirse, alimentarse, desplazarse o tomar un medicamento. También escuchan, tranquilizan y sostienen emocionalmente a quienes atraviesan una situación de vulnerabilidad.

En nuestro país se impulsan legislaciones en aras de proteger a las personas que cargan sobre sus hombros la responsabilidad de cuidar. El Código de las Familias, reconoce y protege a los cuidadores; en el Artículo 413 define a la persona cuidadora familiar como «aquella que asume, de forma total o parcial, la responsabilidad de la atención de uno o varios miembros de su familia. Esta necesidad de atención no es arbitraria: surge cuando la persona cuidada se encuentra en situación de dependencia debido a la edad, una enfermedad o una discapacidad, lo que le impide realizar de manera autónoma las actividades de la vida diaria y satisfacer sus necesidades materiales y emocionales”.

En este propio año 2026 fue aprobada en la Gaceta Oficial de la República una normativa que establece ampliar la cobertura de protección social, donde se establece también la remuneración y las obligaciones para con los individuos que se dedican profesionalmente a cuidar a personas en situación de vulnerabilidad. Aun así, visibilizarlos en la sociedad es tarea pendiente.

En muchos hogares, la figura cuidadora recae sobre la mujer. Madres, hijas, esposas y hermanas abandonan empleos, reducen su jornada o renuncian a proyectos personales para atender a un ser querido. A menudo lo hacen por amor, pero el afecto no elimina el cansancio, la falta de ingresos ni la sobrecarga emocional.

Cuidar puede significar dormir poco, vivir con preocupación constante y sentir culpa por dedicar tiempo a las propias necesidades.

La escena se repite en numerosos hogares espirituanos y cubanos: preparar la alimentación, la administración de tratamientos, acompañar todo el tiempo sin descuidar las urgencias laborales o atender a sus hijos.

No hay aplausos ni horarios definidos. Tampoco siempre existe formación, apoyo psicológico o una remuneración justa; cuando el cuidado permanece dentro de las familias, la sociedad tiende a considerarlo una obligación.

Por eso, esta jornada no debería limitarse a un mensaje de agradecimiento. También exige repartir las responsabilidades dentro de las familias y comprender que cuidar es una tarea colectiva, no un destino impuesto a determinadas personas.

El 5 de noviembre recuerda una verdad esencial: nadie debería cuidar en soledad. Detrás de cada persona dependiente suele existir otra que sostiene, acompaña y resiste. Escucharla, protegerla y ofrecerle recursos no es un gesto de caridad, sino una obligación social.

Cuidar es sostener la vida. Y quienes sostienen la vida merecen tiempo, derechos, reconocimiento y apoyo real todos los días del año.

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