Cuando los lectores dejaron de hacer cola
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Cuando los lectores dejaron de hacer cola




IMG 20260721 WA0015Mercedes Ledcaille Toledano lleva 25 años viendo cambiar el panorama de la biblioteca.Hubo un tiempo en que encontrar un puesto libre en la Biblioteca Provincial de Guantánamo no era sencillo. Estudiantes, investigadores y lectores habituales ocupaban las salas hasta bien entrada la noche. Hoy el silencio sigue, pero las razones son distintas. Mercedes Ledcaille Toledano ha visto esa transformación durante sus 25 años de trabajo en la institución.

Entró como secretaria de la dirección y, desde entonces, ha pasado por casi todas las áreas de la biblioteca: el registro de información, la hemeroteca, el departamento metodológico, las investigaciones y, actualmente, el área de servicios al público. Ese recorrido le permite comparar dos épocas completamente diferentes.

«Cuando yo llegué esto se llenaba muchísimo. Había que hacer cola para asociarse a la biblioteca. Venían estudiantes de Medicina, de las escuelas, investigadores… Nosotros trabajábamos hasta las once de la noche y aun así había que pedirles a los usuarios que se retiraran porque seguían leyendo».

No cree que exista un día exacto en que todo cambiara. Para ella fue un proceso. Primero aparecieron las computadoras; después Internet y, finalmente, los teléfonos móviles.

«La información empezó a buscarse por Google. Muchas personas dejaron de venir porque podían encontrar respuestas desde sus casas».

Sin embargo, considera que la tecnología no explica por sí sola la disminución de usuarios. También influyó la reducción de los fondos bibliográficos, especialmente de los libros de texto más demandados.

«Muchos títulos dejaron de editarse. Antes los estudiantes encontraban aquí los materiales que necesitaban. Hoy ya no existe aquella disponibilidad. Antes esperábamos que el lector llegara. Ahora somos nosotros quienes tenemos que salir a buscarlo».

Por eso desarrollan proyectos comunitarios, casas de lectura, minibibliotecas y burós de préstamo en diferentes asentamientos, además de promover libros digitalizados para quienes llevan memorias USB.

Las limitaciones tecnológicas tampoco han pasado inadvertidas. La sala de navegación, que durante un tiempo ofreció servicios de consulta digital, hoy enfrenta problemas de conectividad que limitan sus posibilidades.

Aun así, Mercedes está convencida de que las bibliotecas siguen teniendo un papel insustituible.

«Muchos jóvenes ni siquiera saben que existe la Biblioteca Provincial. Otros desconocen que cambió su nombre de Policarpo Pineda a Regino Eladio Boti. Ahí está uno de nuestros mayores retos: volver a conectar la biblioteca con la comunidad».

Después de escucharla durante casi una hora, queda una impresión clara. La mayor competencia de una biblioteca no es Internet ni la inteligencia artificial. Es el desconocimiento de que sigue existiendo. Y quizá por eso, después de veinticinco años entre estantes y lectores, Mercedes Ledcaille Toledano sigue defendiendo la idea de que una biblioteca solo tiene sentido cuando consigue que alguien vuelva a abrir un libro.

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