
Garantizar la cobertura de uniformes escolares de cara al nuevo curso siempre es una prioridad máxima para las unidades que confeccionan dichos avatares. Sin embargo, ante la complejidad del momento, agravado por la falta de combustibles, el cerco económico de Estados Unidos y las críticas deficiencias energéticas derivadas de lo anterior, confeccionar las miles de prendas que se necesitan en la provincia es una tarea titánica.
El Taller 105 de la Empresa de Confecciones ALBA del municipio de Consolación del Sur es uno de los que acomete dicha labor. Sus trabajadores, incansables, se dedican por entero a esta faena sin importar horarios ni fines de semana.
DIFICULTADES
De acuerdo con Susana Pita, administradora del mencionado taller, no es menos cierto que las actuales dificultades obstaculizan sobremanera la confección de los uniformes escolares; no obstante, asegura que tanto ella como sus trabajadores hacen el máximo esfuerzo para sobreponerse a la encomienda.
“Para este curso, a nosotros nos pusieron un plan de cerca de 3 000 unidades para la enseñanza Primaria, una cifra muy alta debido a los problemas que todos sabemos. Pero no nos amilanamos, y todos los días trabajamos y damos el máximo”.
Según explicó la administrativa, los trabajadores acuden bien temprano en la mañana, y esperan a veces hasta largas horas hasta que llegue la electricidad para comenzar la jornada.
“Ellos son incansables, y hay que reconocerles su entrega y su altruismo, porque sin importar la hora siguen ahí con sus máquinas mientras se pueda, y eso es digno de aplaudir”.
No es menos cierto, pues de acuerdo con los planes de producción de este taller, hay días en que se superan las 150 unidades diarias que como norma —según los horarios en que hay electricidad— se suelen hacer.
SUMAR MANOS Y EMPEÑOS
Todos los trabajadores y directivos están conscientes del daño que provoca el cerco económico norteamericano; sin embargo, entienden la necesidad e importancia de la tarea que realizan.
Tal es así, que al “105” se sumaron trabajadores indirectos al sector con experiencia en la actividad de costura, así como varios jubilados del mismo que, ante el llamado, regresaron a sus viejos puestos.
Caridad González Medina, una de estas jubiladas reincorporadas, asegura que no hay lugar para el descanso o para pensamientos negativos o pesimistas, pues la tarea a cumplir vale más que todo lo demás.
“Se está trabajando sin mirar las manecillas del reloj, sin importar la hora del día. Sabemos lo significativo de este trabajo, y en algún momento nosotros también tuvimos a nuestros hijos pequeños, por lo que conocemos la angustia de no poder alcanzar un uniforme escolar o que nuestros hijos fueran sin él el primer día de curso”.
Diana Álvarez Sánchez, operaria, argumentó que al trabajo no se le debe coger miedo ni remilgar, ya que forma parte del sustento familiar y es una manera de retribuir al país todo lo que hace por la sociedad cubana.
Por su parte, Marisol Chávez González, técnica de gestión de la calidad en el taller, también se sumó a las labores de costura frente a las máquinas.
“En mi caso tengo ahora dos labores: la de inspeccionar, cuidar y velar por el trabajo del resto de los compañeros operarios, y la de tratar de sacar personalmente la mayor cantidad de piezas. No digo que sea fácil, pero estamos acostumbrados”.
El Taller 105 no escapa a la fluctuación de mano de obra y a la emigración de sus operarios hacia otras ramas del sector no estatal con mejores dividendos, lo cual conspira con la entrega de los pedidos y atenta directamente contra el salario promedio de los que todavía apuestan por las máquinas de coser, impidiendo además la explotación constante y correcta de los 35 equipos existentes en el salón de producción.

EN EL “JULIAN ALEMÁN”

Silvia Rey Lazo no levanta siquiera la vista de la labor que realiza, hay concentración y mucha destreza en lo que hace, delante de ella tiene unas sayas de uniforme escolar de la enseñanza Primaria. Esta señora, jubilada reincorporada, es una de los 25 trabajadores del taller Julián Alemán, sito en la calle Antonio Rubio (Yagruma) de la capital pinareña.
“Tengo 71 años y llevo más de 20 dedicados a la costura. Mi trabajo aquí contempla varias cosas como cortar hilos, marcar botones, planchar lo necesario, envasar”.
“Estoy reincorporada porque la vida está muy dura y con el dinerito de la chequera no da, pero, sobre todo, porque me gusta lo que hago”, así nos dijo de forma desenfadada Silvia, y luego volvió a destinar toda su atención a la actividad.
En el amplio salón, ante una de las máquinas de coser, conversamos con Dayamí Martínez Silva, quien lleva 29 años en Confecciones Alba.
“Siempre hubo dificultades, pero hemos salido adelante. Ahora con los uniformes escolares nuestra tarea es ardua, porque el problema de la energía nos chocó mucho, pero buscamos alternativas, por eso trabajamos en el tiempo que tenemos electricidad, y cuando no, hacemos las labores manuales que no necesitan energía, y así seguimos, porque lo principal es terminar la faena encomendada”.
Ismael Arencibia Guerra es el administrador, él también nos explicó del esfuerzo que ha realizado el colectivo para poder confeccionar los uniformes. Asimismo, destacó el apoyo de las trabajadoras de la tintorería, de Provari y de las mipymes.
Más adelante, una joven nos sonríe, es Mileidys Sánchez, una muchacha que decidió ser costurera y a la que le gusta mucho su oficio, según nos dijo. Apreciamos su habilidad y destreza con la máquina de coser, hasta que tomó un descanso para comentar:
“Nos dio trabajo la labor, por el calor y por la máquina de fajas que tuvo problemas de roturas, y nos atrasamos con eso, pero bueno, nosotros estamos adaptados y lo hemos hecho una vez más”.



DESDE LA DIRECCIÓN
Roger Camilo Crespo Sixto es el director de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Confecciones Alba en Pinar del Río, quien nos informó que de 13 699 unidades que tenían previstas como plan, lograron 13 000, y que el resto, que son sayas de Primaria, lo están culminando en estos momentos.
La producción se asumió en los talleres que tienen en Consolación del Sur, Minas de Matahambre, Arroyos de Mantua, Guane y Pinar del Río, además del apoyo de mipymes.
Alternativas e iniciativas caracterizan este periodo de producción, y así nos confesó Crespo Sixto. Él nos explicó que la materia prima la han transportado a los municipios con la ayuda de la Empresa de Gases en la provincia.
El director destacó la labor de los trabajadores de todos sus talleres (que son más de 215), y nos mencionó en especial a las de Arroyos de Mantua, lugar que visitó hace poco.
“Ahí viene la corriente a cualquier hora, a la una, dos, tres de la mañana, y ellas producen en ese horario”. Habló con orgullo de este equipo de 18 excelentes y curiosas costureras, quienes tienen las cazuelas (la arrocera y la multipropósito) ahí al lado de las máquinas, ellas mismas ahí se lo hacen todo, con el agua de un pozo”.
Los esfuerzos son evidentes en los trabajadores del “105”, en el Julián Alemán y en los demás talleres de Confecciones Alba, un colectivo que año tras año elabora los uniformes escolares de los niños pinareños, y que en este periodo en especial han vencido obstáculos para lograrlo, y aún no se dan por vencidos.



