Contracrítica: El Polvo y el oro
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Contracrítica: El Polvo y el oro

Julio Travieso es una de las figuras de la literatura cubana que recogió el cambio drástico del país posterior a 1959 y que se sirvió de la sustancia histórica para crear una obra acerca de la evolución del proyecto político nacional. Digo esto a raíz de la reedición por parte de la casa Sed de Belleza de Villa Clara del clásico “El polvo y el oro”, una novela que versa sobre el recorrido de la familia Valle desde sus orígenes en la colonia hasta la década de 1960. Tenida como una de las más pudientes en el país, la estirpe en cuestión sirve de pretexto para evidenciar la cuestión desgarrada de un ser insular a través de sus sucesivos episodios. Desde el esclavismo más inhumano hasta la vorágine política republicana, los Valle hacen valer los métodos sobre los cuales se cimentó el clasismo que dio paso a la desigualdad estructural de aquellos tiempos.

El autor es uno de los narradores por excelencia de estos temas, su abordaje no está exento de dimensiones y matices que miran la historia no en su cosificación, sino en su ser verdadero. Los personajes no son simples vehículos sino personas vivas que se mueven entre las contradicciones. Se trata de seres que se erigen a partir de la riqueza emanada del azúcar y los dolores derivados, pero en realidad ello no los convierte en monstruos. Cada entidad que evoca Travieso no solo posee una profundidad política o económica, sino psicológica y por ende su proyección a lo largo de las páginas evidencia una sombra que va más allá de las tesis sociales. La novela no pretende erigirse como un juicio sobre otras eras, sino una pieza clave cuyo realismo nos permita dilucidar y pensar lo que somos sin que por ello caigamos en la ficcionalización extrema, ni en los lugares comunes de la narrativa sociopolítica. Por ello, la reedición del libro posee un peso en el panorama editorial y reafirma a Villa Clara como una de las provincias donde la literatura nacional exhibe un sello de excelencia.

“El polvo y el oro” no aparece en un momento cualquiera, sino en uno en el cual se hace vigente el deseo de las personas por reconocer en los referentes nacionales un ser que se parezca al presente. Ver las crisis del pasado nos ayuda a sobrellevar la de hoy y la literatura ha actuado como vehículo potente en todos esos aspectos. No es que haya que justificar a partir de una utilidad determinada la edición de un libro, sino que la obra se articula de manera coherente y consustancial con esas causas. La historia de la familia Valle no es una cronología, sino un entramado complejo cuya estructura narrativa aparece de manera fragmentaria y caleidoscópica, como si se tratase de un susurro o de un secreto vertido mediante pequeños tragos de la memoria.

Concebida por varias capas narrativas, la estructura en abismo da saltos, procede por analepsis y prolepsis que juegan como espejos a reflejar lo que somos como país. La voz de la esclava de los Valle, que recorre todo el hilo de la novela, sirve como unidad y conciencia. Se trata de un personaje que es arrancado de su país en África y que, ya en Cuba, sobrevive como criada en la casa. Una vez fallecida reaparece como un espíritu mediante los rituales propios de las religiones traídas por los esclavos. El realismo se quiebra para dar paso a elementos fantásticos cuya función en la trama no es sencillamente embellecerla, sino alumbrar un discurso emancipador a partir de darle voz a quien verdaderamente era la víctima de aquel sistema.

Travieso no quiere que los lugares comunes allanen el camino de la lectura de su obra y rehúye de los discursos grandilocuentes. La voz de la eslava es fragmentaria, contradictoria, se trata de una persona real que no comprende del todo lo que le pasó, ni lo que significa la sociedad donde tuvo que vivir. Eso lo hace mucho más elocuente todo y nos prepara para recibir un libro en el cual está nuestra propia esencia como pueblo: la de una colectividad que aún no termina de pensarse ni de reconocerse. Travieso ha trazado con su maestría narrativa el camino hacia un entendimiento desde la novela de los conflictos que aún nos atraviesan: el racismo, la exclusión, la desigualdad, los prejuicios, la construcción de la soberanía nacional sobre la justicia social.

No es una novela más, sino una que resulta doblemente deudora. Por una parte se emparenta con la tradición nacional del criollismo y las historias de esclavos, solo que contada desde la perspectiva coral de los personajes. Por otra, su genealogía procede de la narrativa del postboom de la literatura cubana ya que se sirve de la historia para releer el presente, no ya a partir del realismo mágico (también presente), sino desde una mirada aguda y estructural de aquellos años.

Julio Travieso es alguien a quien hay que leer si se quiere conocer un poco de literatura cubana, está marcado por la sabiduría de un tiempo indeleble de los grandes sucesos de la nación. Partícipe él mismo de muchas cosas que implicaron cambios rotundos, se trata de un narrador con conciencia de la historia. Eso vale mucho y coloca en perspectiva cualquier acercamiento desde la crítica o desde la mera curiosidad. Sin dudas, “El polvo y el oro” es mucho más que la historia de la riqueza y la pobreza de Cuba. Su título tiene resonancias clásicas (me recuerda a “El rojo y el negro”). Sin embargo, la obra toma de todas esas experiencias estéticas sin fenecer. 

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