Noel Manzanares Blanco* – Radio Cadena Agramonte – Cubainformación.- Percibo que se trata de transformar, SÍ —de la mano del Concepto de Revolución de Fidel y al amparo de nuestra Constitución —, y NO mellar el Estado de derecho, justicia social y la dignidad cubana
En los últimos días, leí Los cambios, los riesgos y la mente abierta, título firmado por Osviel Castro Medel —atinado columnista de Juventud Rebelde—, a propósito de lo que él considera el mayor proceso de transformaciones económicas y sociales emprendidas en la nación después de 1959.
En sentido general, comparto el juicio de Castro Medel al respecto; encuentro oportuno aludir a algunas de sus ideas; y adelanto que me afinco tanto en el Concepto de Revolución expresado por Fidel el 1ro de mayo de 2000 como en la actual Constitución de la República que data de 2019, a saber:
Artículo I. Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos (contraria, a los incorregiblemente contrarrevolucionarios —al decir de Fidel).
A pasos largos, acepto que uno de los grandes retos para el país parece seguir siendo el famoso cambio de mentalidad, algo que no resuelven los decretos, por más evolucionados que parezcan —apunta Osviel. No obstante, considero que ello depende de las condiciones que le rodean. Me explico.
Primero, significo que Fidel, al precisar qué es Revolución a finales de la centuria pasada, alerta que, ante todo, es sentido del momento histórico. Ello nos indica que una situación puede demandar determinada posición en un trance y, en otro contexto, exigir una actitud diferente.
Así, alerto que no debemos pronunciarnos por un cambio de mentalidad, al margen de la situación que un tiempo y sus protagonistas exigen. O sea, en un mismo panorama, suele confluir actores con diversas perspectivas y, consiguientemente, con necesidades propias e irrepetibles de mudar ideas.
De aquí que concuerde también con Medel cuando él sostiene que sería ingenuo ignorar que durante décadas hubo ciertas tendencias a mirar los bolsillos individuales abultados como un pecado casi capital, aun cuando la riqueza hubiera llegado del emprendimiento honesto o el trabajo creador.
Mas, no hay por qué esperar lo mismo ante riquezas mal habidas. Es en este entramado, pues, que me pronuncio por especificar qué tipo de mentalidad es pertinente cambiar.
Por tanto, cuando están sobre la mesa numerosas transformaciones concebidas en medio de un tremendísimo recrudecimiento del bloqueo —y de otras múltiples agresiones procedentes del imperialismo yanqui— aprecio que lo primario NO es solo cambiar de mentalidad.
Me pregunto qué tenemos que cambiar ante la proliferación de la propiedad privada, el galopar de la inversión burguesa hasta llegar a las grandes empresas…, si no —y ante todo— procurar, en última instancia, cómo disminuir el riesgo de perder el Socialismo.
He aquí el porqué estoy convencido de que debemos y podemos ampararnos en el sentido fidelista de cambiar lo que debe ser cambiado, sin colocar en riesgo los más caros intereses de los humildes en la Mayor de las Antillas.
Es justamente en tal encrucijada en la que apuesto por tributar, una y otra vez, al combate multilateral a cuanto debilite y/o amenace la naturaleza patriótica y revolucionaria de nuestro proceso socio-económico e ideo-político.
Al respecto, incluyo el ensayo de cualquier política pública proyectada por el Partido Comunista y el Estado en Cuba; previa discusión con las masas y expertos afines al pensamiento martiano, fidelista, marxista y leninista —sin rechazar, por prejuicio, las ideas positivas de otras corrientes ideológicas.
Concluyo: en el asunto que me ocupa, percibo que de lo que se trata es de transformar, SÍ —de la mano del Concepto de Revolución de Fidel y al amparo de nuestra Constitución —, y NO mellar el Estado de derecho, justicia social y la dignidad cubana.
*Dr. C. Profesor de Teoría Política. Presidente de la Cátedra Honorífica de Estudio del Pensamiento y Obra de Fidel Castro Ruz perteneciente al Instituto de Marxismo, Historia y Seguridad Nacional de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, Cuba.


