Crónicas bien cortas: “el Caballo”
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Crónicas bien cortas: “el Caballo”

“Ese sí era el Caballo”, susurró un señor de unos setenta y tantos, en la cola del banco de Galeano, lo dijo a media voz, como para no parecer intruso, pero el hecho es que estaba atento a la conversación entre la señora que le dio el último y la del vestido de flores que iba delante de ella.

Hablaban de Fidel, de lo que ellas creen que él haría en un momento como este, repasaron la historia de Fidel a través de la cronología de sus propias vidas, desde la Crisis de octubre, cuando, por cierto, las dos eran unas niñas, aclararon, hasta la revolución energética en que la penúltima en la cola repartió “ollas y calentadores por todo Centro Habana”, pasando por los “duros años 90, en los que esta que está aquí (la vestida con vuelos de margaritas), sobrevivió haciendo jabones de sosa cautica para vender”.

“Olvídate, ese es el caballo”, volvió a susurrar, pero esta vez un poco más alto, como quien quiere que lo escuchen y, usted sabe, esto es Cuba, así que las mujeres asintieron con la mayor naturalidad y en menos de nada tres jubilados desconocidos hicieron la catarsis de sus duras realidades actuales y evocaron, una y otra vez, a Fidel.

A ciencia cierta, ellos no saben qué más podría hacer Fidel para plantarle cara al asedio criminal del régimen fascista de Donald Trump, el cual convierte hoy a nuestros viejos en sus mayores víctimas, ellos están, simplemente, cansados y los sostiene, únicamente un santo y una fe: Fidel, el Caballo.

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