
Foto: Tomada de Internet
En el fútbol, agosto huele a resurrección. Ahora equivale a emerger tras las cenizas dejadas por la Copa del Mundo y seguir la temporada a nivel de clubes luego de las novedades en el mercado de fichajes.
Pero durante este mes, nueve décadas atrás, todo lucía distinto en el país de los actuales campeones del planeta. España sufría la Guerra Civil, mal llamada así, porque en realidad constituyó el primer despliegue militar del fascismo, enfrentado ferozmente por el pueblo y muchos convocados desde cualquier latitud.
El seis de agosto de 1936 soldados franquistas interceptaron en la sierra de Guadarrama un auto conducido por el chofer Quintanilla; junto a Company, oficial republicano catalán destinado a Madrid; el exportero del RCD Espanyol y periodista Pere Ventura Virgili; y José Suñol y Garriga, hombre influyente en la política y el deporte.
Los ejecutaron sin juicio y el cuerpo del último mencionado nunca apareció hasta hoy, pese a la búsqueda. La decisión de visitar el frente, con una contribución monetaria de 50 000 pesetas, y la creencia de transitar una zona de la carretera controlada por fuerzas amigas, a raíz de una información falsa difundida en la prensa, les costó la vida.
Suñol, nacido en 1898, ostentó la responsabilidad de diputado en la Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), perteneciente a las Cortes, desde donde abogó por la democracia y la independencia de su región. Fundó el diario La Rambla, portavoz de los anhelos emancipadores de la población y de los triunfos del Fútbol Club Barcelona.
En 1928 ingresó en la junta de ese equipo y el 27 de julio de 1935 –tras rechazarlo el año anterior– lo invistieron presidente de la institución. Sin embargo, el 10 de julio de 1936 anunció su dimisión para asumir otras tareas más urgentes, mientras toda la nación corría peligro.
CUANDO LA MUERTE UNIÓ A LOS RIVALES
Así como cayeron juntos un antiguo jugador de los periquitos y un directivo de los blaugranas hasta poco antes de ese fatal desenlace –representantes de los enconados rivales de una ciudad–, la tragedia logró lo impensable: unir en el mismo bando a culés y merengues.
Unas semanas más tarde surgió en la capital la Milicia Suñol, con su cuartel emplazado, ni más ni menos, en la planta baja de las instalaciones del Real Madrid, según reseñó El Mundo Deportivo. Esa fuerza acogió a practicantes de diversas actividades del músculo que cambiaron los implementos de sus disciplinas por las armas.

El drama vivido aquellos años también retumbó en la Casa Blanca. Su presidente Rafael Sánchez-Guerra recibió una condena a cadena perpetua y el sucesor Antonio Ortega, coronel republicano, fue fusilado el 15 de julio de 1939.
Los bombardeos demolieron la sede del conjunto más exitoso de Europa y sus trofeos desaparecieron. Únicamente sobrevivieron cuatro integrantes del plantel coronado en la última Copa previa a la contienda bélica.
Más de doscientos jugadores, un centenar de directivos y media docena de entrenadores fallecieron en todo el país, de acuerdo con los datos arrojados por el Centro de Investigaciones de Historia y Estadística del Fútbol Español.
El más universal, tristemente aliado a los fascistas de hoy, debe recordar estas lecciones dolorosas porque, bajo el caos, ni las porterías quedan en pie.



