Ciudad sencilla, con 230 años a cuestas
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Ciudad sencilla, con 230 años a cuestas

Cuba


Foto: Reynaldo López

Las Tunas.- Hoy la ciudad de Las Tunas está de cumpleaños y aunque algunas investigaciones históricas proponen otras fechas, se tiene al 30 de septiembre de 1796 como la fecha fundacional de esta tierra discreta y firme, como el árbol que le dio nombre y que crece, espinoso y resistente, en medio del llano.

Este es un terruño tranquilo, que ha crecido sin ruidos significativos, con la voluntad silenciosa de quien sabe que la permanencia es una forma de victoria y que por ser un territorio de paso de Occidente a Oriente y viceversa, es visto por todos.

Capital actual de la provincia de igual nombre, la urbe tiene su origen en un caserío que creció con la ganadería y el comercio y que transformó los techos de guano en construcciones sólidas a pesar de que en tres oportunidades fue devorada por las llamas.

La caracterizan su sencillez y su nobleza.  Y, con la dignidad de quien resurge- literalmente- de entre las cenizas, cuál Ave Fénix, nacieron anécdotas, personajes, leyendas y tradiciones.  Está llena de encantos en sus calles y su gente; cuando se le conoce, enamora aunque, de tan cotidiana, pasa desapercibida.

Cuando amas la ciudad, caminas por sus calles y miras cada sombra y cada luz.  Admiras las estructuras de las edificaciones y la sencillez de las personas que pasan a tu lado y entonces te enorgulleces de las grietas y las paredes lisas, de las argollas en las aceras y de la más moderna obra. 

Es el fruto de gente que llegó de diferentes lugares, muchos de los cuales echaron raíces. Por sus calles pasaron arrieros, comerciantes y mambises y sus habitantes aprendieron a vivir del trabajo de la tierra y a cultivar una historia que se sustenta en el orgullo y no en el alarde.

Hoy Las Tunas mira hacia atrás sin nostalgia estéril y hacia adelante con la entereza que le viene de su historia. Es una ciudad que ha aprendido a resistir y a reconstruirse, a celebrar sus tradiciones y a enfrentar sus carencias con serenidad, con la certeza de que al final el tiempo premia a quienes no se rinden.

Es la huella viva del paso del tiempo, que vuelve y vuelve, y que te obliga a seguir amando cada esquina y a decir, sin miramientos, cuánto orgullo sientes por haber nacido y crecido en Las Tunas, un lugar sencillo; pero, especial, que se embellece como una perla, con 230 años a cuestas.

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