Cubana de 100 años celebra cumpleaños en Miami con un deseo: reencontrarse con su gemela que vive en Cuba
Hilda llegó a los 100 años rodeada de familia en Miami, pero con una ausencia que ninguna fiesta pudo llenar: la de su hermana gemela Teresa, quien permanece en Ciego de Ávila, Cuba, y a quien no ve en persona desde hace tres años.
La historia de las dos hermanas, contada esta semana por la cuenta de Instagram @mimaypipo.oficial, conmovió a miles de personas.
Hilda nació el 1 de septiembre de 1926 y emigró a Miami a los 97 años, dejando atrás a Teresa en la isla. Desde entonces, las separa el mar y la situación de Cuba, pero no el afecto: Hilda la llama por teléfono cada día.
«Hace tres años que vine para aquí, hace tres años que no la veo por persona», dijo Hilda en el video. «Yo la llamo todos los días para hablar con ella, y ella dice: ¡Tú me llamas todos los días!».
Teresa le insiste en que viaje a visitarla —«deseo que venga pronto por acá»—, pero Hilda lo descarta con una frase que resume la realidad de la isla: «Está loca porque yo vaya, pero yo no puedo ir. De qué manera, si eso está malo».
Las dos son gemelas idénticas —Hilda las llama «mellizas»— y su historia familiar tiene una coincidencia extraordinaria: ambas se casaron con dos hermanos. Hilda contrajo matrimonio con Hipólito Simón, y Teresa, dos años después, se hizo novia del hermano de Hipólito. «Nuestros hijos son casi hermanos, porque los padres [son] hermanos y las madres igual», explicó Hilda.
Esta no es la primera vez que su historia llega al público. En septiembre de 2018, cuando las gemelas cumplían 92 años, ambas vivían juntas en Cuba y compartían un sueño: celebrar juntas el siglo de vida.
«¡No podemos vivir la una sin la otra!», declararon entonces. Ese sueño no pudo cumplirse como lo imaginaban: la emigración de Hilda a los 97 años las separó geográficamente, aunque no emocionalmente.
A pesar del siglo de vida, Hilda asombra por su autonomía. No toma medicamentos —solo algo para la vista—, no padece diabetes ni enfermedades crónicas, camina sola, se baña sola, cuida las plantas del balcón, friega y prepara café. «No, yo no tomo medicina, para la vista nada más. Y no padezco diabetes ni de nada», afirmó.
Su fórmula de longevidad, expresada con la sencillez que la caracteriza, es una lección de vida: «Vivir y no pensar en nada y echar pa’ lante, vivir sabroso como tú puedas, lo mejor que puedas vivir, sabroso y contento, y no pensar en nada [no preocuparse]. Cualquier cosa que esté enfrente… tú tira pa’ lante y pa’ lante, y tú verás que feliz se vive, ¿oíste?».
La historia de Hilda y Teresa se inscribe en un fenómeno más amplio: el de las familias cubanas partidas por la emigración, donde adultos mayores cruzan el océano en busca de un futuro mejor —o de reunirse con sus hijos— y dejan atrás a quienes no pueden o no quieren irse.
La soledad que enfrentan muchos cubanos que emigran a Miami en edad avanzada es uno de los temas que documenta precisamente la cuenta @mimaypipo.oficial.
El gran deseo de Hilda al cumplir 100 años es simple y, por ahora, complicado de cumplir: volver a abrazar a su hermana gemela en Cuba.
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