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Medios o corresponsales acreditados en La Habana a las órdenes de Washington, como la nada amigable ni objetiva agencia EFE, se entremezclan con cibermercenarios cercanos al Departamento de Estado, organizaciones anticubanas de la Florida, algunas de corte terrorista, otras abiertamente promotoras de la intervención militar de EE.UU., o incitadoras a la violencia y al estallido social, para calentar el escenario veraniego, ya atizado por los efectos inhumanos de un plan siniestro, a la usanza de los verdugos de Miami encumbrados en el gobierno.
El andamiaje mediático y subversivo se presta para la pesadilla de seguir torturando al pueblo cubano con más bloqueo petrolero, sanciones de todo tipo, amenaza de nuevas medidas, intimidación a los inversionistas extranjeros para sumir al país en la miseria y tratar de ponerlo de rodillas ante la poderosa maquinaria económica y militar de la superpotencia mundial, que aspira a convertirnos en su próxima neocolonia del siglo XXI.
Apuestan a que el martirio provocado por la Casa Blanca y amplificado a su manera por los monopolios de la información, será el detonante seguro para la desestabilización interna y la justificación para la «intervención humanitaria», que inunde de sangre el país y permita reimponer el dominio yanqui sobre la isla, con misiles y la licencia imperial para linchar comunistas, en días del fascismo renaciente de la mano de los magnates dueños del planeta.
Esperanzados en que los apagones, la falta de combustibles, de agua, las carencias de alimentos, medicinas, medios de transportes y otras afectaciones a servicios básicos de la población colmen la copa de la resistencia y deriven en violencia, vandalismo, desobediencia, matonismo y terrorismo, los partidarios de la guerra incitan y convocan desde el norte en alianza con los agentes de la subversión al desorden y a desafiar la paz social y la seguridad de nuestro pueblo.
Al mismo tiempo, insisten en el desprestigio del gobierno y en cuestionar su capacidad para salir adelante ante tantos obstáculos; en sembrar la deseperanza, la confusión, la desunión, incertidumbre y odio.
Sin escrúpulos ni límites, incrédulos ante el ejemplo de coraje y de resistencia de todo un pueblo, ante la tortura despiadada a millones de personas, apelan a que el mal tiempo y el sufrimiento devengan detonantes, asociándolo a fechas vergonzosas, a mentiras infladas, noticias falsas, personajes infames, delincuentes y vándalos pagados.
Con la complicidad de apátridas, cazadores de fortunas, en constantes giras internacionales con todos los gastos pagados por fondos del contribuyente desviados por los arquiectos del plan destructivo contra Cuba, llevan su mensaje de muerte e intolerancia, lo mismo a la ONU que al Parlamento Europeo, para tratar de engañar y prejuiciar a la opinión pública y hacerle el juego a títeres y vengativos.


