Por: Mario Muñoz Lozano
Corresponsal jefe en Italia
En entrevista con Prensa Latina tras su reciente participación en el Foro Mundial de la Alimentación, convocado por la FAO en su sede en Roma, el titular subrayó que, sin embargo, las dificultades económicas, energéticas y las restricciones derivadas del bloqueo estadounidense obstaculizan la continuidad de las investigaciones y la aplicación de sus resultados.
Rodríguez Batista destacó la importancia de articular la investigación científica con las políticas públicas y las necesidades de los productores para incrementar la disponibilidad de alimentos.
Sobre la participación en el Foro, señaló que esta se concentró en intercambiar en varios espacios donde se habló de las relaciones entre política y ciencia desde la perspectiva de los sistemas agroalimentarios, eventos en los que se compartió la visión de Cuba sobre el tema en tres elementos fundamentales.
El primero de ellos, explicó, relacionado con la necesidad de contar con capacidades nacionales de investigación que también tengan expresión en el ámbito local y comunitario.
“Cuba dispone de más de 200 centros de investigación, de los cuales alrededor de 60 contribuyen de una forma u otra a la investigación agrícola. Esa infraestructura científica y su distribución territorial constituyen una fortaleza, pues ofrecen el potencial necesario para incidir posteriormente en la producción de alimentos”, apuntó.
El ministro indicó que el segundo elemento es la conexión entre el conocimiento científico y las decisiones gubernamentales. En Cuba tenemos experiencias de sistemas de gobierno basados en la ciencia y la innovación, que buscan utilizar el conocimiento para resolver problemas cotidianos y promover el desarrollo, comentó.
“Las transformaciones relacionadas con la agricultura tienen sustento en investigaciones que abarcan tanto las variedades de cultivos y el control de plagas como los aspectos socioeconómicos, las formas de organización y los incentivos a la producción.
“También presentamos experiencias del Consejo Nacional de Innovación, promovido por el Presidente de la República, donde se discuten prácticas nacionales e internacionales.
“En ese espacio se analizaron decisiones, por ejemplo, que posteriormente contribuyeron al Decreto de Agroecología, así como iniciativas relacionadas con el extensionismo, fundamental para conectar las investigaciones con su aplicación en el sector agropecuario”.
-¿Cuáles son las principales dificultades que enfrenta el país para mantener las investigaciones agrícolas y convertir sus resultados en una mayor producción de alimentos?
-Cuba tiene investigaciones y resultados científicos. Existen programas nacionales y sectoriales relacionados directamente con la agricultura, pero también aportan conocimientos instituciones de otros ámbitos, como los centros de biotecnología, los que desarrollan técnicas nucleares aplicadas al sector y las universidades.
Uno de nuestros principales problemas es cómo mantener esas investigaciones. Hacer ciencia hoy en Cuba constituye un reto, particularmente por las dificultades energéticas. No se puede realizar un estudio de campo si no se dispone de combustible, y en ocasiones resulta difícil transportar a los trabajadores hasta los centros de investigación, muchos de ellos situados fuera de las ciudades.
A ello se suman las limitaciones económicas y los desafíos relacionados con la participación de los jóvenes en las investigaciones.
Pese a esas dificultades, el sistema de programas y proyectos científicos se mantiene funcionando. Además, hemos incorporado incentivos para que los investigadores reciban una parte de los ingresos cuando sus resultados se aplican, de manera que el beneficio económico también alcance a las instituciones que generan el conocimiento.
El objetivo ya no puede limitarse a producir conocimiento, publicar un artículo o presentar un resultado en un evento científico. Lo fundamental es que ese trabajo se traduzca en productos, servicios o nuevos conocimientos al servicio de la sociedad.
-¿Qué impacto tiene el bloqueo estadounidense en el desarrollo científico cubano?
-La primera gran limitación es el bloqueo. Insistí en el componente energético porque es una dificultad muy visible en el momento actual, pero las restricciones también afectan la compra de equipamiento, repuestos y reactivos químicos, así como el acceso a publicaciones científicas internacionales.
Las redes internacionales de investigadores y la participación cubana en determinados espacios de cooperación también sufren esas limitaciones, incluidas las vinculadas con instituciones financieras relacionadas con Estados Unidos o sometidas a sanciones de ese país.
Hacer ciencia en Cuba es, por esas razones, un proceso mucho más complicado. Nuestros investigadores buscan alternativas mediante redes de colaboración y contactos con científicos que conocen el trabajo desarrollado en el país.
La Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, aprobada por la Asamblea Nacional en diciembre del pasado año, reconoce además la importancia de promover la participación de los cubanos residentes en el exterior en investigaciones realizadas en Cuba y fortalecer los vínculos con los centros que contribuyeron a su formación.
También contempla la participación de actores privados y otras formas de organización económica en la investigación y la innovación. Lo importante es que todos los participantes compartan el compromiso de generar buenos productos y servicios para la población.
-¿Cómo contribuye la ciencia cubana a enfrentar los efectos del cambio climático sobre la agricultura?
-Cuba cuenta con estudios amplios sobre los riesgos asociados al cambio climático. Desde 2006 se ha estructurado un sistema de investigaciones conocido como Macroproyecto de Peligros y Vulnerabilidad de la Zona Costera, con escenarios para 2050 y 2100, que permiten evaluar posibles afectaciones en los ecosistemas.
Conocemos, por ejemplo, los riesgos relacionados con la elevación del nivel del mar, el avance de la cuña salina y las inundaciones costeras provocadas por huracanes. Estos fenómenos tienen consecuencias para la agricultura, pues la salinización reduce la capacidad productiva de los suelos.
Esa información contribuye a la toma de decisiones y sirve de base a la Tarea Vida, el plan estatal para enfrentar el cambio climático. Sin embargo, las respuestas requieren una perspectiva integral, porque el traslado de una comunidad amenazada por la elevación del nivel del mar no es únicamente un asunto económico: también involucra sus tradiciones, su cultura y sus formas de vida.
El reto consiste en aprovechar esas capacidades científicas, sostener las investigaciones y garantizar que sus resultados se traduzcan en soluciones para la producción de alimentos y la protección del medioambiente.
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