En Cuba, evocar la efeméride es reconocer el empeño de hombres y mujeres que prestigian con virtuosismo espacios como el cine, el teatro y la televisión, legando una impronta que trasciende más allá de sus vidas.
Compromiso, entrega, pasión y voluntad de crear distinguen a los profesionales de las artes escénicas en el país, en el escenario y como dignos representantes de una expresión que impregna sabor criollo en los más importantes festivales a nivel internacional.
Muestra de ello es el éxito alcanzado por la cinematografía nacional, con clásicos que honran una época y a quienes la cuentan desde el respeto y la sensibilidad del creador.
En cada película, obra o serie de televisión perdura la huella del artista, un ser que puede teñirnos de luz, tristeza o amor a la vida.
“Ser actor es comprometerse con la memoria, la crítica y la emoción de una sociedad, es ser faro en la oscuridad y voz en el silencio”, destaca una publicación del Teatro Nacional de Cuba en homenaje a la fecha.
“Gracias por su generosidad artística y por regalarnos suspiros, carcajadas, lágrimas, reflexiones e historias que trascienden generaciones; por ponerse en la piel del otro y recordarnos que todos llevamos un universo dentro”.
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