EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El embajador de EE. UU. ante la ONU, Mike Waltz, exhibió el martes 27 pruebas de las propiedades de la familia Castro ante la Asamblea General; Washington ha expulsado al diplomático cubano que, según su versión, agredió a un funcionario estadounidense.
- ¿Quién está detrás? Waltz, el secretario de Estado Marco Rubio y la delegación de La Habana que encabeza el ministro de Exteriores Bruno Rodríguez.
- ¿Qué impacto tiene? La votación de la resolución anual contra el embargo, prevista para este miércoles, y el riesgo para los hoteles españoles en Cuba si se endurece la aplicación del Título III de la ley Helms-Burton.
Cuba y Estados Unidos vuelven al choque abierto en la ONU: Washington expulsa al diplomático cubano acusado de agredir a un funcionario.
Un mapa, unos Rolex y una mesa golpeada en la Asamblea General
La escena ocurrió el martes 27 en el hemiciclo de la Asamblea General. El embajador Mike Waltz subió a la tribuna a rechazar la resolución anual que Naciones Unidas aprueba desde 1992 pidiendo el fin del embargo estadounidense sobre la isla, y en lugar de quedarse en el debate comercial abrió el armario de la familia Castro. Mostró los Rolex de Fidel Castro, la finca de Varadero y el mapa de Cayo Piedra, la isla privada del clan con restaurante flotante, piscina y una laguna para delfines mascota.
Los representantes cubanos golpearon la mesa y pidieron la palabra por procedimiento. El ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, llamó mentiroso al embajador y varios funcionarios se acercaron al estrado entre gritos. Waltz no cedió: ‘¿Entiende con quién está tratando? ¡Esto es América! Retroceda’, respondió antes de recordarle que no le va a intimidar en Estados Unidos como intimida a los presos políticos en Cuba.
La versión de Washington sostiene que uno de esos funcionarios agredió a un miembro de la delegación estadounidense, y por eso el Departamento de Estado ha ordenado su salida del país. La Habana niega la agresión y asegura que sus diplomáticos solo protestaron por lo que considera una provocación. El portavoz de Waltz, J.P. Freire, contó al Daily Mail que un representante cubano intentó arrebatarle el teléfono con el que grababa el incidente y que el mismo funcionario ya había usado ‘la misma intimidación’ con los auxiliares para cortar el micrófono del embajador en una ocasión anterior.
Minutos después del altercado, el secretario de Estado Marco Rubio publicó en redes la foto del mapa de Cayo Piedra que Waltz había proyectado en la sala. No era un gesto aislado: días antes, diplomáticos cubanos hostigaron a disidentes y expresos políticos que asistían en Nueva York a un acto organizado por el propio Waltz, entre ellos Orlando Gutiérrez-Boronat, coordinador de la Asamblea de la Resistencia Cubana.
Washington ha dejado de tratar la ONU como un foro neutro: la ha convertido en el escaparate donde exhibe la contabilidad de sus adversarios.
La Asamblea General votará previsiblemente este miércoles, 28 de octubre, la edición de 2026 de esa resolución. El texto se aprueba cada año con una mayoría abrumadora, con Estados Unidos e Israel en contra y con España y el resto de socios europeos en el grupo de los que respaldan el fin del embargo.
Qué se juega España: los hoteles en Cuba y el Título III de la ley Helms-Burton
España es el primer inversor europeo en la isla y el turismo es su principal puerta de entrada. Cadenas como Meliá, Iberostar, Barceló y NH gestionan una parte relevante de la planta hotelera cubana bajo la amenaza permanente del Título III de la ley Helms-Burton, el artículo de 1996 que permite a ciudadanos estadounidenses demandar ante tribunales de EE. UU. a empresas que se beneficien de propiedades nacionalizadas tras 1959. La activación plena de ese artículo en 2019 abrió expedientes contra grupos españoles y Bruselas respondió con el reglamento de bloqueo que declara inaplicables en la UE las sentencias dictadas al amparo de esa ley.
Con ese precedente sobre la mesa, el pulso del martes añade una variable: si Washington convierte la exposición pública del régimen en política sostenida, la presión extraterritorial puede crecer, y con ella el coste jurídico, los seguros, los, contratos de gestión y la financiación bancaria de las operaciones españolas en la isla. Santander y BBVA mantienen exposiciones limitadas, pero cualquier endurecimiento obliga a revisar el riesgo país. A eso se suma el turismo: Cuba recibe cada año decenas de miles de visitantes españoles y las aerolíneas que cubren la ruta operan con márgenes ajustados.
En el plano diplomático, el Gobierno español mantiene la posición tradicional: voto favorable a la resolución contra el embargo, defensa de una salida negociada y rechazo a la aplicación extraterritorial del derecho estadounidense. Madrid no comparte el diagnóstico de que el embargo explique la crisis humanitaria, pero tampoco ha convertido esa discrepancia en un conflicto bilateral con la Casa Blanca.
La Lógica de Washington
Lo que ha cambiado no es el embargo, sino el escenario donde se libra la batalla. Durante tres décadas, la resolución de la Asamblea General fue un trámite previsible: La Habana ganaba la votación y Washington perdía la narrativa. La operación de Waltz invierte los términos. En lugar de defender la legalidad del embargo, el embajador exhibió el patrimonio familiar de los Castro —el Nave Pilar de 14.000 metros cuadrados en Varadero, el compuesto de seis habitaciones con cedro importado del Amazonas, el resort de Cayo Piedra— y trasladó el debate del terreno económico al de la legitimidad moral del régimen.
La coalición que sostiene esta estrategia es fácil de identificar: el electorado cubanoamericano del sur de Florida, decisivo en las presidenciales y en las elecciones locales de Miami-Dade, y una diplomacia republicana con Marco Rubio al frente del Departamento de Estado. El precedente histórico acompaña. Bill Clinton firmó la ley Helms-Burton en 1996 tras el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate, y Ronald Reagan había lanzado Radio Martí en 1985 con la misma lógica de guerra informativa. Obama ensayó el camino contrario entre 2014 y 2016 y el giro se deshizo con Trump. La lectura que se impone en Washington es que el deshielo benefició económicamente al régimen sin abrir espacio político.
Para España, la consecuencia es incómoda pero manejable: el diferencial español en Cuba es el turismo, no el comercio, y las cadenas han aprendido a operar con estructuras jurídicas en terceros países. El riesgo real aparece si la Casa Blanca vincula la aplicación del Título III a la votación del miércoles o a una negociación más amplia con La Habana.
El calendario inmediato pasa por la votación de este miércoles y por la respuesta de la delegación cubana, que ya ha dejado claro que no piensa abandonar la sala. Nadie en Washington espera que la resolución cambie el embargo; el objetivo es que, cada año, la foto de la Asamblea General muestre algo distinto. Lo que observamos es una diplomacia que ha dejado de jugar a la defensiva en los foros multilaterales y que usa el reglamento para exponer los contrastes del adversario. La duda es cuánto de ese método sobrevive a la próxima rotación en la ONU y si Bruselas lo lee como una amenaza para sus empresas o como un episodio más del pulso cubano.
Ficha del Caso
- El caso: Waltz expone ante la Asamblea General el patrimonio de la familia Castro durante el debate de la resolución anual contra el embargo; la delegación cubana reacciona con gritos y Washington ordena la salida de un diplomático al que atribuye una agresión.
- Datos clave: Incidente el martes 27 de octubre; votación de la resolución de 2026 prevista para el miércoles 28; Título III de la ley Helms-Burton, activado plenamente en 2019, permite demandas en tribunales de EE. UU. por propiedades nacionalizadas tras 1959.
- Para España: Meliá, Iberostar, Barceló y NH concentran la mayor exposición, y cualquier endurecimiento extraterritorial encarece seguros, financiación y contratos de gestión en la isla.

